lunes, marzo 19, 2007

Graciela Reyes, LAS GALLETITAS CHINAS











Y a quién pedir ayuda en esta ausencia circunvalada por el río del olvido
Leda Schiavo, “El Leteo”


Hilda se encontró con las llaves de un departamento deshabitado cuya dueña era la amiga de una amiga. Solamente tenía que echar una ojeada, recoger el correo y regar las dos plantas grandes que habían quedado. Una sola vez, porque la amiga a cargo de cuidar la casa volvía la semana siguiente. El llavero tenía muchas llaves y dos tarjetas electrónicas para abrir el garaje. La dirección de la casa, pleno centro de Chicago, adonde Hilda no iba nunca, piso 49, sobre el río.

Cuando por fin acertó con la última llave y pudo entrar, vio una habitación muy grande, semivacía, que tenía un olor familiar a cera, a encierro. Las persianas estaban bajadas, menos una, en el centro, y por allí entraba la luz de la tarde, e iluminaba una mesita baja, marroquí, cuyo cuero rojo estaba destiñéndose por efecto del sol, por poco sol que hubiera en invierno. La amiga le había dicho que toda la casa daba al río y que la vista era espectacular. Se acercó a la ventana y quedó cara a cara con las torres de Chicago: por primera vez en su vida las tenía a la misma altura, inmensas, cercanas como hermosos monstruos. Podía ver de cerca las escaleras de los operarios que las refaccionaban y limpiaban, los cables de los focos que las iluminaban de noche, los delicados trabajos en la piedra, y veía el mármol como nunca lo había visto. El reloj de la torre Wrigley estaba tan cerca, que le pareció que podía tocarlo, mover las agujas negras con la mano. Después, cuando bajó los ojos, vio el gran río, cortado por un puente tras otro, y los puentes anchos como avenidas, con sus laterales de color rojizo para los peatones, pero los peatones apenas se veían, se veían los coches como si fueran de juguete, en hileras ordenadas. Todo se movía, sin duda, el agua, los coches, la gente, pero todo parecía detenido.

El carrillón de la torre Wrigley dio las tres. Hilda acercó a la ventana una de las sillas del comedor y se sentó a mirar el río. Tardó mucho en inclinarse a la izquierda y ver el lago, como un mar, y los altos barcos entrando del mar al río, que corre en dirección contraria a su desembocadura original, corre hacia atrás, como la memoria.

En el baño había un olor ligero a agua podrida, que le recordó las casas alquiladas de sus veraneos de la infancia. En el living, el sol había dejado de iluminar la mesita y resbalaba por las paredes desnudas. Hilda tenía sed y también hambre, porque no había almorzado. Fue a la cocina a tomar agua y después, distraída, empezó a abrir las alacenas, ordenadas y llenas de cosas. La última inquilina había sido una señora italiana, profesora de literatura. Sin duda ella había dejado todo eso: fideos Barilla, latas de tomates, frascos de anchoas y de berenjenas. A un costado había unos paquetitos cuadrados de papel celofán, que le recordaron las galletitas que compraba en el quiosco, camino del colegio, por 5 centavos. Pero estas eran galletitas chinas. Lo decía en cuatro lenguas --chino, inglés, francés y árabe-- : “product of China, manufactured in Sunan Candy Factory, Chenghai County, Guangdong”. Ingredientes: maníes, manteca, azúcar, sésamo.

Desde el dormitorio también se veían las torres, pero el poniente las doraba, las alejaba. Se acostó en la gran cama y se cubrió con su abrigo. Sentía en la boca el gusto familiar y a la vez extraño de las galletitas chinas, la ligera repulsión del azúcar y la grasa. Quiso mirar las torres pero vio, en cambio, a su madre, vestida de blanco y sonriente, y no se sobresaltó. Después pensó que no iba a encontrar su coche, en el enorme parking del edificio, después se puso a conversar tranquilamente con alguien, quién sabe quién, y se rió, y le pareció que corría por una calle a todo correr, riéndose, y que era joven, y sus hijos no habían nacido, y después los vio con sus pantaloncitos cortos y su gato Felipe, y después se encontró en la Costanera, mirando el Río de la Plata, de color violeta, y después su amiga Estela colgaba sábanas en el patio, y se oía en el fondo de la calle la musiquita del afilador. Mucho después creyó saber que era de noche, y las torres se iluminaron con el esplendor de lo irreal.

Así tiene que ser la muerte, pensó al irse y cerrar el departamento otra vez, cerradura por cerradura, así tiene que ser la muerte, lo desconocido conocido, una confusión de la memoria, ni triste ni feliz, meramente la vida dada vuelta, un sueño dentro de otro, eso va a ser, qué bueno saberlo, la muerte.



37 comentarios:

Chiqui dijo...

Graciela Reyes y Leda Squiavo , mis queridísimas amigas de la Universidad de Illinois en Chicago. Argentinas y españolas al mismo tiempo.
Muchos ratos hemos pasado en el departamento de Leda descrito aquí por Graciela la autora… Nostalgias y tiempos alegres.. Un trío con un sentido del humor contrastante. Más aun si incluimos a mi marido...las risas resuenan todavía …y prosiguen cuando nos hablamos por teléfono. No sólo grandes personas de una humanidad incalculable sino también investigadoras, poetas con garra y cuentistas hasta lo infinito. Un abrazo a las dos.

http://www.geocities.com/delsuragenda/graciela_reyes.htm
http://www.geocities.com/delsuragenda/leda_schiavo.htm

Albus dijo...

Mando foto para tus amigas argentinas tomada desde el Ferry que cruza el Rio de La Plata.

Desde Colonia en Uruguay se pueden ver las luces de BsAs, 60Km en la distancia.

Bloqueando la linea de edificios esta la COSTANERA, lugar donde se amontonaban todos los cascotes y restos de construcciones que fueron demolidos para construir las autopistas y Avdas.
Con el paso del tiempo y avandonado el lugar a su suerte la flora empezo a colonizarlo, el siguiente paso fue la fauna y hoy ese lugar tan horrible que tanto afeaba la entrada al puerto, se ha convertido en Reserva ecologica.Tal ha sido el exito que todo amante de las aves no deja de visitarlo pues es uno de los puntos turisticos mas importantes de la ciudad !!TANGO!!

La proxima semana mi esposa estara alli con sus prismaticos marcando en la lista ofrecida,todas las aves que haya visto.
Para mayor y mejor informacion visita esta web http://www.buenosaires.gov.ar/areas/med_ambiente/reserva/?menu_id=2486

Chiqui dijo...

MIGUEL, pero vosotros os recorréis todo el mundo. Tengo amigos en Mississsippi que también se dedican a la observación de pájaros y plantas. Es tan interesante pasear con ellos, se aprende mucho. Se lo toman muy en serio, aunque realmente ellos son escritores y pintores.
A mis amigas les va a encantar este detalle. Cuanto sabeis! Un abrazo

Anónimo dijo...

Gracias por la foto, Albus. Es preciosa. Cuántas nostalgias me trae. Vivo en Chicago y en Madrid desde hace mucho tiempo. La amiga argentina, Leda (dueña del apartamento junto a las torres y el río, que ya ha dejado), se ha vuelto a vivir definitivamente a Buenos Aires, y se ha convertido en una experta en la ciudad actual, que está muy cambiada. Para mí, Buenos Aires, después de más de treinta años de ausencia, es todavía la ciudad de mi infancia, inmensa, baja, con sus calles de adoquines, las sirenas del puerto, el estuario del río, que parece un mar oscuro, los parques, las flores del paraíso y del ceibo. Lo que siempre echo de menos son esas calles de mi infancia, las que se pierden en la pampa, esas calles "hechas de gran llanura y mayor cielo", como escribió Borges. Pero cuando voy de visita me quedo atrapada en la ciudad alta y brillante de tu foto, esa es la ciudad de mi juventud y de mis primeros sueños.

Si desde Colonia a Buenos Aires hay 60 km., esa es la anchura del Río de la Plata en ese punto. Un periodista del New York Times lo confundió con el Océano Atlántico, nada menos: escribió que desde la Costanera se asoma uno al océano. Antes que él, mucho antes, se equivocó Solís, que llamó al río "Mar Dulce". Me parece que todo es engañador en esas latitudes australes.

Graciela dijo...

Bueno, me olvidé de poner mi nombre en lo anterior, y salió como "Anónimo". Pero no soy anónima, soy Graciela.

el gato dijo...

¡MIAU!
La muerte no es confusa. La muerte es certera y concreta. Se la siente venir y cuando llega y te atrapa el aliento y te deja sin vida, todo el cuadro, el que sea, aparece con gran nitidez, en un dibujo gigantesco y onmicomprensivo, que te muestra con enorme claridad lo que has sido y lo que no, lo que has vivido y lo que no, lo que dejas y lo que no.
La muerte no es un sueño, ni una nebulosa, relajada y placentera somnolencia. La muerte es una fatal revelación de una realidad que es otra, de una cosa que es otra, de un camino que se acaba, de un destino en un abismo de la ausencia del aire, de la última explosión del alma que se apaga.

el perro dijo...

¡GUAU!
El gato es ladino, como la nieve en la montaña cuando se desprende en avalancha blanca.
El gato muere para vivir siete veces.
El gato sabe de lo que habla, pero es artero y oculta el secreto.
El gato dibuja el detalle y guarda la esencia.
El gato, finalmente, ni siquiera ha muerto como murió el abuelo durmiendo.
Pero nadie sabe lo que el viejo sintió o vivió cuando ella llegó.
Ella llegó y se lo llevó. Y nunca más habló con nadie para contar su última historia.
El gato sabe, pero el gato calla.

Chiqui dijo...

PERRO. perdón por borrar, por accidente, la historia del abuelo que muere durmiendo.
Casi te ha salido un poema. No sé lo que pensará el gato cuando lo lea.
Todos nos morimos sin contar nuestra última historia, no crees?

Realmente, el gato cuenta la agonía de la muerte, más que el momento mismo, creo…

francis black dijo...

chiqui

Tu eres profesora ? es la risa la distancia mas corta entre dos personas ?

el gato dijo...

¡MIAU!
Que nadie se mueva, que el perro ladró.
Gran vanidoso, que se cree portador de la nobleza y la lealtad incondicionales e incondicionadas.
Pobre tonto, obvio en su superficial y burdo conocimiento de la nada.
Pobre, patético y jadeante aprendiz de amigo.
Ni escucha, ni piensa, ni siente, ni sabe.
Adivina, en una ingenua carambola, que poseo la clave del enigma.
La tengo y ahí la mantengo; voy y vengo, del allá más lejano, una y otra vez a mi tejado.
Y os cuento lo que os cuento, porque otra cosa es que no puedo.
Ladino, artero y vigilante; pero sabio, mal que te pese, perro. No caeré en tu trampa.
No aceptaré tu reto. Sí, perro, yo callo, aunque tu ladres.
Ladra. No te queda otra.

la bella durmiente dijo...

La distancia más corta entre dos personas es un largo y cálido beso.

Chiqui dijo...

FRANCIS, APRENDE DE lA BELLA DURMIENTE! CON QUIEN ESTOY TOTALMENTE DE ACUERDO...

FRANCIS,para ti, www.byetrella.com

Anónimo dijo...

Qué sorpresa, haber escrito yo mismo algo tan bonito sobre una ciudad que no conozco. Pero no era yo, era Graciela.

El gato sabe poco, por eso es gato. Si fuera diablo, sabría mucho más. La muerte no la contamos. Pero imaginarla como confusión de la memoria es myy reconfortante. Y todavia mas si la rodeamos con un rio y con torres con relojes.

En un viaje a Urbana, Illinois, vi una reproducción exacta de la torre de Pisa, en la pradera, entre tanques de agua y carteles de venta de tractores. Antes había visto la torre original, que me pareció más grande y mucho más hermosa. Pero eso son prejuicios.

Chiqui dijo...

No me puedo creer que este perro y gato anden a las uñas. Con los bien que se llevan los míos. Tendrían que aprender de ellos y de Chata la gata. Claro que los míos no tienen la legua tan larga!

Anónimo dijo...

Anónimo,tienes mucha suerte de poder imaginar la muerte como algo confuso y reconfortante.

Se nota que nunca te has muerto.

Yo puedo contar mil muertes, incluida la mia.

Otro

Chiqui dijo...

SEGUNDO ANONINMO: PUES CUENTANOSLA!

una dijo...

Yo no pienso morirme. Me moriré, claro, pero sin pensarlo.

Anónimo dijo...

Puedo, pero no quiero.

Otro

Chiqui dijo...

UNA. MUY JOVEN DEBES DE SER!

Chiqui dijo...

FRANCIS: AHORA EN SERIO. EN MI OPINION LA DISTANCIA MAS CORTA ESTA EN LA MENTE, EN EL RECUERDO. ESPECIALMENTE SI LAS DOS PERSONAS SE CORRESPONDEN.
TAMBIEN CUANDO UNA DE ELLAS HA MUERTO.

Chiqui dijo...

BUENO, FALTA: QUIERO PERO NO PUEDO

Anónimo dijo...

Anónimo II, es probable que yo pueda contar más muertes que usted, que yo haya presenciado más muertes que usted, pero no he presenciado la mía y no me cuesta nada imaginarla beatífica. Solamente sabemos que no es instantánea y completa, que es un fluir, que tarda, que lleva su tiempo, que no es un acto, es un proceso.
Ahora bien, amigo mío, si usted se refiere a las petites mortes, a morirse de amor, de tedio, de pena, de depresión o de alegría, eso no cuenta, es lenguaje.

Anónimo dijo...

Desgraciadamente, no me refería a las muertes literarias.

La mía no la voy a contar, aunque se pueda pensar que como escribo no morí. Morí, aunque aquí esté.

De las demás que he presenciado, nunca me han parecido un fluir beatífico. Desafortunadamente, no.
Tampoco las tengo por un proceso, porque no me refiero a la agonía. Yo me refiero a la muerte como acto final, aunque a veces tenga una prórroga. Obviamente, esto no es más que una percepción personal, como tantas que se tienen.

Reflexionando o racionalizando un poco, hasta podría estar de acuerdo con usted, dependiendo de a que vivencias se esté usted refiriendo, Anónimo.

Tanto el gato, como el diablo y como usted, están convencidos de saber algo sobre la muerte. Yo también, pero quizás estemos hablando de lo mismo en un distinto plano. El mio es meramente físico, si es que eso fuera posible.

Otro

prozac dijo...

Me hago un poco de lío en esta nueva etapa de tu blog, chiqui, los anónimos podríais adoptar un seudónimo por cabeza, sería más fácil seguiros si al menos creárais un perfil por personaje...El perro y el gato ¿Son dos? ¿La una y el otro? ¿Anónimo y anónimo II? No me aclaro.

Habláis de la muerte, pues la muerte como yo la tengo sobradamente vista es el acto más simple del mundo, no es algo activo, ni largo, ni complicado. Estás y no estás, sin más. La vida se esfuma de forma pasiva en un segundo y se acabó.
Es natural, previsible e inevitable y si nos empeñamos en darle el sello de lo extraordinario es simplemente porque nos resistimos a aceptarla pero forma parte de la vida y la vida como viene se va.

La tragedia la ponemos nosotros.
Sufrir no es morir, agonizar no es morir, desear la muerte no es morir, sentirse muerto no es morir.. Todo eso solo son maneras desgraciadas de vivir.

Chiqui dijo...

PROZAC, llevas razón, los anónimos confunden. Tenemos un gato y un perro (creo que son dos personas distintas)También hay un anónimo que aclaró que era Graciela.
Luego tenemos un anónimo y el segundo anónimo firma "Otro". Una, es otra persona.
Tú dejas claro lo que yo veo como: The point of no return (The phantom of the Opera)

http://www.youtube.com/watch?v=6TK72rBcV9s&mode=related&search=

Chiqui dijo...

Bueno, esa película me gusta. La voz del fantasma es de una sensualidad...a otra cosa…

Lección de gramática:
"muero porque no muero"
- se muere
- se está muriendo
- se va a morir
- se ha muerto
- SE MURIO…y al tercer día resucitó!

Irene dijo...

A mí me gusta mucho la conversación de los dos Anónimos (ya he entendido que el tercero es Graciela, que se olvidó de poner su nombre). Parecería que uno de los Anónimos, el primero, es médico, porque ha visto muchas muertes. Prozac, la muerte es natural, pero no tan simple. ¿Sabes algo de transplantes de órganos? El donante tiene que estar muerto, pero en cierto nivel o estado de la muerte, no en otro u otros, especialmente para ciertos transplantes. Esto te demuestra, a ti y al segundo Anónimo, que la muerte, incluso como acto final y definitivo, tiene etapas y no es rápida y final.

Yo viví muchos años rodeada de suicidas, suicidas bien alimentados y aparentemente felices. Una amiga mía pertenece una asociación llamada "La cicuta", y yo he leído los folletos que manda la asociación a sus socios. El problema central, el gran problema, es cómo suicidarse rápido y bien, o sea, no quedar paralítico, roto, idiota. Leyendo eso te das cuenta de lo que le cuesta al cuerpo morirse.

Pero yo estoy por la vida, mientras sea más o menos decente, y ahora me voy a preparar la cena.

Chiqui dijo...

Muy interesante IRENE. También estaba pensando en aquellos que aseguran haberse visto desde fuera, o haber visto un túnel de luz.
Claro que lo del túnel puede ser que al anestesiólogo se le haya pasado la mano, no?

Mejor no bromear, aunque en los quirófanos bromean mucho. Me han dicho que hasta bailan la rumba catalana!

Fede dijo...

Para evitar confusiones y complacer a Prozac y a Chiqui, que me caen tan bien, dejo de ser Anónimo y uso mi nombre, Fede. Yo he sido el primer Anónimo de esta etapa del blog, el que defendía la idea de una muerte entre sueños. Por supuesto he visto otras muertes nada plácidas, pero lo que quiero defender es que podamos imaginar, como en el cuento de Graciela, una muerte más dulce y confusa. ?Creéis que las galletitas chinas tenían alucinógenos?

Ahora, Anónimo, dígame por favor qué es eso de haberse muerto pero seguir vivo. Usted aclara que no se refiere a muertes literarias sino a muertes físicas, así que es difícil comprender ese prodigio de morir y seguir vivo. Si no nos aclara Ud. eso, es difícil seguir el hilo de sus pensamientos y contestarle.

Chiqui dijo...

FEDE? NOS CONOCEMOS? GRACIAS POR ABANDONAR EL ANONIMO!

la bella durmiente dijo...

Yo estuve dormida cien años. Entonces vino mi príncipe, me besó y me despertó.
Luego se acabó el cuento y ya no sé que pasó. Algunos dicen que fuí feliz porque comí perdices.
No me gustan las perdices, pero jamás voy a morir.

Chiqui dijo...

BELLA ¿ te has vuelto a casar? Me imagino que tu príncipe estará criando margaritas desde hace tiempo.

la bella durmiente dijo...

No. Mi príncipe tampoco va a morir. También se quedó en el final de la historia, feliz con su perdiz porque todas las demás me las tengo que comer yo, las perdices, aunque no me gusten. Es el cuento, nuestro cuento.
Todo se ha de cumplir.

francis black dijo...

chiqui

Puede darme de nuevo la direccion , la que me dio no sale nada , gracias

Chiqui dijo...

Francis, aqui la tienes
www.byestrella.com
mira donde dice:about Estrella

prozac dijo...

Suicidarse o matar a alguien sano es díficil para los profanos, pero no para un profesional, te lo aseguro, Irene. Nuestros cuerpos son tremendamente vulnerables si sabes por donde atacar.

La transición de la vida a la muerte es pasmosamente sencilla, lo comprendes cuando ves morir a la gente, por muy larga y difícil que haya sido la agonía, llegado el momento no hay drama, es bien natural.

Y los donantes de órganos no tienen actividad cerebral, están muertos, lo que pasa es que hay que mantener los cuerpos vivos para garantizar el funcionamiento de los órganos a transplantar y se les mantiene de forma artificial, por lo que su sistema nervioso autónomo funciona e incluso hay que anestesiarlos para la extracción porque reaccionan al dolor de la intervención...¡Pero están muertos!

En fin, cada cual saca sus propias conclusiones según lo vivido, como en todo ¿verdad?

¡Gracias por identificarte, Fede, así es más fácil! Saludos para todos

Chiqui dijo...

PARECE QUE TENEMOS VARIOS EXPERTOS SOBRE LA MUERTE EN EL BLOG. SI TENGO ALGUN PROBLEMA DURANTE LA NOCHE YA SE DONDE IR...