jueves, septiembre 25, 2008

DAVID FOSTER WALLACE. Eduardo Lago


La muerte de David Foster Wallace nos ha cogido por sorpresa. Había pensado escribir algo sobre él. Fue éste un autor a quien conocí a través de mis estudiantes, de mis propios hijos.

Me encuentro hoy, buscando información sobre su muerte, con el artículo de Eduardo Lago: otro escritor fuera de molde, amigo y uno de los profesores más dedicado a sus estudiantes que he conocido. Lo sé porque ha enseñado a mi hijo mayor que también ha sido arrastrado por la escritura como medio de vivir, y no de ganarse la vida.

El artículo de Lago es insuperable y aquí lo dejo. Una vida más que se nos ha escapado sin poder evitarlo.


Eduardo Lago ELPAÍS.com 15/9/2008
Obituario
David Foster Wallace, el mejor cronista del malestar de EE UU

David Foster Wallace, de 46 años de edad, el mejor cronista del malestar de la sociedad norteamericana en la época a caballo entre los siglos XX y XXI, apareció ahorcado en su domicilio de Claremont, California, el viernes, 12 de septiembre, por la noche. El cuerpo fue descubierto por la esposa del escritor, Karen Green, que inmediatamente se puso en contacto con la Policía Local. La noticia se hizo pública 24 horas después, y ha causado una fuerte conmoción en la comunidad literaria estadounidense, que se debate entre la consternación y la incredulidad.
Una de las notas más persistentes entre quienes escuchaban la noticia por primera vez fue el recuerdo de que hace unos años, el propio escritor pidió que lo internaran en una unidad de vigilancia hospitalaria pues no se sentía capaz de controlar su pulsión suicida. Foster Wallace era un personaje muy querido tanto por sus estudiantes y colegas de la Universidad de Pomona, donde impartía clases de escritura creativa, como por sus compañeros de oficio. Tal vez uno de los rasgos más llamativos de su personalidad fuera el contraste entre el afecto que inspiraba en cuantos trataban con él y su marcada propensión a sumergirse en estados de ánimo sumamente sombríos.
Nació en Ítaca, en el Estado de Nueva York, en 1962, hijo de profesores universitarios, su padre de filosofía y su madre de literatura. Sus primeros libros La escoba del sistema (1987) y La niña del pelo raro (1989), escritos cuando tenía veintitantos años, llamaron la atención por la fuerza incendiaria del lenguaje y la radicalidad de sus planteamientos literarios.
El interés se elevó a asombro con la aparición en 1996 de la monumental La broma infinita, edificio narrativo de más de mil páginas, que contaba con un complejo aparato de varios centenares de notas, muchas de considerable extensión. La novela adquirió el estatus contradictorio de ser considerada una obra de culto, pese a que gozó de una extraordinaria difusión. El consenso, sobre todo entre los escritores, es que se trataba de la novela más audaz e innovadora escrita en Estados Unidos en la década final del siglo XX.
A los críticos les resultaba difícil encasillar a un autor como David Foster Wallace, pues se salía de los límites de lo estrictamente literario. Su estética remitía a referentes tan dispares como la obra del cineasta David Lynch (Wallace escribió una crónica memorable sobre el rodaje de Lost Highway) o los comentarios de alguien tan improbable como el célebre icono de la televisión estadounidense David Letterman.
Punta de lanza de una generación literaria que incluye nombres como William T. Vollman, Richard Powers, A. M. Homes, Jonathan Franzen o Mark Layner, una generación convencida de que la circunstancia vital de nuestro tiempo no se puede explorar desde la estética periclitada del realismo, la obra de Foster Wallace supone una forma radicalmente nueva de entender la literatura.
Sus estructuras narrativas son consecuencia directa de la sensibilidad de nuestra era; reventando los códigos estéticos de las generaciones precedentes, su prosa tentacular mimetiza los sistemas del paradigma cultural en que vivimos: el vértigo de las comunicaciones, el exceso de información, la influencia de las grandes corporaciones financieras, los iconos de la cultura pop, la industria del entretenimiento, el cine, el deporte y la música, la amenaza omnipresente del terrorismo.
Publicada cuando el autor contaba 33 años de edad y ambientada en EE UU en torno al año 2025, La broma infinita propicia el entrecruzamiento de una portentosa diversidad de registros: de la trigonometría al tenis, pasando por las drogas, la estética grunge, la filosofía, y el cine. Por medio de un lenguaje en estado permanente de incandescencia, la novela lleva a cabo una sátira despiadada de nuestro tiempo, a la vez que un conmovedor escrutinio de la soledad del individuo.
Tuve ocasión de entrevistar a David Foster Wallace para EL PAÍS en dos ocasiones. Hablando de su magnum opus, el escritor se lamentó de que a casi todo el mundo se le hubieran escapado los aspectos más sombríos de la novela, que consideraba una obra cargada de matices trágicos: "Desde un punto de vista materialista", declaró entonces el autor, "los Estados Unidos son un buen lugar para vivir. La economía es muy potente, y el país nada en la abundancia. Y sin embargo, a pesar de todo eso, entre la gente de mi edad, incluso los que pertenecemos a una clase acomodada que no ha sido víctima de ningún tipo de discriminación, hay una sensación de malestar, una tristeza y una desconexión muy profundas. Sobre nosotros sigue pesando la sombra de episodios históricos recientes, como Vietnam o el Watergate y ahora, el desastre que se avecina con la matanza que está a punto de comenzar en Irak". Señalando otro de los aspectos fundamentales del libro, añadió: "Otro tema central de la novela es el fenómeno de la adicción como síntoma del malestar de la sociedad capitalista: desde las drogas hasta otras formas más genéricas de adicción".
Con posterioridad a La broma infinita, Wallace publicó colecciones de cuentos y ensayos, entre los que destacan Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer (1997), Breves entrevistas con hombres repulsivos (1999), Historia abreviada del infinito (2003), Olvido (2004) y Hablemos de langostas (2005). David Foster Wallace ejerció una influencia considerable entre los jóvenes novelistas de su país, así como entre los europeos. Su obra ha sido traducida ejemplarmente en nuestro país por el novelista Javier Calvo.
Una de las intuiciones más llamativas de Wallace es su lúcida valoración del papel que le corresponde a la televisión que, tras superar un estado infantil, consideraba que estaba llamado a ser uno de los repositorios de las formas narrativas del futuro. "Nuestra relación con la realidad está violentamente mediatizada por el impacto de los medios visuales y la tecnología, sobre todo la televisión. Creo que la literatura seria mantiene una relación sumamente compleja y ambivalente con la industria del entretenimiento en general".
En este sentido, el novelista estadounidense tenía ciertas reservas acerca de la omnipotencia de Internet: "No nos engañemos: la Red no es más que una avalancha de información, un laissez faire salvaje, sin estándares éticos. Se acosa al consumidor con un aluvión de ofertas seductoras, sin ayudarle a discernir a la hora de elegir. La explosión punto.com es la destilación de la ética capitalista en estado químicamente puro".
Campeón del experimentalismo, siempre tuvo claro que no podía quedarse en un mero juego de artificio realizado en el vacío: "Lo esencial es la emoción. La escritura tiene que estar viva, y aunque no sé cómo explicarlo, se trata de algo muy sencillo: desde los griegos, la buena literatura te hace sentir un nudo en la boca del estómago. Lo demás no sirve para nada".
La inesperada desaparición del escritor en plena posesión de su talento ha causado una profunda desazón entre sus seguidores: éramos muchos los que estábamos convencidos de que lo mejor de David Foster Wallace estaba aún por llegar.
Entrevista: "Una obra de ficción es una conversación que permite enfrentarse a la soledad esencial del mundo"
El autor más agudo de su generación

11 comentarios:

adolfo dijo...

Chiqui, qué buen articulo el de Eduardo Lago, que está a punto de publicar un nuevo libro—Ladrón de mapas—que presentará muy pronto en Madrid.
http://literaturasnoticias.blogspot.com/2008/09/244-publicacin-del-libro-ladrn-de-mapas.html
La editorial – Destino—la describe como un conjunto de historias… “a la altura del nivel alcanzado con ‘Llámame Brooklyn.’ No sólo eso, sino que ‘Ladrón de mapas’ continúa en varios sentidos la senda abierta por aquélla, en la ambición por explorar nuevas formas narrativas, combinando novela y relato y organizando una estructura en la que unas historias remiten a otras o se reflejan entre sí.nueva novela”. Desde luego, con lo ocupado que tiene que estar como director del Instituto Cervantes de NY, que tiene un programa cultural intensísimo (en estos días, un simposio internacional sobre Juan Ramón Jiménez), me parece admirable que haya encontrado tiempo para escribir.

Chiqui dijo...

Adolfo, suena interesante el libro de Lago y efectivamente de donde sacará tiempo, pero parece que ese tipo de trabajo – que muchos escritores han tenido – es compatible con la creación literaria.

Por qué no nos cuentas más sobre el simposio. Ahí está Javier Rioyo, no te olvides saludarlo de mi parte!

http://www.elboomeran.com/blog/8/javier-rioyo/

tex dijo...

Hola Chiqui. Quiero daros las gracias a ti y a Ángela por vuestras atenciones durante la visita de Gustavo. Nunca pensé que llegaría a mi back yard pero los vientos no nos perdonaron. He estado varias semanas sin computadora. Mis amigos todos bien con la excepción de uno que va a tener que tirar todos los muebles de su casa y rehacer las paredes del primer piso. De momento esta luchando con los seguros.

Tu amiga Carmela debe de ser una gran persona. En el próximo huracán me voy a Sevilla.

Dejo aquí un sitio de la red que tiene varias reseñas de D.F.Wallace, de un tal señor Molina. Lo capta muy bien y está en español, para los lectores que no lean el inglés.

No me puedo creer que a estas alturas la medicina no haya conseguido una solución para las depresión, es más, algunos de los medicamentos producen como efecto secundario ese impulso de acabar con la vida. Una perdida sin sentido, solo estaba empezando como escritor, se podría decir.
Un abrazo.

http://www.solodelibros.es/08/01/2007/algo-supuestamente-divertido-que-nunca-volvere-a-hacer-david-foster-wallace/

tex dijo...

Efectivamente Adolfo, muy completo el obituario publicado por Eduardo Lago

Chiqui dijo...

Hola Tex, sí que son buenas las reseñas de Molina.
Llevas razón en cuanto a los medicamentos para los problemas de tipo mental, parecen haberse estancado desde que salió Prozac. Es preocupante no saber si estas drogas van a aminorar o agravar los síntomas.

Me alegro de que Gustav no haya causado los daños proyectados. Yo también tengo amigos que tendrán que tirar un montón de cosas, algunos sin seguro!
¿Estrenas ordenador?

adolfo dijo...

Pues sí, Chiqui. Todo el dia he estado en CUNY – City University of New York—en el congreso de JRJ, que ha reunido a varios especialistas, empezando con Graciela Palau de Nemes, decana de los estudios juanrramonianos, autora de una biografía de JRJ y editora del epistolario y de los diarios de Zenobia (“que nadie diga ‘la pobre Zenobia’!)
Muchas de las conferencias han versado sobre la poesía – en verso y en prosa—de “Diario de un poeta recien casado”, que JRJ empieza a escribir cuando visita NY con Zenobia en 1916. Creo que mañana se presenta una edición ilustrada con fotos de la época. Chiqui, buenas noches! Intentaré escribir más mañana…Escribo esto mientras habla McCain (que va ganando…)

Chiqui dijo...

POBRE ZENOBIA!

Adolfo, Ya nos dirás por qué no la debemos compadecer, con un marido tan neurótico...Aunque, efectivamente, era una mujer extraordinaria.

McCain...suerte que le tocó esta noche la política exterior, si hubiera sido la economía no se que habría hecho después de una semana tan desastrosa como la que estamos pasando. Yo creo que Obama se mantuvo dignamente.
Como se decía: 'tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando'
Ninguno de los dos nos va a sacar del hoyo en que nos están dejando.
Buenas noches y que todo acabe bien mañana!

tu prima dijo...

Pobre hombre, Don David Foster Wallace, que llevaba en su mente la superioridad desnuda y la chispa del genio en estado puro, sin ninguno de los antídotos que a tantos de nosotros nos permiten vivir y reir, rodeados de atrocidades por todas partes, brindando por el nuevo día y creyendo, contra la evidencia, que las cosas pueden mejorar. Eso sí, en la mayoría de los casos, a cambio de movernos en el segmento de la mediocridad y la simpleza. El abotargamiento feliz, pero gris y ramplón, que diría alguno, sin duda más concienciado. Pobre hombre, prima. Da miedo pensar lo que debió sufrir a lo largo de su vida.

tu prima dijo...

Siempre he admirado el genio y la valentía de las personas superiores y comprometidas. Pero debo reconocer, humildemente, que no los envidio. Llevan una carga demasiado dura.

Chiqui dijo...

Querida prima, creo que esto del suicidio para Wallace debió de ser algo ajeno a él, algo abrumador, producido por un desequilibrio de tipo neurológico. Era de las personas que amaba la vida en su imperfección y en lo que tiene de subyugadora.
El mismo se internó en una clínica cuando la idea del suicidio le acosaba constantemente…tenía miedo de llevarlo a cabo, no quería morir. Por eso lo trágico de su muerte. No creo que fuera planeada sino provocada.

Mi horror es que la ciencia, a estas alturas, esté en mantillas en cuanto a las enfermedades mentales.

Hace años, cuando enseñaba en el colegio de mis hijos, padecimos el suicidio de un niño de 12 años. Su madre – profesora en el mismo colegio – le dijo esa noche que nada de televisión. Lo mandó a su cuarto a hacer los deberes. Pasadas unas horas, la madre pensó que ya estaría dormido y entró a su dormitorio. Se había ahorcado.
Siempre pensé que este niño sólo quería castigar a la madre y ni se le ocurrió que realmente se estaba quitando la vida.

Otro caso, ahora hará cuatro años, me enteré que una estudiante mía - una chica brillante, bonita y con talento para la música y los deportes - había desarrollado lo que llaman enfermedad bipolar. Un día, cuando estaba de vacaciones en casa de los padres, se fue al centro de la ciudad, alquiló una habitación de hotel y se tiró por la ventana. Tenía veintiún anos. Fue algo pensado pero dentro de un pensamiento desordenado, enfermo. Enseñé a esta criatura durante tres años…la persona de la que nunca habría sospechado que este fuera su final. Lo pensé de otros estudiantes que ahora son padres y madres de familia.

Vidas perdidas, vidas vividas de una forma tortuosa esperando una solución, una solución que no está en ellos y tiene que venir de fuera. Y esa solución tarda en llegar. Como tarda en llegar la del Cancer y otras enfermedades más que nos dejan, demasiado pronto, sin seres queridos.

Creo que David Wallaces disfrutó más que padeció en la vida. Si tan sólo, en el momento de pensar en suicidarse, hubiera salido a la calle en vez de quedarse en casa… como hizo en otras ocasiones, habría superado el momento y habría encontrado otro proyecto de los que tanto placer sacaba.

Anónimo dijo...

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