sábado, diciembre 18, 2010

El acompañante: Rafael Argullol

Cristóbal de Villalpando, El dulcísimo nombre de María (detalle).


Hoy a las nueve - después de una semana de encierro involuntario - estaba en mi aula dando el examen final de semestre a mis estudiantes. Será que llevaba tiempo sin enseñar, y volver de nuevo a ello me ha puesto un poco sentimental con este grupo. Los chicos estaban de buen humor, encajando mis bromas y pullas con sonrisas y sonrojos. Un ambiente relajado y casi festivo. No miraré los exámenes hasta mañana.

Dos horas duraba el examen: me llevé Visión desde el fondo del mar. Salí de casa bien abrigada (la tos no acaba de dejarme) y la calefacción en la clase estaba a tope. Los estudiantes en camiseta y yo, abanicándome con un sobre, recorría las páginas buscando algo que no requiriera toda mi atención. No quería saltar al final del libro, pero no me podía concentrar y allí me fui.
Como si me llamara, "El Acompañante" me seduce. Al empezar a leer el capítulo ya tenía la certeza de saber de lo que trataba.

Los estudiantes están enfrascados en sus páginas, y yo en las mías. Me llega de cerca la historia de Tobit y su ceguera; la muerte del joven Rafaël, y al final de la página 1159 siento que, si no dejo de leer, me pondré a llorar tontamente. ¿Qué demonios van a pensar los estudiantes?

Cierro el libro. De nuevo me pregunto cómo es posible que el autor describa tan acertadamente lo que yo siempre he sentido, y de lo que nunca he dudado: nos acompaña un ángel; o como lo quieran llamar.
Les dejo unos párrafos:


--¿Qué es un ángel?, me diréis muchos de vosotros. ¿Cómo puedes creer en estas tonterías si, además, confiesas que no eres un hombre religioso? Precisamente porque no lo soy. Se trata de una constatación, de algo que he experimentado con la certidumbre del positivista.

Un ángel es este que está contigo cuando no hay nadie a tu alrededor, cuando estás solo. No andaban del todo errados aquellos padres cristianos que explicaban a sus hijos que había un Ángel de la Guarda o un Ángel Custodio que velaría por ellos, ni Sócrates cuando justificaba a los discípulos sus decisiones por la influencia de un daimon, ni los zíngaros del circo que atribuían sus piruetas a la cercanía de un duende; todos ellos se referían al Acompañante, al ángel que permanece junto a nosotros en la más absoluta soledad, al piloto que, llegado el naufragio, será el último en abandonar nuestro navío.

El ángel no es un héroe de la teología sino un maestro de la ironía. No mora en el cielo; habita en la tierra y, más concretamente, en el lenguaje. Es una voz, aunque ciertamente una voz única, distinta a todas las demás, que no se expresa con nuestros idiomas habituales. Nadie ha escuchado nunca la voz del ángel a no ser que se haya tapado los oídos.

Sin embargo, con los oídos tapados es fácil escucharlo. Oigo al Acompañante. Es aquel otro que está hablando en mis pensamientos. Es alguien en cierto modo muy parecido a mí, casi yo mismo, aunque mucho más lúcido: alguien que se ríe cuando trato de engañarle y me recuerda que él es el autor de la obra que yo, como actor, estoy representando. Es alguien, un benévolo, que me sonríe pese a que no ignora nada concerniente al dolor, un gigante que me absuelve con los ojos sin haberme juzgado con la mirada. Es alguien que refulge en medio de los escombros, la joya que me redime de tanta destrucción. Es alguien, un trotamundos, que entona un canto errante desde el otro extremo del continente para consolarme.

El ángel es un maestro de la ironía. Al no ser la oscuridad nunca suficientemente oscura, siempre se cuela algo de luz. Tampoco el espanto es suficientemente espantoso o la tristeza suficientemente triste. Queda el detalle, queda el matiz, queda la sonrisa y cuando ya no queda nada de todo esto para hacer frente al vacío queda la belleza: en el peor momento, cuando todo te parece perdido, o está efectivamente perdido, siempre tienes la posibilidad de convocar al ángel para que te cuente una vez más que aquel instante de belleza valió la pena.

R. Argullol.
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From: "The Companion"
What is an angel, many of you will say? How can you believe in such nonsense—you, who confess you are not a religious man? Precisely because I am not. It's just something that’s there, something I have experienced with the certainty of the positivist.
An angel is the one who is with you when there is no one around, when you are alone. They weren’t so far from the truth, the Christian parents who explained to their children that there was a Custodian Angel, a Guardian Angel to watch over them; or Socrates when he justified his decisions to his disciples by mentioning the influence of a daemon; or the circus gipsies who would credit their pirhouettes to the nearness of a duende. All of them were referring to the Companion who accompanies us, the angel who stays near us in utter solitude, the pilot who, in the shipwreck, will be the last to abandon our ship.
The angel is not a heroe of theology, but a master of irony. He dwells not in heaven but on earth and, more concretely, in language. He is a voice, a unique one to be sure, different from others, who doesn’t express himself in our usual languages. No one has ever listened to an angel’s voice without first covering his ears.
And yet, when you do that, it is easy to listen to him. I hear the Companion. He is that Other who is speaking in my thoughts, someone in a way very similar to me, almost me, although much more lucid; someone who laughs when I try to fool him and who reminds me that it was he who wrote the play I am performing as an actor. It is someone smiling benevolently at me though he knows all there is to know about pain, a giant who absolves me with his eyes, without having stared at me in judgment. It is the one who glows in the rubble, the jewel that redeems me from so much destruction, someone, a world traveler, who intones his wandering song from the other side of the continent, just to console me.
The angel is a maser of irony. Because darkness is never dark enough, a little light always shines through. And fear is never fearful enough, or sadness sufficiently sad. There is always a detail left, a nuance, a smile, and when there is nothing of any of this to oppose to the void, there is beauty. At the worst moment, when it seems to you that all is lost, or it really is lost, you can always invoke the angel, so that he can tell you, once again, that that instant of beauty was truly worthwhile, truly worth the pain.
C.M.

19 comentarios:

adolfo dijo...

Chiqui, quE escritor! Gracias por tus dos entradas. Queria que ese hermoso pasaje existiera tambien en ingles.

Rafael Argullol, What is an angel?

The Companion

What is an angel, many of you will say? How can you believe in such nonsense—you, who confess you are not a religious man? Precisely because I am not. It is just something that’s there, something I have experienced with the certainty of the positivist.

An angel is the one who is with you when there is no one around, when you are alone. They weren’t so far from the truth, the Christian parents who explained to their children that there was a Custodian Angel, a Guardian Angel to watch over them; or Socrates when he justified his decisions to his disciples by mentioning the influence of a daemon; or the circus gipsies who would credit their pirhouettes to the nearness of a duende. All of them were referring to the Companion who accompanies us, the angel who stays near us in utter solitude, the pilot who, in the shipwreck, will be the last to abandon our ship.

The angel is not a heroe of theology, but a master of irony. He dwells not in heaven but on earth and, more concretely, in language. He is a voice, a unique one to be sure, different from others, who doesn’t express himself in our usual languages. No one has ever listened to an angel’s voice without first covering his ears.

And yet, when you do that, it is easy to listen to him. I hear the Companion. He is that Other who is speaking in my thoughts, someone in a way very similar to me, almost me, although much more lucid; someone who laughs when I try to fool him and who reminds me that it was he who wrote the play I am performing as an actor. It is someone smiling benevolently at me though he knows all there is to know about pain, a giant who absolves me with his eyes, without having stared at me in judgment. It is the one who glows in the rubble, the jewel that redeems me from so much destruction, someone, a world traveler, who intones his wandering song from the other side of the continent, just to console me.

The angel is a maser of irony. Because darkness is never dark enough, a little light always shines through. And fear is never fearful enough, or sadness sufficiently sad. There is always a detail left, a nuance, a smile, and when there is nothing of any of this to oppose to the void, there is beauty. At the worst moment, when it seems to you that all is lost, or it really is lost, you can always invoke the angel, so that he can can tell you, once again, that that instant of beauty was truly worthwhile, truly worth the pain.

amalia dijo...

Qué belleza, Chiqui!
Siento que a cada ángel que doy forma con mis manos le va un poco del mío.
A ver si en Buenos Aires consigo el libro...

Chiqui dijo...

Gracias, Adolfo. Sé que admiras a este escritor y te tienta lo que tan bien haces, ofrecérselo a otros en tu propia lengua. Como siempre, tan generoso. Voy a poner esto en la entrada.

Chiqui dijo...

Se podría hacer una tarjeta bilingüe para ofrecer a nuestros seres queridos esos deseos de esperanza que
repartimos en estos días del año. No crees?

Chiqui dijo...

Amalia, muchas veces leyendo este libro, me acuerdo de ti y de tu trabajo. Es imposible - por lo que yo sé de ti - que no reacciones como yo. Pídelo por internet o que te lo mande alguna de tus amigas en Barcelona. Pero claro, tienes la suerte de ir a BA.

tu prima dijo...

Impactante, prima, y muy certero, aunque hay muchos no tan auténticos que dominan el arte del disimulo hasta con su propio acompañante y sin estar locos, lo que es peor. Por cierto, me gusta más el término inglés: the companion.

Klaus dijo...

Existe una preciosa monografía sobre los ángeles, premiada hace años en Anagrama (premio de ensayos) por un profesor de estética madrileño, luego director general de Bellas Artdes con Molina...

Chiqui dijo...

Prima, sé de que hablas. Esos van en mala compañía, o como dice R.A. nunca han probado lo de 'taparse los oídos'. Por cierto, me quede pensando en lo feo de la traducción de esta expresión en inglés 'taparse las orejas', como si se tratara de una mula o un caballo. Y sí, Companion se acerca más a compañía, palabra más inclusiva. Acompañante suena demasiado a comandante, amante, practicante...demasiado provisional.

Chiqui dijo...

Klaus, está jugando usted? Por que no nos dice el nombre del libro y el autor. Aunque es bien fácil encontrarlo en google con los datos que nos da. Lo haré cuando tenga tiempo.

Chiqui dijo...

La primera nieve empieza a caer. Es tan fina que pasaría desapercibida de no ser porque se empieza a acumular en las ramas de los árboles. Llega a tiempo para las fiestas.

Angela dijo...

Estrella, me has entusiasmado con este escritor. Se lo voy a pedir a los Reyes Magos que hace mucho no les pido nada. Gracias a Adolfo por traducir lo de los Angeles. Ahora lo puedo pasar a los amigos que se rien cuando les digo que hablen con su Algel Custodio cuando tienen problemas. Les deseo a todos en tu familia unas blancas y buenas fiestas. Un abrazo para ti.
Lo mismo les deseo a todos ustedes en el blog.
Angela.

sofia simões dijo...

Qué acogedora y pacificadora debe ser esa fe, Chiqui. Encuentrar "palavras que nos beijam" (lo decía Eugénio de Andrade. ¡Vaya! Yo y las citaciones...).
El ángel, nuestro ángel,¿no lo somos nos mismos? Nuestra voz interior, lo más profundo que hay en nuestra anima… Ese ser dialogante. Tal vez no haiga entendido nada del texto...

Chiqui dijo...

Ángela, espero que esos Reyes te traigan todo lo que pidas. Yo estoy en medio de calcular las notas...Me siento como un Rey Mago. En mi cabalgata hay un cuarto rey que lleva carbón! Es el que menos me gusta. Abrazos a tu madre y a tus hermanas. Y no te deseo una navidad blanca porque no os quiero ver quitando la nieve con una escoba. Besos.

Chiqui dijo...

Sofia, si no lo has entendido, estás de acuerdo con R.A., que viene a decir lo que tú dices pero de una forma convincente.
Es evidente que tú no necesitas ser convencida...Cosa que sospechaba.
Ya Suenas a Ángel.

sofia simões dijo...

¡Ay, Chiqui! Eso no. Prefiero ser de condición humana. Qué aburrida la perfección de los ángeles y de los dioses... ¿No?

Klaus dijo...

... es que no veo el libro ahora y no me acuerdo del nombre de este profesor de estética; pero es fácil de encontrar, en Anagrama... Si me acuerdo, vuelvo a escribir...

estrella dijo...

http://www.arteshoy.com/lit20071005-2.html


Sera este, Klaus?

Anónimo dijo...

Klaus, tambien he descubierto este!

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Jim%C3%A9nez_Lozano

Klaus dijo...

Efectivamente, es José Jiménez. Gracias