lunes, octubre 27, 2008

KILL GIL


El viernes por la tarde caí en el sofá rendida… La tensión del día, a la espera de que mi perrita saliera de una simple operación quirúrgica donde la mayor complicación era la anestesia. Me había tumbado cerca de ella. Las únicas señales que daba mi vieja compañera eran que la dejáramos en paz.

Puse la tele y salió el canal de la noche anterior Sundance, que miro con frecuencia. El documental que ofrecían captó mi atención
Un hombre sonriente, aun en su evidente dolor, es trasladado de una cama a otra. Tiene una herida cerca del cóccix, una llaga producida por el tiempo que lleva sin moverse de esa posición horizontal (pienso, recordando la muerte de mi madre) pero también - explican ahora - por una infección de estafilococo que está comiendo la piel y todo lo que encuentra a su paso, hasta el hueso. La herida parece la boca de un pequeño volcán. Algo me dice que debería cambiar a otra cosa menos sobrecogedora ya que no he pasado un día particularmente tranquilo. Este hombre va explicando - unas veces en inglés y otras en italiano - el proceso por el que está a punto de pasar: limpiar la llaga hasta el hueso, rellenarla, y ponerle un remiendo. Su sentido del humor es impecable: se refiere sin rodeos al sitio de la llaga como ‘culo’. Debe tener unos cuarenta y pocos años…alto, atractivo y con un cuerpo en forma. No es posible que haya pasado mucho tiempo en esta situación de paralítico. Definitivamente de origen indio. Sus ojos y su sonrisa son un imán poderoso.



Está en una clínica en Suiza. Su habitación es amplia, moderna, con grandes ventanales. Se me ocurre que si algún día pierdo mi movilidad me gustaría ir allí. Claro, debe costar un dineral…pero quizás es gratis para todos los ciudadanos suizos. Ah! nadie - que viva en un país desarrollado - tiene peor medicina que EE.UU.… Las enfermeras son como ángeles de manos mágicas, parecen haber sido elegidas para una película. Entre tanto dolor y desgracia para este hombre de tan buen humor y graciosa ironía... ¡qué suerte estar ahí! El documental sigue.
Deduzco que está en una clínica para parapléjicos donde le enseñarán a valerse por si mismo en una silla de ruedas. Todos ellos, los otros pacientes, parecen gente importante que ha sido decimada por no sé qué plaga y ahora aprenden en esta clínica de lujo - casi un hotel- a vivir sin el uso de sus piernas.

En una de las escenas me quedo con el nombre del protagonista de este documental, Gil Rossellini. Tengo mi ordenador cerca y Google me explica que es hijo adoptivo de Roberto Rossellini. Hijo de la guionista india, Sonali Das Gupta, con la que se casó en 1957, cuando el pequeño Gil tenía sólo un año. Me había parecido haber visto, en una de las escenas, a Isabella Rosselini visitarlo. No le había dado importancia, pensé que la actriz haría una de esas visitas de caridad-publicidad. Ahora Google me dice quién es Gil Rosselini: cómo llegó a esta situación y con que entereza ha sufrido sus últimos años; al mismo tiempo que ha filmado una serie de tres documentales sobre este calvario. El que yo veo es “Kill Gil” II. Las últimas escenas tienen que ver con la reconstrucción de las llagas en sus brazos. Los cirujanos intentan averiguar qué ocurre con los tendones de varios de sus dedos, que no le permiten tocar su guitarra, compañera en esta miseria. Descubren que no hay tendones, la bacteria los ha destruido hasta el punto de su desaparición. Gil está desanimado, casi al borde del llanto. Se permite la expresión ‘mierda’ en alguna ocasión.

Gil Rosselini recuerda el centenario del nacimiento de su padre adoptivo, ‘un buen padre’. Habla de lo apegado que está a su hermana Isabella ‘por su espíritu practico’ que le ayuda a crear un futuro donde desenvolverse bajo las condiciones presentes, que solo pueden empeorar.
Gil había muerto dos semanas antes de yo ver este documental. El volumen dos y medio de “Kill Gil” (nunca llegó a ser III) se presenta en Roma este miércoles 29.

Y yo me siento afortunada de haber encontrado, por pura casualidad, por este ‘mágico’ estado de ánimo en que estaba y que no me permitió cambiar de canal, con alguien a quien merece la pena conocer - aun después de su muerte - y que seguiré atenta a lo que de él se haga en el futuro.

3 comentarios:

George dijo...

Chiqui, me fascinó esa película (sólo vi la segunda parte) y qué bien la describes. Aunque me resultó difícil contemplar tanto sufrimiento, ¡qué bien se portó Gil, con qué buen humor se enfrentó a tantas intervenciones quirúrgicas (20 en un año)! ¡Gran persona! A ver si ahora encuentro la primera parte, y la parte final. Pero tengo que esperar un buen momento

amalia dijo...

No sé cómo las personas sanas pueden ayudar a las enfermas que sabe que se van a morir.
Cuando el enfermo habla de su pronta muerte tratamos de darle ánimos, de decirle que no todo está perdido. No lo escuchamos en su terrible angustia, es intolerable decirle a un ser querido sí, te vas a morir.
No sé, es un tema para mí inabordable.
Hablo en general, no vi el documental de Gil.

Chiqui dijo...

George y Amalia. El tema es duro. Ya en la parte II se ve como Gil tiene momentos de desesperación. Ahora, sabiendo que ha muerto, creo que no tendré ánimo para ver la última parte, la llama “Dos y medio”, el título lo dice todo.