lunes, abril 25, 2011

Gonzalo Rojas (December 20, 1917 – April 25, 2011)



CARBON

Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir
mi Lebu en dos mitades de fragancia, lo escucho,
lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces,
cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento
como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.
Es él. Está lloviendo.
Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
a caballo mojado. Es Juan Antonio
Rojas sobre un caballo atravesando un río.
No hay novedad. La noche torrencial se derrumba
como mina inundada, y un rayo la estremece.
Madre, ya va a llegar: abramos el portón,
dame esa luz, yo quiero recibirlo
antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de
vino
para que se reponga, y me estreche en un beso,
y me clave las púas de su barba.
Ahí viene el hombre, ahí viene
embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso
contra la explotación, muerto de hambre, allí viene
debajo de su poncho de Castilla.
Ah, minero inmortal, ésta es tu casa
de roble, que tú mismo construiste. Adelante:
te he venido a esperar, yo soy el séptimo
de tus hijos. No importa
que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años,
que hayamos enterrado a tu mujer en un terrible agosto,
porque tú y ella estáis multiplicados. No
importa que la noche nos haya sido negra
por igual a los dos.
—Pasa, no estés ahí
mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.

Audio

9 comentarios:

Elvi dijo...

Bello.

sofia simões dijo...

Obrigada.

sofia simões dijo...

Gracias por compartir este poema. Eso lo quería decirte. Precioso.

Chiqui dijo...

No solo era un buen poeta,sino tambien una excelente persona.

Helia dijo...

Malas noticias, sí tenía razón el poeta: Abril es el mes más cruel, engendra lilas en la tierra húmeda.
Acabo de regresar de unas merecidad vacaciones sin teléfono, sin internet, casi sin casa, en el medio de la nada y encuentro la nueva de la muerte de Gonzalo.
Vino a Costa Rica hace unos 8 años. Estaba triste por la muerte de su compañera de tantos años. Me recordaba de su visita a Penn en la que abrió el recital precisamente con ese poema que citas. Uno que otro profesor dormitaba mientras los estudiantes, entusiasmados, aplaudíamos. Yo tenía unos cuantos poemas suyos que él daba por perdidos y que habían llegado a mis manos, mejor dicho, a mi bául, vía Rául (salió en rima) el inefable poeta compañero. Los recordaba a Ustedes con cariño. Dónde están? -me preguntó. Yo, que no tenía ni idea le dije que en Vanderbilt. Mencionaba con entusiasmo alguna traducción de Christopher. Maurer, mi mejor traductor, quiero comunicarme con él, me comentaba.
Este es el último recuerdo que tengo de él. Una gran pérdida! Nos estamos quedando sin palabras.

Chiqui dijo...

Helia! Cómo te agradezco que nos hayas dejado este comentario. Recuerdo aquella visita, la impresión que me quedo de su persona: cariñoso, atento, sencillo. Gracias, amiga.

Christopher dijo...

Speaking of rhyme, querida Helia (y tú siempre rimas con lo mejor), se preguntaba Borges, pensando en la rima modernista: “¿No es ridícula obligación la de imaginarse el color del cielo y en seguida un atorrante y después un árbol que nadie ha visto y acto continuo una especie de tejido de punto? Sin embargo, allí está la popularísima rima de azul, gandul, abedul y tul que nos inflinge esa incongruencia”. Y ahora añades un baúl y a Raúl! Y se te perdona, por ser Raúl Barrientos un poeta necesario, el mejor discípulo de Gonzalo Rojas, el que lo trajo a Penn, y el que nos ha enseñado a muchos que esa vena de la poesía, que arranca de Huidobro y de Vallejo (nuestro Gonzalo Sobejano habla del “alumbramiento”) conduce todavía a poemas memorables. Cariños.

Chiqui dijo...

Por cierto, C. como andan nuestros abedules?

c dijo...

Pues muy bien, un poco mas tarde te saco una foto.