miércoles, abril 20, 2011

Roxana. Un año después.

Hace un año de la muerte de nuestra querida Roxana. Para recordarla nos reunimos los amigos y parte de la familia; otros muchos están lejos. Todo resultó como ella habría querido: buena compañía, comida y su vino favorito. En el rincón del salón una pantalla que mostraba imágenes de Roxana, la mayoría desconocidas para mí. Muchas de ellas reunidas en este hermoso libro diseñado por Noelle del Álamo.

Una breve y esencial biografía de Roxana, escrita por Luis Fernández Cifuentes--su marido y compañero de estos felices y angustiosos años--acompaña imágenes que hablan por si solas.






Roxana nació en el Hospital del Auxilio Mutuo, de Río Piedras, el 8 de agosto de 1961 (el 8 del 8: un número al que daría tanto crédito a lo largo de su vida). Al año siguiente nació Fernandito. Chari y Fernando, sus padres, habían llegado de Cuba a finales del verano del 60 y se separaron definitivamente cuando Roxana tenía apenas cinco años. Chari, Roxana y Fernandito se fueron entonces a vivir con los abuelos: Roxana recordaba a menudo ese periodo de su infancia, con tristeza por la separación, con agradecimiento por la acogida de unos abuelos a los que adoraba y en cuya tumba decidiría que dejáramos sus cenizas. Una fotografía del año 67 la muestra vestida de monja el día que hizo la Primera Comunión: apenas si se adivina en aquella gordita sonriente la extraordinaria belleza que, veinte años después, detuvo literalmente el tráfico de la calle León la primera vez que nos encontramos en Madrid.

Hacia 1967 Chari había conocido a un español, Jorge Enjuto, catedrático de filosofía de la Universidad de Puerto Rico, al que la niña Roxana, de leotardos y tutú, sometería implacablemente a largos solos de ballet antes incluso de que se casara con su madre. Desde entonces, la vida de Roxana y el desarrollo de su personalidad estuvieron en buena parte determinados por la extraordinaria presencia y la actividad académica y política de Jorge Enjuto: así llegó a España en 1973 y luego, de nuevo, en 1976, recién nacida su hermana Cecilia. Mientras Jorge participaba activamente en la transición política, tras la muerte de Franco, Roxana estudiaba en el colegio civil más prestigioso de Madrid, el Colegio Estudio, y más tarde en la Universidad Complutense. Roxana, siempre viajera, recorrió entonces toda España, Marruecos y buena parte de Europa. Al cabo de un tiempo, decepcionada con la universidad española, decidió abandonar unos estudios que no lograban interesarla y se puso a trabajar.
La estancia de la familia en España fue interrumpida de pronto cuando a Jorge Enjuto le diagnosticaron un cáncer que, en septiembre de 1984, y ya de regreso en Puerto Rico, lo arrancaría prematuramente de sus vidas. Roxana, mientras se ocupaba de todo y de todos, decidió entonces terminar en la Universidad de Puerto Rico la carrera universitaria que había comenzado en España: no le gustaba hablar mucho de esos años, que fueron tormentosos; recordaba, eso sí, a los magníficos profesores puertorriqueños que le habían devuelto la confianza en el estudio. Solicitó luego el ingreso en tres programas de doctorado y, en 1987, fue aceptada por los tres: Harvard, Princeton, Cornell. Elegiría al fin la universidad de Harvard, pero antes visitó también las otras dos: así la conocí en Princeton aquel mes de abril. Un año después me ofrecieron a mí un puesto de profesor en Harvard. Roxana fue entonces mi alumna en un par de cursos de doctorado, pero nuestra relación académica fue desplazada pronto por una relación muy distinta. Roxana terminó su doctorado en mayo de 1994 y en junio de 1995 nos casamos. En 1997, Roxana publicó un libro que hizo época (dedicado a Jorge Enjuto “que me mostró el camino que condujo hasta aquí”), recibió la permanencia en la Universidad de Bentley y tuvo su primer hijo, Diego. En 1999 nació Camila. Al anochecer de un día de septiembre del año 2000, Roxana, mientras acunaba a Diego contra su pecho para calmarle un dolor de oídos, descubrió que tenía un bulto en el seno derecho. Luego vinieron las horas interminables en las salas de espera, la biopsia, la Dra. Viti—que a su vez moriría de cáncer dos años después—con la noticia, la operación en el Massachussetts General Hospital, la quimioterapia y la radiación: en Puerto Rico y Culebra, esas Navidades, la familia y los amigos pudieron contemplar la perfección de su cabeza recien afeitada. Al final del verano, cuando creíamos que la pesadilla había terminado, nos fuimos a pasar un año sabático en España (llegamos el día 11 de septiembre y contemplamos en directo, en el televisor de una cafetería, la explosión del segundo avión contra las Torres Gemelas). En la primavera del 2002 Roxana se descubrió un nuevo bulto en la axila derecha y en septiembre la volvieron a operar. Desde ese momento, nuestra vida fue una larga serie de visitas al MGH, que sólo olvidábamos en las cenas con los amigos, los encuentros con la familia, las fiestas de los niños, los viajes formidables…, todo aquello que Roxana orquestaba con absoluta maestría. Pero nada pudo detener ya la lenta expansión de un cáncer de extraordinaria virulencia que acabó ahogándola el 18 de abril de 2010, a las 4 y unos minutos de la tarde. Y, sin embargo, su amor, su extraordinaria fuerza, su sabiduría, su buen gusto y su pasión por las cosas buenas de este mundo hicieron de esa última década los mejores años de nuestras vidas.
Luis









14 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias, Estrella, por compartir la página de Luis con las fotos de Roxana. Escribo estas líneas sentado en un sofá donde ella se sentó muchas veces: uno en la sala de casa de nuestra amiga Susan. Y mientras las escribo me vienen a la mente múltiples imágenes de Roxana. Pienso, por ejemplo, en un hermoso día de excursión en Madrid cuando ella, Luis, Camila y Diego me llevaron a conocer los murales de Goya en San Francisco de la Florida. Hoy, aunque estoy solo, me serviré un trago y brindaré por ella. Sé que el recuerdo y el brindis le hubieran gustado a Roxana, como las páginas de Luis y las fotos. Gracias de verdad.
Efraín Barradas

Chiqui dijo...

Efraín, estoy segura que tienes un libro reservado.
Pasando las páginas te vas a encontrar otra vez con Ella, como si estuviera a tu lado. Yo no he podido evitar montar esta entrada al blog acompañada de una copa de vino, aunque mejor habría sido un martini, y en un restaurante en particular donde cenábamos con frecuencia.
Fotos donde la sonrisa, o su mirada alegre, cansada, interrogativa, te sugerirán momentos precisos. Esa elevación de piernas para mirarse cómicamente los zapatos (Slideshow) La forma en que llevaba sus gafas de leer. Siempre olvido las mías y ella me las brindaba para leer el menú. Yo se las devolvía y le decía que pidiera ella: a mi todo me sonaba a chino aunque estábamos en un restaurante japonés. Ahora vuelvo al restaurante y me deshago en gestos para pedir lo que ella pedía tan elegantemente, como si hubiera crecido alimentada de sushi...He conseguido memorizar dos de los aperitivos que más nos gustaban.
Besos para ti y Susan.

Maruja García Padilla dijo...

Estrella, muchas gracias por tu blog con las fotos de Rox y el texto de Luis, que me conmovieron mucho.
A partir del segundo párrafo recuerdo casi todo lo que Luis cuenta, pues compartí muchos de los eventos de su vida a lo largo de esos años. Su ausencia es una presencia constante que me llena de tristeza pero también de alegría.
La veo presente y viva en Camila y en Diego, por lo que tienen de su madre y de Luis pero, sobre todo, por lo que tienen de ellos mismos, que sería lo que más le gustaría a Rox. Cuando los veo con sus personalidades tan diferenciadas y tan interesantes, cuando veo su calidad humana, su sentido del humor, su ternura y su inteligencia, se me va un poco la tristeza. Tengo que alegrarme por ella y por los que nos quedamos con ese regalo que, tan generosa siempre, nos dejó en herencia a los que la queríamos.
Un abrazo para ti y para Christopher.

Elvira dijo...

Preciosas fotografías y preciosa mujer que tuve la suerte de conocer brevemente en tu casa, junto a su marido, Luis. Qué dura esa presencia de la enfermedad en su vida.

amalia dijo...

Estrella, aunque no concí a Roxana, me llega con fuerza el halo de su vida.El amor es una energía que emana de los cuerpos que ya no están y los sobrevive en los que quedamos.

Chiqui dijo...

Gracias, Maruja, por tu comentario. Estoy de acuerdo contigo. A Diego y a Camila los disfruto siempre que los veo. Así son, tal como los describes.
Hay un detalle que echo de menos: siempre que me llamaba Roxana desde el coche - en sus viajecitos con los niños a las muchas actividades que tienen - era Camila la que llamaba y hacía de intermediaria entre su madre y yo. También, cuando yo llamaba, Camila contestaba el teléfono...El caudal de atención y cariño que les dejo su madre no se les acabara nunca. Lo digo por experiencia propia. Un abrazo.

Chiqui dijo...

Elvira, sí que fue duro, pero nadie lo notó.

Amalia, a Roxana le habría gustado tu comentario. Así pensaba ella.

Elvira, en memoria dijo...

Escuchad esto mientras escucháis la preciosa fotografía de Roxana bajo el paraguas: http://video.google.es/videoplay?docid=-6984208089899995423#

Anónimo dijo...

Gracias Estrella por esas fotos tan bellas de tu amiga Roxana, de la que te hemos oido hablar ahora mas que nunca. Buen viaje a España.
Angela

Chiqui dijo...

Elvira, Glenn Gould at his best! Gracias.
Voy a dejar otro enlace porque he visto, al abrir el tuyo, que desaparecerá después del 29 de abril (videos google)

Este es de You Tube:
http://video.google.es/videoplay?docid=-6984208089899995423#

Chiqui dijo...

Gracias a ti, Angela. Siempre tuviste un interés sincero en mi querida amiga.

Begoña dijo...

Qué bonito Estrella!!. Qué gran recuerdo tener sus fotos, tu blog, el relato de Luis, el sentimiento de tantas personas recordándola, que pedazo de SEÑORA!!!. Que guapísima era y cómo le gustaba disfrutar de todo!. Le recordamos tan frecuentemente... que debe de ser que sigue entre nosotros.

Begoña Bilbao.

Chiqui dijo...

Pues eso digo yo, Begoña. Sé que sigue muy cerna de mí.

Chiqui dijo...

Un par de lectores del blog han preguntado dónde pueden pedir el libro in memoriam de Roxana.

Pueden dirigirse directamente a Marie-Noelle del Álamo

noelle@lefotobook