
En Brown, cambió de tercio (¡al estilo de los buenos maestros!) y ofreció un examen de "Las imágenes del agua en la poesía de Góngora". Partiendo del hecho de que en España nunca hubo un cancionero al estilo de Petrarca, el profesor Pedro Ruiz demostró la diferente orientación que Góngora le dio a las imagenes de "mar" y "río" que tan famosamente cantó el italiano. Observa entonces que ya en la poesía del s. XVI el río y el mar funcionan como dicotomía: el río como el espacio positivo y conocido dónde el poeta realiza su introspección, y el mar como lo innominado, como el espacio de los estados de ánimo negativos. El mar se empieza a asociar también con la dimensión imperial -que recordemos no vive sus mejores momentos allá por el XVII-y por extensión, con la pérdida, la ambición y la destrucción. Esto a su vez va a concordar con dos modelos poéticos que hacia 1580 ya parecen estar delimitándose: el modelo arcádico, en el que el río es imagen de armonía, transparencia y emociones (y en el que hasta el dolor es perfecto), y por otro lado, el modelo que desplaza el sentimiento hacia el genio linguístico (el mar como figura violenta que representa la cambiante vida y presagia la incipiente nueva poética).
Haciendo un recorrido por la obra lírica del cordobés, el profesor Ruiz apunta cómo efectivamente la imagen del mar va cambiando hacia el final de los sonetos y letrillas de Góngora, alejándose de ese significado imperial. La culminación llega con "La Fábula de Polifemo y Galatea" en la que Polifemo antagoniza la figura del pastor petrarquista: es un gigante monstruoso - en contraposición a la belleza natural del pastor clásico- y se aleja del paisaje bucólico, estableciendo su espacio junto al mar siciliano y la montaña. Las otras dos partes del triángulo amoroso (Acis y Galatea) son asociadas durante todo el poema con las imágenes del río y la fuente: Galatea es una divinad marina y siempre aparece bañándose en una fuente; Acis por su parte, aparece como el joven cazador que enamora a la ninfa sin medir palabra (en contraposición al extenso canto de Polifemo), pero que finalmente termina convirtiéndose en río y desembocando en el mar. La muerte de Acis (el río), aplastado por la roca que Polifemo (mar) le arroja, puede entonces leerse dentro de esa idea de una nueva poética de creación que intenta desplazar a la de inspiración.








