martes, enero 13, 2009

ENRIQUE PUPO-WALKER

Se me ocurre pensar, en mis más desolados momentos, cómo sería yo si no hubiera llevado una vida tan errante. Como dicen en inglés “with less baggage to carry…” Ante estos inútiles pensamientos siempre surge otra pregunta: cómo sería yo sin haber conocido a… Y amigos y conocidos se agolpan en mi mente reclamando la parte que de mí les pertenece.

Si no hubiera conocido a Enrique y a Bettye, con toda seguridad sería menos persona y las paredes de mi casa estarían más tristes; faltas de mágicos espacios donde perderse y encontrarse.

Todo empezó una Navidad. Con su gran sentido de comediante Enrique llamó a casa y me dijo “Señora, esté atenta al cartero…” Después de ese año se volvió a repetir la llamada con otro mensaje típico de sainete, a lo que yo respondía con algo parecido: “Pues de esta puerta no me muevo hasta que llegue el cartero…” Enrique colgaba el teléfono con grandes carcajadas. La llamada en sí ya era un precioso regalo. El cartero llegaba con un sobre amarillo… Después del segundo año dejó de llamar, pero yo, impaciente y muy segura de que así sería, esperaba el sobre amarillo; no fallaba. Estos sobres nos han traído acuarelas, alguna vez un pequeño óleo o un bodegón en acrílicos. Abrir el sobre se convirtió en una ceremonia casi sagrada. Nunca se sabía dónde la sutileza de los colores, en sus formas casi abstractas, te llevaría. Luego venia lo más difícil…enmarcarlo. Buscarle los límites a ese mundo.




Enrique Pupo-Walker llegó a EE.UU. (Duke University) en 1955. Venía de Cuba, donde ya el pincel y el lápiz rondaban sus dedos. Descubrió la acuarela en una exposición, en el Museo Bacardí de Santiago de Cuba, en 1946; el artista era Enrique Marañón. Después de este encuentro la acuarela lo acompañaría el resto de su vida. Mas tarde conoceria al madrileño Cirilo Martínez Novillo, quien dejaría huella en su estilo con que pasa de la acuarela al óleo.

De Cuba salió con la bendición de su abuelo y del resto de la familia; esperaban hacer de él ‘todo un médico’. No tardó el joven Ponce de León (de ahí se deriva el apellido Pupo) de ser arrastrado por dos musas: la literatura y una belleza sureña llamada Bettye, perdiendo así la medicina no sabemos qué. Se doctoró en la universidad de North Carolina en Chapel Hill. Enseñó en Yale durante unos años antes de trasladarse a la Universidad de Vanderbilt (Nashville, Tennessee) donde permanecería hasta su temprana jubilación. De su ilustre carrera como hispanista no voy a hablar aquí, mencionaré que su último trabajo fue el monumental Cambridge History of Latin American Literatura, que co-editó con Roberto González Echevarría.

Muchos consideraban que cometía un error al retirarse de la profesión en un momento de plenitud intelectual y éxito académico; otros, como yo, lo animaban a que lo hiciera lo antes posible para aprovechar la luz del día y atraparla en sus cuadros.

La trayectoria de Pupo-Walker como pintor ha llegado más lejos de lo que él esperaba. Al fin y al cabo él sólo quería entregarse a la tarea de recrear paisajes existentes o imaginarios; pueblecitos de Castilla, unas viejas casuchas, la costa de La Florida o la de Escocia, (donde vive una de sus tres hijas)… Bodegones y marinas... Todo con su magistral dominio del color en la acuarela y la invisible fuerza de sus pinceladas en el lienzo. En los años que lleva pintando ha tenido varias exposiciones individuales y colectivas, presenciando yo una en la que -por llegar 15 minutos tarde- más de la mitad de sus cuadros ya tenían la tarjetita de ‘SOLD’. Tiene seguidores, tiene admiradores y tiene amantes de su obra entre los que me encuentro.



Echo de menos aquellas noches que precedían a una de esas exposiciones. Las cenas de Bettye, un Jack Daniels y un paseo por el estudio del pintor. Me decía que yo tenía buen ojo, quería ver cómo reaccionaría a las piezas. Era intimidante ya que lo único que yo sabía de pintura era ‘esa me la llevaría a casa... quiero vivir con ella’ y no podía explicarle por qué. Mientras mirábamos toda una sala llena de luz y color el pintor observaba pícaramente - porque es un pícaro - nuestra expresión. Yo permanecía muda y sólo iba señalando con el dedo aquellos cuadros con los que quería vivir, o en los que quería vivir… Eran casi todos.


Hace más de un año que he querido hacer esto. Me ha frenado la imposibilidad de sacar fotos que reflejaran con justicia los colores y la textura de las piezas que tengo en casa. Me he tenido que limitar a las miniaturas navideñas que cabían en mi scanner; aun así los azules de Pupo Walker no han querido dar la cara y los malvas lo han hecho pero perdiendo la calidez que su maestro les da. Me doy por vencida. En casa quedan las piezas grandes: óleos, acrílicos y una acuarela de una exquisita belleza. Se las enseñaré si pasan por aquí. Son como un imán para todo el que llega… y el que regresa.










29 comentarios:

Chiqui dijo...

Queridos, abajo les dejo 13 ilustraciones. Pueden acceder a ellas pinchando en cada uno de los recuadros de abajo. El último, una bahía con veleros, fue una sorpresa. El pintor lo rechazó y lo usó como refuerzo del paspartú de otra pieza!

Pablo de Zarate dijo...

Chiqui, gracias por compartir tus impresiones y tu colección! Conozco a Enrique Pupo-Walker desde hace años, y recuerdo exhibiciones suyas en Vanderbilt en los años 90. Creo que actualmente exhiben su obra en esta galería de Nashville: http://www.richlandfineart.com/index.php

Chiqui dijo...

Gracias Pablo. En esos años andaba yo por Nashville así que debimos coincidir en alguna de sus exposiciones.
En el texto, si se pincha en las partes en azul salen enlaces bastante interesantes.
Donde dice SOLD está el enlace a la galería. Pero gracias porque así queda más claro.

aniversario dijo...

Muchas felicidades, señora del blog.
Un privilegio, eso de cumplir años, bien cumplidos, enteros y plenos, día a día, a todo pulmón o con toda el alma, como quiera que sea, pero sin dejarse llevar; o sí, dejándose mecer suavemente con plena conciencia, o rebelándose al destino, remando a favor o en contra, riendo o llorando, pero eso, día por día, vez por vez, cumplirlos para tenerlos, vivirlos para atesorarlos, y recordarlos uno tras otro, y otro y todos los que vengan detrás, para tí, tuyos, como los pasados. Felices te lleguen, felices los tomes.

angela dijo...

Estrella, que bien ver esos cuadros, recuerdo algunos (el primero de todos) pero me imagino que tu colección Habrá aumentado en estos últimos años. También recuerdo a tus a migos y espero que estén bien y que Enrique Pupo siga produciendo esas cosas tan especiales. Los buenos amigos son una bendición.
¿Es tu cumpleaños o tu aniversario? Felicitaciones de cualquier forma. Muy lindo lo que te han escrito. Que lo celebreis en buena hora.

Chiqui dijo...

Aniversario, gracias por tus deseos tan graciosamente expresados. Si felices me llegan felizmente los tomaré…y si contrariados, estoicamente lo intentaré.
No tengo ni idea de quién eres, pero parece que me aprecias. Un abrazo.

Chiqui dijo...

Ángela, fue mi cumpleaños el once. No sabes como me alegra que recuerdes ese cuadro. Te gustó mucho la primera vez que lo viste. Te avisaré cuando Enrique tenga una exposición, aunque ahora le quitan de las manos las piezas antes de que salgan de su casa.
Volverá de Florida, donde están ahora, con unas cuantas puestas de sol.

tu prima dijo...

Millones de felicidades, prima, aunque un poco atrasadas. Espero que hayas celebrado tu cumpleaños bien celebrado y que cumplas muchos años más en plena forma, tal y como dice Aniversario, al que me adhiero en todo.

Me encantan los cuadros de esta entrada y, por tanto, el artista. Los colores, tal y como los usa, producen felicidad. Hay pintores cuyas obras transmiten misterio, tristeza, miedo o dolor. Éste no. Da gusto mirar sus obras y yo también viviría con casi todas las que nos has expuesto aquí.

Chiqui dijo...

Pues si, prima, así son sus cuadros: producen un gran bienestar aun cuando algunos desprendan un pelín de nostalgia. Así es el artista personalmente, lo más característico de él es su contagioso buen humor, su generosidad -que queda plasmada aquí con el regalo de su obra; pero que no termina ahí- y el cariño con que trata a los que le rodean…aunque esto último quizás se le haya contagiado de su compañera de años, mi querida amiga Bettye, que no tiene quien le iguale y que merecería otra entrada para ella sola.
Estos son los amigos que se echan de menos… cuando hay que dejarlos atrás.

cuando sali de Cuba dijo...

Le agradezco la atencion prestada a este artista cubano, desconocido como pintor pero que merece encontrarse en la lista de los muchos y buenos pintores que ha dado la Isla. El enlace que ha puesto de Maranion me ha emocionado. No es de lo mejor, su obra es extensa y variada, maestro de la acuarela para todos los que vinieron después de el. No es de extraniar que impresionara al joven Enrique. He intentado encontrar otras cosas en la red pero no veo nada.
Elegante su presentacion, usted tambien es una buena amiga y el pintor debe valorar su amistad.

tadeusz dijo...

¿Cómo no te estimaria? Un buen amigo tiene que ser el que manda sobres amarillos en Navidad. Me gustó la historia. Me has dejado con curiosidad de esas marinas de las que hablas, ya sabes, nací en la costa. A ver si desecha más cosillas como esa que has encontrado tú, la de los veleros. Te la cambio por un poema.
Mi enhorabuena a Enrique Pupo-walker, a quien conocía como crítico literario, ahora leeré sus cosas pensando en esos paisajes castellanos. Casi fantasmales.
¡Qué suerte tienes niña!

tadeusz dijo...

Y abrigate, vaya una temperatura que teneis guapa.

formentor dijo...

Oigo su rugido. Otra vez. Como tantas veces. La luz rasga la tormenta. Se alarga y se acorta sin hallar el horizonte. El viento arrastra con fuerza el agua. Oigo el bramido del trueno y distingo el lamento ronco y más sostenido del mar que se deja llevar en un movimiento caótico que parece infinito.

La luz también se mueve. Mi luz. Suave y firme. No vacila. Ilumina la noche cerrada y se pierde allá lejos, estrellada en la masa húmeda y cambiante de la lluvia y el mar, o engullida por ella, con la voracidad del monstruo ávido de su brillo y celoso guardián de la oscuridad. El monstruo de la tormenta que quiere la negrura, cómplice de su instinto asesino, salvo cuando la interrumpe con el destello fugaz de los rayos y relámpagos que envía raudos en busca de ellos.

Ellos. No siempre. Pero ellos. Los que se ven emboscados en la trampa mortal del monstruo cruel que los persigue. Aquellos que mi luz avisa y dirige para que eviten el choque fatal. Ellos no siempre están. No siempre aparecen. Pero, de pronto, en una noche, llegan en sus pequeñas y débiles naves que en ocasiones no pueden escapar y son destrozadas bajo la intermitente luminosidad de mi foco. Una noche en la que entonces ellos emergen angustiados y veo sus rostros distorsionados antes de hundirse para siempre en el mar enloquecido por el monstruo. Como aquella noche.

La vi aparecer unos segundos después de que el barquito se hundiera y desapareciera totalmente como si nunca hubiera existido, como si los últimos cinco minutos en que estuvo bamboleándose sin control hubieran sido un reflejo caprichoso de la luz en el agua. Ella salió a flote, para volver a sumergirse, y volver a subir, como en un baile terminal. La veía. No la veía. Mi luz iluminaba la escena con la intermitencia impasible del faro que la enviaba. Condenada a hundirse definitivamente, me dolía su expresión dolorida y aterrorizada y sus inútiles esfuerzos por avanzar en dirección a la orilla. Imposible.

Dispuesto a verla desaparecer, no podía hacer nada. Inmóvil en mi esencia.

Hasta que él actuó. También inmóvil en su esencia, pero vivo en su conciencia lo sentí desarraigarse y romperse, caer y precipitarse al vacío, zambullirse y dejarse llevar por la resaca del caos, hasta llegar a la niña que luchaba sola con el monstruo.

El día era azul. Mi luz estaba ya apagada. El mar resplandecía y brillaba, casi sonriente porque el monstruo se había ido. Y allí estaban. La niña abrazada al poderoso tronco del pino más hermoso que se había columpiado orgulloso colgado del acantilado, hasta que ella lo llamó. Con su desesperación y su terror. Con su soledad y su fuerza. Mi árbol. Mi gigante. Acudió porque así fue. Sin pensar. Los árboles no piensan. Y allí estuvieron los dos, mecidos suavemente por un mar en calma, hasta que ella fue rescatada y mi hermoso pino recogido como un resto inerte de naturaleza muerta. Mi hermoso pino.

Cabo de Formentor.

Chiqui dijo...

Cuando Salí de Cuba. Gracias por su comentario. Con toda seguridad que el pintor aprecia mi amistad. Siento no haber puesto otras acuarelas de Marañón pero, como usted dice, no hay mucho en la Red. Voy a ver si las bibliotecas de por aquí tienen algún libro de su obra; si me deja una dirección donde comunicarme con usted le podría mandar otras cosas – si las encuentro – de más interés.
Estoy de acuerdo, Pupo Walker debería añadirse a esa lista de artistas cubanos…el problema que tenemos es que él no se queda con imágenes de los cuadros que vende ¡ Espero que al menos tenga las direcciones de los que los compran. Saludos.

Chiqui dijo...

Tadeus!!! Qué me vas a mandar un poema a cambio de una acuarela? No! Te vengo pidiendo esos poemas por casi dos años…y ahora quieres hacer un cambio? Demuéstrame lo buen amigo que eres y mándamelo desinteresadamente, entonces, quizás recibas algo de mí!
Besos truhán.

Chiqui dijo...

Formentor. Yo llevaba razón, eres el árbol…Me gustaría imaginarme esa niña…pero alguien me dice que ese árbol es un símbolo fálico, Ay, Ay, Ay…! You are in troubles!
Dramática la poesía, sigue mandando. Un abrazo.

http://www.siciliainfoto.it/agrigento/pino.jpg

Antonio dijo...

Pues sí, hay una gran influencia de Martínez Novillo en Pupo-Walker, y no me extraña que lo cite como influencia. Los dos tienen una sobriedad casi etérea, que me recuerda a Machado y sus campos de Castilla, y los páramos espirituales de Unamuno. Absorbentes, los dos. Chiqui, es una pena que no hayas podido reproducir las piezas más grandes de Pupo-Walker. Cómprate un scanner más grande o una buena cámara.

Miguel dijo...

qué símbolo fálico ni qué niño muerto…
http://islaabandonada.blogspot.com/2007/02/la-belleza-de-nuestra-tierra.html?showComment=1204237620000

Marcel dijo...

Y hablando de pintura, Chiqui, acaba de morir uno de tus pintores favoritos, Andrew Wyeth, el de
http://christinasworld.com.au/images/christinas_world_wyeth.jpg

tu prima dijo...

Pues yo creo que Formentor no es el árbol, prima y Miguel. Firma como el propio y mísmisimo Cabo, ni más ni menos. Y se atribuye la propiedad de la luz del faro, del faro y de los árboles. Pero no sé. Lo de su hermoso pino desde luego es sugerente ¿no?. Que lo aclare, por favor.

Chiqui dijo...

Pues si, Antonio, merecería la pena reproducir todo lo que tengo, pero no es nada comparado con lo que ha hecho en estos últimos veinte anos. Lo mejor lo tienen otros coleccionistas.
Lleva usted razón con la influencia de Martínez Novillo, pero sólo cuando pinta la meseta castellana, está el otro Pupo-Walker de los oleos de marinas y las costas que es bastante distinto al que yo presento aquí. Me gusta su sugerencia a Machado; no sé lo de Unamuno... Saludos.

Chiqui dijo...

Don Miguel Costa y Llobera, eso mismito le contesté yo al viejo verde que me lo sugirió.
Con lo bonito que escribe ustede!

Chiqui dijo...

Marcel, me da vergüenza admitirlo pero yo creía que ya había muerto. Tengo que leer algo sobre su vida ya que hasta ahora lo único que he hecho es deleitarme en su obra. Llevas razón, es uno de mis pintores americanos favoritos.
Gracias por la noticia. Se merecería una entrada en el blog, pero habrá muchas en otros estos días.

Chiqui dijo...

Llevas toda la razón prima en cuando al poema.
Mi respuesta se refería al ‘Formentor’ de la entrada anterior: yo tomé su seudónimo como ‘el pino de Formentor’…Un anónimo sugirió otra cosa; al yo decir ‘eres el árbol’ me refería que su seudónimo estaba inspirado por el árbol…claro ahora firma como ‘el cabo de Formentor’. Don Miguel, el autor del poema al pino (el mismito deja el enlace aquí) se defiende ya que no quiere tener nada que ver con lo fálico. Se entiende su enfado si lees su poema.

Chiqui dijo...

QUERIDO ENRIQUE

Como sé que esto del blog no es lo tuyo, quiero avisarte que es muy común en este medio empezar colgando cuadros y acabar por peteneras. Esto es como una de esas reuniones de amigos donde cada cual anda con su tema y no nos privamos de nada. No te extrañe que hayamos pasado de tus acuarelas al pino de Formentor o a la hermosa nevada que ha caído en Madrid (te la mando por correo electrónico) En fin, todo como una de esas conversaciones de las nuestras -- sobre todo tú -- ‘de Oca en Oca y tiro por que me toca’.
Espero que, si nos lees, lo estés disfrutando.

Elvi54 dijo...

Bellas acuarelas. Debe de ser magnífico manchar el blanco con esos azules y esos violetas... Historia preciosa la de los sobres amarillos. Creo que estar atenta al cartero es una de las ocupaciones que más me han gustado en la vida. Pero, el cartero ahora se olvida fácilmente del camino a mi buzón.
¿Por fin has cumplido los 22? ¡Feliz, feliz en tu día...! Con retraso, pero con mucho cariño.

Chiqui dijo...

Elvi, el cartero ahora sólo trae publicidad y cupones de descuento...y facturas que pagar. De vez en cuando aparece algo insólito y el día se ilumina.
22? Que va, ya son 24! Besos.

edith dijo...

Estimado Enrique,

De pura casualidad encontré este enlace y quería saludarte después de tantos años... Me acuerdo mucho del curso del cuenta hispanoamericana en la universidad de Santander en 1977.

actualmente soy presidenta de la Asociación Hispánica de la Haya y Unión de Asociaciones Ibéricas e Iberoamericanas del Benelux. Para más información ver www.asoha.nl y www.uaia.nl

cordialmente,

Edith Bergansius

marie saba dijo...

Que maravilla de cuadros! Hace mucho tiempo que intento ponerme en contacto con Enrique Pupo Walker, sin éxito. Mi nombre es Marie Saba, del Perú. Mi padre fue un gran amigo de Enrique. Si alguien me ayuda a ubicarlo le estaría eternamente agradecida.