martes, enero 18, 2011

Desde la Magdalena hasta la Plaza del Pato


La primera vez que vi una foto de Golda Meir pensé que bien podría haber sido una foto de mi abuela en los últimos años de su vida, los que mejor recuerdo. La gobernante tendría en aquella foto unos setenta y cinco; mi abuela murió a los sesenta y cinco. Creo que las unía más de lo que las separaba: mi abuela siempre iba de negro, ni collares ni un anillo. No recuerdo su sonrisa, menos aun su risa; nunca la vi llorar. Tampoco levantaba la voz, aunque podía ser dura. No hacia ademanes de enfado o desesperación. No se imponía con el puño, ni acusaba con el dedo; siempre las manos recogidas, ocupadas en la cocina, en la ropa o en mis trenzas. Tampoco fumaba y su nariz era bastante más discreta que la de Golda.

Se casó con un viudo acomodado que aportaba al matrimonio un hijo. Así como mi abuela nos debió pasar sus orígenes judíos, mi abuelo parecía un sultán de sangre clara. Republicano y vecino de un pueblecito de la sierra de Granada, acabó en la cárcel de Santiago de Compostela por no sé cuántos años. Perdió así parte de su fortuna y dejaron a mi abuela con siete hijos, mi madre la mayor, una adolescente. Afortunadamente volvió (condenado a muerte iba) y era para entonces un viejo con principios de Parkinson. Pero la historia de mi abuelo merece atención y riguroso cuidado.




En los meses en que mi madre vivía, ayudada por la morfina, con frecuencia me encaminaba calle abajo -- desde la Magdalena hasta la Plaza del Pato-- a la casa de mis abuelos. Me sentaba en la cocina observando los manjares que mi abuela preparaba para el abuelo: sesos fritos, natillas, arroz con leche, picatostes, gachas con tropezones... Mi abuela conocía mi afición a rebañar los cazos y las sartenes y me los dejaba generosamente esmaltados con el color del día; yo se los devolvía relucientes hasta el borde. No hablábamos mucho, al menos no recuerdo conversaciones, pero sí frases sueltas. Se quejaba de lo "delgaducha" que estaba. No le gustaba que estuviera por esas "calles de dios" donde se me pegaba el sol y "parecía una gitana". Recuerdo cuando me quitaba el vestido que llevaba y me lo lavaba; a continuación lo secaba con la plancha, me lo ponía después de haberme metido en un barreño y frotarme las rodillas hasta sacarme la suciedad y la morenez. Seguidamente desenmarañaba mi pelo con paciencia para después trenzarlo.
Teníamos un secreto: mi abuela hacía cerezas en conserva - en Anís del Mono- en un tarro altísimo y estrecho. Si me portaba bien iríamos a la alhacena y con una aguja de hacer punto pincharía un par de ellas; luego me dejaría tomar un sorbito, ella se pondría una copa y las dos tan contentas!



Fue un primero de marzo que mi abuelo volvió de sus acostumbrados quehaceres y se asomó a la cocina para decirle a mi abuela que se iba a echar un rato, que lo llamara para comer. Así lo hizo ella; cuando no le contestó me mandó al segundo piso para que lo despertara. Después de llamarlo y moverlo varias veces bajé y le dije a mi abuela que no se despertaba. Mi siguiente recuerdo es la casa llena de vecinos, el médico...yo de vuelta a casa donde no debía decir que mi abuelo había muerto.
Mis tías vinieron de distintos sitios, algunas de ellas no volvieron. Mi madre no tardaría... En la sala contigua a su dormitorio, en los pocos momentos lucidos que la morfina le dejaba, le dio por decir que le dieran limosna al viejecito. Alguna de mis tías hizo ademan de darle algo al fantasma; mi madre no lo creyó porque el viejo no se iba. Concluyeron que era mi abuelo que a esperarla había venido.
Mientras todo esto ocurría a mí me probaban un vestido negro que mis tías me hacían para el día del entierro. Juraría que me hacia ilusión estrenar vestido, aunque negro fuera y mi madre se moría.
El treinta de marzo mi abuela perdía en un mes a su marido y a su hija más querida. Pocos años después el mismo camino seguiría ella, pero no sin esperarme. Después de besarla, abrió los ojos: "Ah, la niña".




32 comentarios:

Juan Ramón Trotter dijo...

Me ha gustado mucho! Emocionante, escalofriante, lleno de misterio... ¿Sigues siendo tú ahora esa niña rilkeana de entonces?

Chiqui dijo...

Hola, Juan Ramón. Algo de esa niña queda; ya sabes el refrán, "de lo que se come..."
Visito tu blog en cuanto tenga tiempo! Gracias por tus exagerados piropos.

Joan dijo...

Chiqui, me ha gustado muchisimo este viaje en el tiempo. Espero que sigas.

Joan dijo...

http://sobreespana.com/2008/12/12/jaen-la-ciudad-del-santo-reino/

tadeusz dijo...

Estrella, qué elocuente es tu silencio en estas historias. Me gusta la comparación que haces con Golda Mair:lo que no era tu abuela. Yo diría que queda más de esa niña rilkeana de lo que tú crees.

Chiqui dijo...

Joan, gracias por esa maravilla de fotos. Desde Fliker he llegado a este blog! Es tuyo o de otro Juan? Ese fue mi barrio por unos años cuando era niña. Viví enfrente de la iglesia.

Chiqui dijo...

Hola Tadeus. Buscando una foto de Golda que me recordara a mi abuela llegué a esta página: http://tinyurl.com/62583dr

Así que le quite todo lo que mi abuela no llevaba. Un abrazo.

Chiqui dijo...

Perdón, Joan, se me olvidó dejar el enlace del blog:
http://juanjolop.blogspot.com/2008/06/paseo-por-la-magdalena.html

tu prima dijo...

Yo recuerdo a tu abuela, prima. Vi alguna foto de esas que había por casa y que eran, son, como de fantasmas de un pasado muy remoto. Y, sin embargo, está todo muy cerca, ellas siguen ahí, como la niña que eras y que también está todavía en tí. Siempre me conmueven tus evocaciones, prima, tan claras, tan fluídas y tan tiernas.

un nieto dijo...

Abro el ordenador y me encuentro con tu escrito que me ha conmovido y reconfortado a la vez. Tengo que decirte que tienes una enorme facilidad para describir a las personas porque estoy de acuerdo contigo en todo lo que cuentas sobre el carácter de la abuela; a mí me dio bastantes coscorrones y algún tabanazo que otro por lo rebelde que era y lo mal que me portaba, pero nunca me faltaron los huevos fritos con patatas y el café sopado.
En definitiva, me ha encantado por lo inesperado.

Jiennense dijo...

Dices que viviste enfrente de la Iglesia de La Magdalena, entonces sabrás que se trata de la primera que existió en Jaén y está junto al lugar donde cuenta la leyenda que tenía su guarida "El lagarto de Jaén" Actualmente el paseo (200 metros) que va desde dicho lugar hasta la Plaza del Pato, donde vivía tu abuela, se ha convertido en uno de los lugares más pintorescos y de peregrinación de la capital. Aquí se encuentra un Palacio Almoradí con unos Baños Árabes impresionantes de visión obligada. Os lo recomiendo a todos los que vengais por estas marginadas tierras. Y pienso que, dejando aparte tus tristes vicisitudes personales, fue una gran suerte para ti, Chiqui, pasar parte de tu infancia en estos lugares de auténtica fantasia.

Chiqui dijo...

Sé de la foto que hablas, prima, la tengo. Efectivamente, es fantasmal, fue tomada después la muerte de mi abuelo y mi madre, mi abuela estaba muy envejecida. Y cercana la siento, más de lo que ella pudiera pensar que estaría

Chiqui dijo...

Nieto, creo que sé quién eres, por lo de los coscorrones! El primer nieto?
Recuerdo aquello que decía: "el niño tan inteligente y que poco le gustan los libros", luego añadía "la niña en cambio es muy trabajadora". No, no me hacía gracia el comentario, pero era verdad. Un abrazo.
Qué no daría yo por un unas patatas fritas con huevos, pero que me las hiciera alguien.

Chiqui dijo...

Jiennense, no te puedes ni imaginar lo afortunada que me siento de haber pasado esas vicisitudes y haber vivido ahí. No lo cambiaría por nada del mundo. Me hicieron lo mejor de lo que hoy soy. Pero no sé si me gustaría ver esas calles tan estudiadas de cara al turismo, prefiero las de mis recuerdos.
Esto es algo que escribí hace años - no muy bueno- pero te puede interesar. Y cuéntanos más, se ve que estás familiarizado con el barrio. Te lo agradecería.

http://chiquitin52.blogspot.com/2007_04_01_archive.html

Rainer María dijo...

"Después de besarla, abrió los ojos: ". Qué talento, Chiqui. Fuerza y belleza juntas. Sin paja ni una palabra que sobre. Cómo me emocionan estos escritos tuyos personales y universales. La de escritores que podrían aprender de ti, nena. Te quiero.

Anónimo dijo...

Jienense, a Chiqui se le olvidó el enlace a la canción que acompaña al Lagarto, que fue un principito comparado con la "rata de dos patas".
Saludos Chiqui. Me alegro que tu blog siga adelante después de tanto tiempo.
http://www.youtube.com/watch?v=G03edz_1DmE

Anisia Serendipia dijo...

¡Qué pena Chiqui! Quedarse sin madre es terrible. Siendo niña mucho mas.
Quedarse sin la Republica también fue terrible.
"siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días chicos"
Un beso

amalia dijo...

No encuentro mis propias palabras, Chiqui, se me hace un nudo en la garganta y en el cerebro al leer tus escritos.
Repito palabra por palabra lo que dice Rainer Maria.

Negrete dijo...

¡Golda Meir! Fue el objeto de mi primer trabajo cuando estudiaba en la UAM. Me trae recuerdos buenos (y malos).
*****
Pero, ¿por qué esa "rata de dos patas", de Paquita la del Barrio? ¿Tiene algo que ver con el Lagarto Jaen?
¿Ya vieron cómo aclaman las hembras de la audiencia? Con qué entusiasmo, ¿en qué andarán pensando las muy malignas?

Chiqui dijo...

- Maria Rilke, curioso que te hayas ido a fijar en la frase que yo habría quitado, un lugar común, no? Pero así ocurrió y así la dejo. Sólo dos o tres personas me llaman "nena", y sé que me quieren, el cariño ciega, pero qué bien que sienta. Un beso para quien seas.

- Amalia, igual te digo. Siempre me has animado en estos viajes a mi pasado. Espero que queden para otra generación; mis nietos? Quién sabe. A veces no pongo más porque me abruman algunos comentarios. Tendríais que ser más duros. Como mi abuela diría: "menos pamplinas"

- Para ti, Anisia: Nunca me he sentido desgraciada o abandonada por haber crecido sin madre. Cariño me dio ella para toda una vida. Técnicamente yo podría ser ahora la madre y ella la hija; así lo veo. Los muertos son los que se quedan solos (como dice Bécquer). Pero si no hubiera muerto ella, ésta con la que habláis no existiría. Probablemente otra mejor, me gusta pensar.
Anisia, gracias por cambiar el final del verso, de tierra soy:
"siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días chicos"

Chiqui dijo...

Don Negrete. La canción, es de lo mejor que anda en Youtube, formaba parte de la entrada a una narración sobre el Lagarto de Jaén, como usted adivinó.
En qué está pensando usted? Porque parece ser un poquillo malicioso?
Hala, me voy a verla y reírme un poco.

Anónimo dijo...

Chiqui rubo tiempo al tiempo para te escribirte (sigo sin internet) y para decirte que estupenda narradora es. Pero eso ya lo sabes. Qué bonitos tus recuerdos. Una dulce tristeza, ¿no?
Sofia

Chiqui dijo...

Tú lo has dicho, sofia, una dulce tristeza. Cada cual llevamos la nuestra. Suerte con internet, se te echa de menos.
Bonita foto la de anoche. Ojala hubiera estado ahí!

Sila dijo...

Cuando mi abuelo murió, después de una semana de agonía, sucedió después de que, uno a uno fuésemos llegando los seres que el más quería; sus dos hijas, mi prima y yo. En ese momento sucedió.

Cuando murió mi madre, mis hermanos sabían que ella quería morir a solas conmigo, ella no lo dijo, pero ellos así lo entendieron y, así sucedió.

Yo soy la pequeña de 3 hermanos, pero siempre fui la mayor o incluso la madre de mis padres. Mi madre ingresó en el hospital, nunca había estado enferma, y de allí no salió, solo un mes duró. Los últimos 15 días, no dejé de estar a su lado ni un momento, no solo por mí, sino que ella no soportaba la idea de no tenerme a su lado. Aunque ella no se quería dar cuenta de que se iba a morir enseguida, en su interior estaba segura de ello y temía los segundos que yo me alejaba, aunque solo fuese para ir a la máquina del café. A mi me pasaba lo mismo, se creó en mi una auténtica obsesión, el posible hecho de no estar a su lado en su ultimo momento.

Esto es lo que escribí para ella:

Si siempre te quise , madre, cuando me tocó serlo a mí , sentí que no habían sido suficientes todos mis besos y abrazos , y que te debía aún más amor y comprensión y entendí , que nuestro vínculo es eterno y que solo tendrá fin el último día de mi vida. Aunque me has dejado, no me has abandonado pues siempre pensaré en ti, y estarás a mi lado, madre.

Chiqui dijo...

Afortunada tu madre, Sila. Me reconozco en lo que escribiste para ella. Gracias.
Yo acompañé a la mía aun cuando estaba inconsciente por la morfina. Salía a jugar y cada dos por tres subía a su habitación y me quedaba otro tanto con ella.
¿Quién nos ayudará a nosotras? No es justo que se le robe a otros de su propia vida para casos de cuidado prolongado. Para eso están los profesionales médicos. Eso quiero para mí, llegada la hora. Y morir sin perder conciencia de que muero.

Anisia Serendipia dijo...

Para mí fue terrible que se muriese mi madre. Incluso que se muriese mi padre fue terrible. Dos personas tan vitales, tan alegres y cariñosas, dos artistas, que sabían hacer tantas cosas y ¡que se muriesen tan jovenes!. Dejaron huérfana a mucha gente no solo a sus hijas...
A pesar de los años veo con mucha claridad sus manos.

Chiqui dijo...

Anisia, me encantaría saber de ellos. Tú has heredado esa sensibilidad artística, sólo hay que darse un paseo por tu blog.

Anónimo dijo...

Una sobriedad y una contención admirables para esta situación emocional; un placer de lectura su texto, enhorabuena. No sé si escribe mucho pero realmente merece la pena leerlo, más esto que podría dar lugar a sensiblería. Parece observadora, estilo Pasternak.
En lo de los cuidados profesionales médicos difiero: de pequeños todos los hermanos cuidábamos de la quimioterapia del padre durante años hasta que murió. De niño todo es un juego y se tienen otros miedos, no me extraña que quisiera estrenar su vestido con ilusión.
Pero, ¿seguro que es más importante una carrera profesional que cuidar por largo tiempo a un familiar querido?, ¿es más vida viajar, amar, reír, cuando alguien querido sufre y se puede estar a su lado?.
Me asombró la decisión del músico africano Salif Keita -no estoy segura de si fue él- de dejar la fama de París para volver a cuidar a su madre en África porque estaba enferma: en su país, es lo primordial.
Las residencias de ancianos y enfermos son establecimientos modernos muy crueles, aunque hoy día muchos no tengamos elección y nos obligue la sociedad a ello.
En los pueblos y ciudades siempre la vida era un continuo con edades mezcladas y se veía nacer y morir. Ahora se prefiere en las sociedades modernas la segregación por edades y ello no va bien ni filosófica ni moralmente, ni para uno ni para los demás.

Chiqui dijo...

Gracias, anónimo. Sobriedad y contención son dos cosas que admiro, por lo tanto me alaga. Escribo poco, precisamente por miedo a perder esa 'contención'. Observadora soy; algo que desarrolla uno cuando aprecia el valor irremplazable de lo que le rodea a una temprana edad.
La ilusión de estrenar el vestido iba cargada de remordimiento; incluso hoy.
No creo que difiramos mucho sobre el cuidado de nuestros enfermos. Muchos podremos seguir esta tradición que nos pasaron nuestros mayores, pero - como usted misma admite - otros no tienen esa opción. No se trata de "una carrera", "viajar, amar, reír", se trata de la supervivencia y la unión de la familia actual. Como ejemplo España:
Imaginase los padres de esta generación que todavía tienen a hijos, entrados en sus treinta, viviendo en casa; algunos casados y con hijos propios y sin trabajo. Para cuando estas parejas hayan alcanzado su independencia - encontrado buenos trabajos, hipoteca, buenos colegios, coche - nada especial, lo mínimo que esperamos de la vida hoy, los padres habrán envejecido e irremediablemente vendrán las enfermedades y la muerte. Estos hijos deben mucho a sus padres, mucho más que nuestra generación (no sé la suya) que salimos de casa a los veinte y pocos... ¿Qué van a hacer? abandonar su puesto de trabajo, exponerse a que los echen. Lo poco que han conseguido, mal y tarde, lo perderán.
El nivel de vida que nos hemos montado deja afuera a muchos sin opción. Pocos padres pedirían o esperarían de sus hijos tales sacrificios. Lo importante es respetar y querer a los que nos rodean en vida, cuando nos podemos ayudar mutuamente.
Los que vuelven a la hora de la muerte de un familiar, cuando no le prestaron atención, dieron amor o ayuda en vida, lo hacen por puro egoísmo. Muchas veces ese es el caso; queremos hacer en un mes lo que no hicimos en una vida.
En los países pobres la unión familiar es sagrada pero las muertes pueden ser horrorosas.
Vaya sermón!!! Perdóneme.

Anónimo dijo...

QUIERO Y RECUERDO A ESA ABUELA VESTIDA DE NEGRO, CON ROETE Y DE ASPECTO SERIO DE TANTO Y TANTO COMO HE OÍDO HABLAR CON GRAN CARIÑO, ADMIRACIÓN Y EMOCIÓN DE ELLA....COMO LA AMABA, TANTO TANTO LA QUERÍA...TANTO COMO A ESOS DOS NENES..DE LOS QUE ÉL SIEMPRE E INCLUSO ANTES DE MORIR SE ACORDABA..." LOS NIÑOS, LOS NIÑOS..QUÉ VA A SER DE LOS NIÑOS... DECÍA MIENTRAS AGONIZABA Y MIRABA SU FOTO(FANTASMAL COMO DECÍS) Y LA BESABA Y BESABA...TANTO LA QUERÍA! ESA ÚNICA FOTO QUÉ DE ELLA TENÍA Y EN SU CARTERA AL LADO DE SU CORAZÓN CELOSAMENTE GUARDABA Y CIEN VECES AL DÍA ME ENSEÑABA Y BESABA..."MIRA QUE GUAPA, MIRA QUE GUAPA...." ME DECÍA...ESA FOTO SE HA IDO CON ÉL A SU TUMBA...PARA QUÉ ALLÁ DONDE ESTÉ LE HAGA COMPAÑIA.... CÓMO LA QUERÍA... Y CUÁNTO NOS QUERÍA.

vecina asiática dijo...

Preciosa la entrada y preciosos los comentarios de la gente. ¡Qué afortunados nos sentimos de tenerte, Chiqui!

Anónimo dijo...

Querida Estrella me ha emocionado
tu relato....pero anónimo ha hecho que las lágrimas broten de mis ojos. Gracias anónimo.... tanto la quiría.... y a todos también mucho quería. Mis recuerdos no llegan a los tuyos Estrella, pero si a los de anónimo. Gracias por acordarte de ËL. Un millón de besos.