domingo, junio 07, 2009

MARIO HERNÁNDEZ: "EL CRISTO DE VELAZQUEZ" DE UNAMUNO


Escribe Rafael Argullol, en el Boomeran(g) - uno de mis sitios favoritos en la Red - sobre ‘El ostracismo de Dios’ . En la siguiente entrada, nos cuenta una anécdota (difícil de creer) que ilustra la ignorancia de las nuevas generaciones sobre la imaginería cristiana en el arte. Un joven pregunta, ante un cuadro del descendimiento: “¿Quién es el que está en el suelo”?

Mientras que estas cosas ocurren, hay estudiosos y escritores que dedican esmeradamente su tiempo al rescate y divulgación de una cultura que, si en su día fue popular, ahora interesa a una selecta minoría. Fruto de esto es la nueva edición de “El Cristo de Velázquez “de Unamuno. El texto del poema, pulcramente editado por Mario Hernández, va acompañado de un estudio monográfico del hispanista Christopher Maurer. Dos amigos de este blog.


Se trata de una edición artesanal que, no por milagro - porque no creo que existan - se puede comprar por sólo ¡18 euros!

El volumen principal de la edición ha sido compuesto y encuadernado con procedimientos manuales en los talleres de la Imprenta Artesanal [del Ayuntamiento de Madrid]. Estos procesos suponen composición manual de textos con tipo móvil Ibarra, impresión en máquina tipográfica y encuadernación artesanal en todos los procesos, desde el plegado y la costura a las tapas hasta la estampación.”

También puede ser de interés esta entrada a los ‘quejosos’ del
blog de Félix de Azua. Aunque este libro no demuestra que Velásquez ‘no fuera mujer’, si que demuestra que su Cristo fue ‘todo un Hombre’.

Aquí les dejo la presentación de Mario Hernández en la Feria del Libro de este año.







Mario Hernández
Un Cristo español de Unamuno



En 1742 aparece en Londres, publicada en paladino español, una guía artística para viajeros, bajo el curioso título de Las ciudades, iglesias y conventos en España donde hay obras de los pintores y estatuarios eminentes españoles, puestos en orden alfabético, con sus obras, puestas en sus propios lugares, por don Palomino Velasco y Francisco de los Santos. Era el impresor un Henrique Woodfall, como se firma, castellanizando (o aportuguesando) su mismo nombre. El despojador de los dos autores mencionados queda en el anonimato, pero cabe sospechar que si su interés artístico coincidía con el de los despojados, no así su fe religiosa, pues el segundo autor queda detraído de su condición de miembro de la Orden de los Jerónimos, con lo que se dificulta levemente su identificación. En todo caso el editor londinense había extraído las noticias prácticas sustanciales de dos libros eminentes y clásicos: del célebre tratado de Antonio Palomino de Castro y Velasco, El museo pictórico y escala óptica, del que cita por su primera edición (1715 y 1724), y de la obra del P. Fray Francisco de los Santos, Descripción breve del monasterio de S. Lorenzo el Real del Escorial, única maravilla del mundo, fábrica del rey Philippo segundo..., editado por primera vez en la Imprenta Real de Madrid en 1657.

Dirigiéndose al posible lector, el editor encomiaba en su prólogo las «inestimables joyas en Pinturas y Dibuxos» que estarían «en las manos de los Aficionados y otros en aquel grande reino, no solo no conocidas o nunca vistas, pero ni aun imaginadas por los Estrangeros». El libro se proponía, pues, como guía para quien era definido como «virtuoso caminante», pero al servicio también de «los que habitan en España». Sería el primero un turista avant la lettre, un partícipe caprichoso del Gran Tour, antes de que el Romanticismo europeo decidiera cruzar sistemáticamente los Alpes y los Pirineos para adentrarse por palacios, iglesias y jardines de Italia o de España. Ese hombre avisado tendría en la mano una lista útil de obras maestras y de los lugares donde podían ser vistas. Su noble condición acaso le permitiría el acceso a aquellos lugares, algunos de ellos claramente vedados a curiosos sin altas cartas de presentación. Podría en todo caso saber que en el Palacio del Buen Retiro de Madrid se hallaba «un Quadro del Aguador, de mano de Don Diego Velázquez de Silva», más otro «de Vulcano, quando Apolo le notificó su desgracia, en el adulterio de Venus con Marte», de la misma autoría. Había también, continuaba la enumeración, «un Quadro historiado, de la toma de una Plaza por el señor Don Ambrosio Espínola, para el Salón de las Comedias, y es de mano de don Diego Velázquez». Seguían otras menciones de pinturas, por ejemplo en la escalera «que sale al Jardín de las Reynas, por donde sus Magestades baxan a tomar los coches», y se nombraban «países», es decir, paisajes, en sobrepuertas y ventanas, al igual que «un gran quadro de la batalla del Arcángel San Miguel, contra la rebeldía de Lucifer», pintado por el napolitano que era conocido como Lucas Jordán. La lista saltaba en otro momento a las obras que se hallaban en Palacio, es de suponer que en el viejo alcázar de los Austria, que había ardido en 1734, antes de que la primera edición de este libro (¿1739?) llegara a la imprenta. Allí, según esa lista, se encontraba «la Coronación de nuestra Señora, que estaba en el Oratorio del Quarto de la Reyna en Palacio, y es de mano de Diego Velázquez», más un «Quadro grande, con el retrato de la Señora Emperatriz (entonces Infanta de España), Doña Margarita María de Austria, siendo de muy poca edad; y es de mano de Diego Velázquez, y colocose en el Quarto baxo de su Magestad, en la Pieza del Despacho, entre otros excelentes». Se hablaba también de cuadros que estaban o habían estado en la conocida como Galería del Cierzo, seguramente por los vientos cortantes que enviaría la sierra de Guadarrama hasta aquellas ventanas.

La mirada se extendía luego por iglesias, conventos, calles y casas nobles, con detalles como que en poder del Duque de Arcos se hallaba «el retrato de Don Adrián Pulido Pareja, de mano de Don Diego de Silva Velázquez»; que en el Barrio del Barquillo, en una esquina, había «una imagen de nuestra Señora en fresco, de mano de Joseph Romaní», que en la capilla de nuestra Señora del Buen Consejo había «quatro Quadros de flores o frutas», de Juan de Arellano, y, finalmente, para no extenderme más, que en el convento de San Plácido, «en la clausura ay un Quadro, de Christo Crucificado, difunto, del tamaño natural, de mano de Don Diego Velázquez de Silva». El convento aludido corresponde a la iglesia y monasterio de benedictinas de San Plácido de Madrid, conocido también con el nombre de la Encarnación Benita y situado en la calle de San Roque, con vuelta a las de Pez y Madera Baja, según las guías actuales. En todo caso, ese conocido cuadro, que hoy atesora el Museo del Prado, es el tema indirecto de este acto y, sobre todo, del libro que presentamos, debido a don Miguel de Unamuno y Jugo, publicado por primera vez en la editorial Calpe, en 1920, con un dibujo en la misma cubierta que copiaba modestamente la célebre pintura velazqueña.
Si para hablar de El Cristo de Velázquez, que es el sencillo y directo título del libro de Unamuno, me he remontado a una guía de 1742 (no desconocida por los especialistas), es para hacer patente algo que el hombre actual olvida: la funcionalidad primera del arte, que nosotros admiramos, sacralizada y casi despojada de sus referentes, en las paredes de los museos. Lo que hoy recorremos bajo la asepsia de cartelas, números y catálogos fue en su día una representación de seres recordados, una historia mítica que ilustraba una sala o unas figuras e historia piadosas ante las que alguien podía postrarse para orar. Las pinturas mencionadas en ese libro londinense estaban todavía, en gran medida, ligadas a los lugares y funciones para los que habían sido creadas, de modo que solo en un segundo plano eran consideradas obras de arte sometidas a unas normas dictadas por los más esclarecidos maestros. Vale decir que en la tradición popular hispánica algunos de esos cuadros han seguido manteniendo esa primera función en el culto religioso privado. Casi no es necesario mencionar las reproducciones o estampas de las Inmaculadas de Murillo o de ciertas Vírgenes del Greco, pero entran en la misma estirpe las imágenes del Cristo velazqueño. Sabemos, por ejemplo, que Unamuno poseía una pequeña reproducción del cuadro en blanco y negro, que a su muerte se encontró entre las páginas de su ejemplar del Nuevo Testamento en griego, y cabe incluso sospechar que los contrastes de luz y sombra que traslada a su poema, como ejes cromáticos esenciales, procedan más de ese tipo de reproducciones que de la visión directa del cuadro en los muros del Prado.

Al mismo tiempo, de la vieja lista y de estos últimos datos se deduce algo también esencial: Velázquez no solo forma parte de una tradición española más que evidente, pese a los despojos y pérdidas sufridos, sino que la visión del mundo que poseemos como pueblo, o como suma de pueblos, de España y de América, está conformada por las imágenes creadas por algunos de los máximos artistas occidentales, como el mismo don Diego de Silva Velázquez. Unamuno eligió el cuadro velazqueño para su meditación lírica por diversas razones, pero una de ellas, y central, reside en que lo veía como representación plástica que encarnaba la fe de esa comunidad cultural que llamamos España. Lo dijo con claridad en el primer fragmento de su poema-libro:

«No me verá dentro de poco el mundo,
mas sí vosotros me veréis, pues vivo
y viviréis» --dijiste; y ve: te prenden
los ojos de la fe en lo más recóndito
del alma, y por virtud del arte en forma
te creamos visible. Vara mágica
nos fue el pincel de don Diego Rodríguez
de Silva Velázquez. Por ella en carne
te vemos hoy. Eres el hombre eterno
que nos hace hombres nuevos. Es tu muerte
parto. Volaste al cielo a que viniera,
consolador, a nos el Santo Espíritu,
ánimo de tu grey, que obra en el arte
y tu visión nos trajo. Aquí, encarnada
en este verbo silencioso y blanco,
que habla con líneas y colores, dice
su fe mi pueblo trágico. Es el auto
sacramental supremo, el que nos pone
sobre la muerte bien de cara a Dios.

El poeta y pensador Miguel de Unamuno se remonta a dos inmensos modelos: por un lado, la pintura de crucificados, y, dentro de ella, al sereno y aplomado en la muerte Cristo de San Plácido; por otro, al auto sacramental, que aparece nombrado como forma teatral, pero, sobre todo, como escenificación de la relación del hombre con lo divino. Pero ese auto comienza, como todo relato mítico, con una encarnación. Sobre la imagen evangélica de la Anunciación del ángel, Unamuno plasma su interpretación primera del cuadro: Velázquez no fue más que el mediador que trasladó al lienzo, verbo del arte, la fe de un pueblo.

El libro unamuniano no es un libro ni fácil ni sencillo. Para colmo, es un libro que hunde sus raíces en eso que hoy algunos mencionan despectivamente como la cultura judeocristiana. Para los que no saben lo que dicen, para los bárbaros de hoy, recordaré tan solo una frase de Jorge Luis Borges: «En Occidente hay dos pueblos que hacen la Historia: los hebreos y los griegos. Podríamos imaginar que, si los vascos no existiesen, no habría grandes cambios. Sin embargo, si los griegos o los hebreos no hubiesen existido, la Historia sería completamente diferente». El gran escritor argentino, que podía ser caprichoso y tendencioso en este o aquel punto, repitió en diversas ocasiones la misma primordial convicción. Por ejemplo:

Roma no existiría sin Grecia. Digo «Civis romanus sum», pero, al
fin de todo, ¿qué es Roma sino una prolongación de Grecia? No se concibe...,
no sé..., Lucrecio, sin los filósofos griegos; la Eneida, sin la Ilíada y la
Odisea. Somos griegos realmente. Yo diría que todos los hombres occidentales
son esencialmente judíos y griegos; porque sin la Biblia no existiríamos;
sin Platón y los presocráticos, tampoco. [...] Y nosotros mismos estamos
hablando en un dialecto del latín. Y el latín..., la literatura latina no se
concibe sin la griega.

Miguel de Unamuno, profesor de griego, filósofo y poeta, trató de fundir esas inmensas tradiciones en su obra; y de modo especial en este libro unitario, concebido como un poema único, donde volcó esperanzas, saberes y sentimientos, y con el que logró una obra capital de la expresión lírica de nuestra lengua. Lo hizo apartado de capillas y movimientos, a trasmano de las vanguardias, con un tipo de escritura que en su misma presentación (y que se lo digan, si no, a los sufridos cajistas de la Imprenta Artesanal) imitaba los libros antiguos, con sus notas dispuestas en los márgenes, como un modo de acompañamiento, más que de ilustración erudita al pie solo para estudiosos. Como un discurso o ensayo de los siglos xvi, xvii o xviii, el libro se abre en sus márgenes al mundo del que se nutre, fuentes bíblicas del Antiguo y Nuevo Testamento, que le dan esa textura de inmenso puzzle o mosaico de citas comentadas, glosadas, incorporadas al canto meditativo. Apenas hay tiradas líricas que se sostengan en sí mismas sin ese apoyo dialogante. Entre ellas destaca uno de los más altos pasajes del libro, el fragmento iv de la Primera Parte, sostenido inicialmente por una cita del Cantar de los cantares y otra de Santa Catalina de Siena. Es sin duda alguna una de las cimas de la poesía unamuniana, capaz de hacer callar a todos los que dudaron o dudan de su buen oído (cuando quiso), de su altísima capacidad de poeta. Valga solo recordar los versos iniciales de esa hermosísima tirada de endecasílabos blancos:

¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivífico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre,
nuestra cansada vagabunda tierra;
blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno.

Miguel de Unamuno, como consignó Rubén Darío, como repitió Luis Cernuda, es, desde su misma rara singularidad, uno de los grandes poetas de nuestra lengua. Darío, que lo bautizó como «pelotari en Patmos» (con San Juan el Vidente al fondo), lo dijo en términos que merecen ser recordados:
Con ser muy castellano su vocabulario y muy castizo su misticismo, le encontraremos cierto aire nórdico que hace, a veces, que algunos de sus poemas parezcan traducidos de poetas de ojos azules. Ese aire nórdico se explica también sabiendo que el cantor es originario de las provincias vascongadas y que su gravedad es de raza. Por eso también su desdén por lo superfluo y su desprecio por lo frívolo...

Unamuno es] un poeta, un fuerte poeta. Su misma técnica es de mi agrado. Para expresarse así hay que saber mucha armonía y mucho contrapunto. Lo que parece claudicación es uso de sabio procedimiento. Y notar que entre sus poemas que parecen recitados de súbito, entre [aplicación] rara, consciente versolibrismo, suelen brotar profundos y melodiosos sones de órgano que habrían regocijado al salmista. Eso es lo que más gusto en él, sus efusiones, sus escapadas jaculatorias hacia lo sagrado de la eternidad
Cernuda hallaría en él a nuestro mayor poeta del siglo xx, lo que a veces se ha juzgado más como un gesto de desdén hacia Juan Ramón Jiménez que como un elogio centrado en el poeta vasco. Desde hace años he llegado a pensar que en realidad Cernuda rescataba en Unamuno una línea de pensamiento y estilo poéticos a los que él llegó en su madurez, línea más ligada a una tradición «nórdica» (dejemos el adjetivo en esa indefinición) que mediterránea o, sobre todo, francesa. No es cuestión de extenderse ahora sobre ello, pero baste decir que es parte del debate poético de todo el siglo xx en español.

Christopher Maurer, a quien hoy sustituyo en esta presentación, sintetiza algunos de los problemas que he expresado y el exacto contexto histórico del libro unamuniano en una página de oro que antecede a esta edición de la Imprenta Artesanal del Ayuntamiento de Madrid. Este gran hispanista, que ha recorrido las universidades de Harvard, Vanderbilt, Chicago y Boston, siempre trabajando a favor de la cultura española, se ha expresado en términos con los que hoy quiero terminar este acto:

Si para Miguel de Unamuno «creer» es «crear», es en El Cristo de Velázquez, su gran libro poético de 1920, donde «crea» con mayor pasión y atrevimiento. Durante más de tres años (1913-1916), inspirado por el más bello o luminoso de los Cristos españoles, Unamuno pone en movimiento todos los recursos de la poesía para crear un Cristo «español y universal», de una presencia y fuerza no inferiores al Cristo velazqueño. El lector acostumbrado al Unamuno agónico —el Del sentimiento trágico de la vida y San Manuel Bueno mártir, el metaliterario de Niebla y el intelectual que vive ante todos en perpetua contradicción y paradoja—, entra, con El Cristo de Velázquez, en un ambiente más sereno, como si dejara la luz de una calle ruidosa por el silencio y frescura de una catedral. Aquí la poesía tiene usos más antiguos. Unamuno recuerda el origen sagrado y las fuentes bíblicas de la poesía y la dirige de
nuevo hacia propósitos religiosos: el de unir a los hombres y el de dar realidad
a un Cristo que pueda hacer familiar lo desconocido y salvarnos de la muerte.
Nos recuerda El Cristo de Velázquez que el poeta es «hacedor»; que lo primero
que hizo la poesía fue crear a los dioses; y que ha de seguir con ese proceso,
dando nueva realidad a lo divino.

Madrid, Feria del Libro, 2 de junio de 2009

jueves, mayo 28, 2009

Gil de Biedma: "La Niña Isabel"

A una dama muy joven, separada
Jaime Gil de Biedma

En un año que has estado
casada, pechos hermosos,
amargas encontraste
las flores del matrimonio.

Y una buena mañana
la dulce libertad
elegiste impaciente,
como un escolar.

Hoy vestida de corsario
en los bares se te ve
con seis amantes por banda
--Isabel, niña Isabel—

sobre un taburete erguida,
radiante, despeinada
por un viento sólo tuyo,
presidiendo la farra.

De quién, al fin de una noche,
no te habrás enamorado
por quererte enamorar!
Y todo me lo han contado.

¿No has aprendido, inocente,
que en tercera persona
los bellos sentimientos
son historias peligrosas?

Que la sinceridad
con que te has entregado
no la comprenden ellos,
niña Isabel. Ten cuidado.

Porque estamos en España.
Porque son uno y lo mismo
los memos de tus amantes,
el bestia de tu marido.

Acabar el colegio, perder su virginidad y quedarse embarazada fue todo uno. A los dieciocho años Isabel, Bel para los suyos, se enfrentaba a una realidad con la que ni había soñado. A los diecinueve ya era ‘Señora de…’.

Valor tuvo, en ese momento y en los que siguieron en su corta vida. No le faltarían consejos ni oportunidades para deshacer lo hecho. Rodeada de amigos mayores que ella: “la izquierda divina” catalana, la gauche divine, con nuevas, pero firmes convicciones de libertad en todos los ámbitos – sexual, libertad de expresión, igualdad de sexos, razas y clases… (Dalmau, p.184) Sin duda Bel fue aconsejada , y hasta le habrían facilitado la opción de abortar, de así haberlo querido ella. Pero no lo quiso.

“La casaron”. Y durante unos años lo intentó: con su generosidad e idealismo, intentó ser esposa, madre de tres hijos - que no evitó - cuando todavía ella era una niña... “La Nina Isabel”. Pero “el bestia de [su] marido” no supo percibir lo que quienes la conocían descubrían; y por eso ‘bestia’.

Isabel Gil Moreno dejaría una honda huella en este grupo. Su amigo y amante Juan Marsé la recuerda “ generosa y simpática”. Gimferrer, “de una hermosura imperfecta pero llamativa, con mucha personalidad”. El mismo Gil de Biedma diría de ella: “fue uno de los seres humanos más hermoso que he conocido nunca”. Y otros muchos: " una persona complicada, complicadísima, inteligente, llamativa" . Tanto Bel como su hermana María Antonia, casada con el novelista Luis Goytisolo, fueron inspiración para Colita, la famosa fotógrafa del grupo. Dice de Bel: “Parecía un pájaro salvaje”... “Bel era un cacho tía. Delgada pero superfemenina. Era una pantera negra que corría por ahí. Y un verdadero hombre como Jaime sólo podía desear de ella lo que desearía de una pantera. Domarla”.

Pero el poeta quiso más. Quiso amarla. Y no supo hacerlo.

El poema “La Nina Isabel” viene tras un intento fallido, por parte del poeta, de establecer una relación completa - cuerpos y almas - con su musa. Dalmau, en su libro “Jaime Gil de Biedma” especula que el poema muestra a un hombre frustrado, herido y celoso de los amores donde Isabel encuentra lo que su impotencia sexual no le puede dar. No lo leo así. El tono es de cariño, de padre, herido, pero de padre.

Isabel y Jaime consumarían esta atracción físico-amorosa en 1966 y seguiría durante un tiempo, hasta que él empieza de nuevo a serle infiel con otros hombres. Ella no puede aceptarlo bajo estas condiciones y lo deja.

Bel muere un año después en un trajico accidente de coche. Regresaba de ver a su novio que estaba haciendo la mili en un campamento cercano. Una riada arrastró su coche.

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Nota: He recogido información del libro de Miguel Dalmau, Jaime Gil de Biedma y conversaciones con amigos. En espera estamos de la película, “El cónsul de Sodoma” !Qué haga justicia a sus personajes más allá de lo que implica el título!

http://tinyurl.com/laoyl7

lunes, mayo 11, 2009

UNA VELADA CON GONZALO SOBEJANO EN COLUMBIA UNIVERSITY

La primera vez que oí hablar de Gonzalo Sobejano estaba recién casada y a punto de salir para Philadelphia. Un grupo de amigos de mis tíos - todos murcianos- comentaron que en Filadelfia (me acababa de casar con un filadolfo) vivía un murciano que había sido compañero de instituto y carrera de ellos. “¡Hombre, sí!” dijeron algunos a coro: “Gonzalo Sobejano”. Siguieron a continuación los recuerdos, saludos y noticias que debíamos darle cuando llegáramos.

Mi recién marido iba a estudiar en la Universidad de Pennsylvania, donde Sobejano enseñaba. La conversación se animó con recuerdos cada vez más coloridos e interesantes. Uno del grupo recordó a mi tia Esperanza que “era aquel que te escribía poemas…¿No recuerdas los poemas a la musa rubia?” Mi tía se hacía la tonta. ¿Quién podría olvidar a aquel para quien has sido su ‘musa’? Finalmente dijo, un poco fastidiada: “Nunca me dijo nada”.

Así me enteré que el nuevo profesor de mi marido – y un poco más tarde mío – había estado enamorado de mi adorada tía (una segunda madre para mi).

En otoño, y ya en Philadelphia, durante mi primera visita a su oficina en Penn – entre divertido y tímido – confirmaría que, "efectivamente", había estado enamorado de ella, y que algunos de sus poemas fueron inspirados por esa musa rubia.

Otra vez el azar daba una vuelta de 360 grados en mi vida para ponerme en contacto con quien sería uno de los profesores que más influyera en mis preferencias literarias (no es novedad para los que leen este blog que me habría gustado conocer a Lope) y que reforzaría en mí virtudes como el idealismo, la lealtad, la justicia y - no sé si él lo sabe - la bondad.

El Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Columbia, dirigido por Carlos Alonso, inauguró la noche del 9 de mayo, en la Casa Hispánica, lo que será desde ahora la Biblioteca Gonzalo Sobejano. Después de una modernización y adaptación de la ya hermosa sala, la biblioteca personal de Sobejano -- colección de excepcional valor-- será donada al departamento y ahí permanecerá para disfrute de estudiantes presentes y por venir. Un acto más de la generosidad de nuestro queridísimo amigo y maestro.

El sábado, la sala se llenó. Muchos de pie, durante más de una hora; otros en el pasillo. No todos pudimos hablar. Una gran mayoría mandó correos…

Algunos de los afortunados – Harriet Turner, Christopher Maurer, Mario Valero—pusieron énfasis en la asombrosa precisión de la palabra de Sobejano. Insistió Maurer en la dimensión ética de la escritura de Sobejano y en lo alentador de su confianza en el lenguaje para “descubrir lo propio” y “dar a cada cual lo suyo”. “Para Gonzalo, la palabra justa es un acto de justicia. Hablar bien es obrar bien”. Peter Earle, antiguo colega de la Universidad de Pennsylvania - y profesor de algunos de los que asistimos al acto - con aire de niño travieso, contrastó con humor su propio sitio ínfimo en los rankings de amazon.com, con el valor perenne, lejos de los valores comerciales, de las obras de Sobejano. Joan Brown, de la Universidad de Delaware, le agradeció a su maestro la imparcialidad con que había tratado a los estudiantes masculinos y femeninos en una época en que los profesores de literatura española discriminaban todavía contra la mujer. Otros, el novelista Eduardo Lago, director del Instituto Cervantes de Nueva York, Lía Schwartz, de CUNY—prefirieron hablar de lo que Sobejano había representado en su propia vida. Dijo Schwartz que un artículo de Sobejano sobre el célebre soneto de Quevedo, “’En los claustros del alma...’”, había bastado para abrirle nuevos caminos y había servido de estímulo en su estudio de la poesía amorosa. Recordó Lago sus visitas al primer despacho – ya desaparecido-- de Sobejano en Columbia, y la paciencia del maestro al orientar sus investigaciones sobre Gracián. Maite Zubiaurre, de UCLA, cuya tesis dirigió Sobejano, recordó su asombro—y el de sus compañeros de clase en Columbia—de que a “Sobejano” – “lo voy a llamar así, con perdón, pues así le llamábamos”-- le interesaran no sólo los “clásicos” sino los autores más recientes. Ernesto Estrella, otro estudiante reciente, recordó con humor el derrumbe de su sueño estudiantil de “escribir como Sobejano”. Adam Winkel dio las gracias de parte de los estudiantes graduados actuales de Columbia, y Patricia Grieve, colega de Gonzalo que ha sido “chair”, recordó lo que había supuesto su llegada al departamento.


Con su jubilación, Columbia pierde a uno de los más reconocidos y admirados críticos y estudiosos de la literatura española. Su foto pasará a acompañar a ese grupo de ilustres, cuyas imágenes -en blanco y negro- contrastan con el blanco del pasillo que abre camino a esa nueva biblioteca. Entre ellos: Juan Ramón Jiménez, Federico de Onís, Francisco García Lorca, Miguel de Unamuno, Ana María Barrenechea, Ramón y Cajal… Digna compañía para un maestro de maestros.





Homenaje a Gonzalo Sobejano


Columbia University, 9 de mayo de 2009





Participación de Christopher Maurer

[...] Gonzalo ha pasado aquí dos de los períodos más fructíferos de su vida: primero entre el 63 y el 70, antes de pasar a Pittsburgh, y a la Universidad de Pennsylvania. Volvió en el 86. De modo que han sido un total de casi 30 años los que ha vivido en este departamento [...] En una de sus páginas más recientes, Gonzalo habla de la presencia de Antonio Machado en la poesía de Angel González. “Poetas ambos” – dice—“que siempre llevo conmigo, perennes compañeros en su juicio crítico y en su visión lírica del mundo. Clara fraternidad”. Me conmovieron esas palabras –de un número reciente de Insula-- porque algo así ha sido Gonzalo para muchos de los que estamos aquí. “Clara fraternidad” o clara “paternidad” intelectual. Es el perenne compañero, el que anima y “da bravura”. Es el que llamó Robert Graves “the reader over your shoulder”, pero no el censor al estilo que imagina Graves, sino el lector ideal, siempre benévolo-- en que pensamos sus discípulos a la hora de preparar una clase o expresarnos sobre la literatura. ¿Qué diría, qué escribiría, cómo enseñaría esto Gonzalo? El juicio de ese Gonzalo imaginario, silencioso, a veces severo, nos acompaña no sólo en la lucha con el “rebelde, mezquino idioma” (o con el “rebelde estudiante”!) sino hasta en las situaciones de la vida profesional. Del ejemplo de Gonzalo podemos decir lo que dijo él de la crítica literaria de su querido Clarín: encierra “un mensaje ejemplar, una enseñanza moral, estética e idiomática.” Mensaje ejemplar informado, siempre, por un humorismo compasivo. En su universo crítico, lo bueno no es nunca enemigo de lo mejor.

A Angel Gonzalez le enseñaba Machado – según Gonzalo – cierto escepticismo con respecto a la metáfora ingeniosa. Mejor, a veces, el nombre propio denotativo que la metáfora o la perífrasis. No sé si podría definir con claridad parecida lo que ha sido el ejemplo de Gonzalo, aunque creo que se relaciona con esa lección de propiedad. A mí – y sospecho que a otros muchos de mi generación— su ejemplo implica, entre otras cosas, una operación crítica de excepcional amplitud y plenitud: criticar es intentar definir con precisión el objeto de estudio; relacionarlo con una categoría; definir esa categoría de forma adecuada; describir con precisión y con imaginación el contexto personal e histórico de un autor; ofrecer una valoración de la obra; y, cuando esa valoración es positiva, encontrar nuevos lectores para ese autor, a través del ensayo o la reseña, la traducción, la edición; la conferencia, el seminario. Nadie aprecia ni apoya más que Gonzalo ese aspecto divulgador del hispanismo: el intento de entusiasmar a los demás con lo mejor de la literatura hispánica. “Tiene mucho mérito...” es una frase que le he oído pronunciar cientos de veces, con cariño, y sin retintines, buscando siempre quod decet, lo apropiado, lo que le corresponde a cada uno, consciente de que la tarea, por ejemplo, de un hispanista norteamericano no es la misma que la de un español. Hasta la administración de un departamento, de la que siempre ha huido Gonzalo, es, para él, una locura “muy estimable”! Si sus discípulos lo hemos querido, y hemos querido imitarlo y emularlo es, en parte, porque no quiere que le imitemos; no ha querido nunca formar discípulos a imagen suya. Atención también en esto a lo particular de cada uno.

Me ha gustado siempre recordar la actitud de Gonzalo frente a los discípulos que no mostraban nada de particular. Si no me equivoco, sus seminarios en la Universidad de Pennsylvania – que es donde conocimos a Gonzalo María Estrella y yo-- duraban tres horas. Dos se dedicaban a la exposición suya. Luego, cada estudiante presentaba nerviosamente su “informe”. Se escogía un texto del temario—, Pic-Nic de Arrabal, “Como vemos que un río mansamente...” de Acuña, la “Epístola” de Francisco de Aldana a Arias Montano, una sección de El peregrino en su patria-- el informe se preparaba durante varias semanas, y por fin se leía en clase. Con el rabo del ojo veíamos a un Gonzalo inescrutable, el dios Exégesis, oculto, como The Wizard of Oz, tras una nube de humo, que guardaba silencio, ajustaba las gafas, tomaba apuntes, se movía en el asiento, y a veces se enrojecía. En el peor de los casos pasaba de “rosa y de azucena” al rojo vivo. Luego, acto seguido, el juicio. Cuando el informe había sido malo, y el juicio tenía que ser negativo nos preguntábamos todos cómo iba a salir del paso.

“Desde luego” – empezaba-- “usted no ha escatimado esfuerzos en reunir datos sobre este tema. Y esto me parece muy meritorio. ¿Pero no cree Ud. que...” y así seguía. La crítica se insinuaba así, en tono interrogativo, y Gonzalo, como un contorsionista que decía le verdad sin herir... En mis cuadernos apunté, con admiración, algunas de esas frases valorativas.
Ese afán por valorar correctamente puede observarse en todo lo que hace, no sólo en su discurso crítico sino en todo lo demás, hasta las notas que envía cuando da las gracias por las separatas que le enviamos—las lee, nos las agradece con unas palabras que definen de manera exacta lo que hemos intentado hacer!-- hasta sus cartas de recomendación, que rehuyen la exageración y buscan la palabra exacta que describa-- que defina-- al recomendado. "Pérez es un estudiante aventajado que...." Esas cartas, por su precisión, eran el "gold standard" de nuestra profesión.
Lo más noble de Gonzalo ha sido siempre, ese prodigioso esfuerzo por definir con precisión. Definir a autores y fenómenos literarios, géneros y subgéneros, estilos, períodos históricos... esfuerzo por oír y definir lo peculiar—la voz del individuo—dentro de lo colectivo o lo genérico, lo convencional. Ese vaivén entre lo abstracto y lo particular, entre la norma y la diferencia, nace de una confianza – rarísima en nuestros días-- en la suficiencia y en la precisión del lenguaje, y el lenguaje español en particular: confianza en lo recuperable del pasado a través de la palabra, y en la unicidad del individuo, “el individuo – escribe—que todos y cada uno inevitablemente somos”.

¿A quién no conmueve esa confianza? Para Gonzalo la lengua ni es "rebelde", ni es "mezquina"; siempre responde (¡quizás porque la trata tan bién!). Su obra supone que el lenguaje—fenómeno colectivo— sirve perfectamente para definir lo propio, lo característico, lo peculiar de cada persona o cosa; que puede “dar a cada cual lo suyo”. Tiene todo esto una dimensión ética: en la obra de Gonzalo buscar la palabra justa es un acto de justicia. Hablar bien es obrar bien.

Pero he hablado demasiado. Y ese lector silencioso, entusiasta de Quevedo y de Gracián y de Machado me está diciendo que me calle; que "más obran quintaesencias que fárragos". Lo esencial, pues. Gonzalo: Te admiramos, te queremos, te acompañamos en este sitio tan lleno de sentido y de pasado, en esta tarde tan especial para todos.





Jubilación de G. Sobejano : Nora Glickman


En 1987 volví a encontrarme con Gonzalo y con Helga, luego de 15 años durante los cuales Gonzalo había estado enseñando en Stonybrook, en Pittsburgh y en la Univ. de Pennsylvania. Durante una fiesta, al verlo entrar, alguien me preguntó quién era ese señor. Sin pensarlo ni un momento le dije: “Ese es el mejor profesor que tuve en toda mi vida” (y tuve muchos). Pasados otros 25 años, hasta hoy día lo repito con mayor convicción y certeza que nunca: Gonzalo, eres el mejor profesor que he tenido.

Ese mismo año, luego de tan larga ausencia de Nueva York, hice una reunión en mi casa para agasajar a los Sobejano y celebrar su regreso a Columbia. Invité a sus antiguos estudiantes, algunos de ellos aquí presentes esta tarde. Antes de despedirnos nos sacamos varias fotos, que planeamos con mucho esmero. Como suele sucederme, no logré revelarlas porque se me dañó el rollo.

Le escribí a Gonzalo para comunicarle mi frustración y él me contestó que no debía preocuparme porque al no tener las fotos para documentar aquel encuentro, teníamos que depender de la memoria, cada uno con su propia versión, y que la nuestra, me aseguraba, duraría mucho más que cualquier fotografía.

Mi fortuna es que a partir de entonces nos hemos hecho muy amigos y que nunca he dejado de ser su estudiante; y hasta hoy día, mientras conversamos, a veces me veo tomando notas...
Admiro su vasta cultura, sus juicios siempre generosos (pienso que le quedaría mejor ser llamado “apreciador literario”, que no “crítico”); su agudísima percepción en la lectura, y en especial su curiosidad sobre autores nuevos: Gonzalo ya mostraba un entusiasmo contagioso por las novelas de Roberto Bolaño y las de Vila Matas y las de Juan Eduardo Zúñiga mucho antes de que se hicieran famosos. En su escritorio se acumulan libros de autores ansiosos de oír su opinión y comentarios…que él diligentemente lee y responde por carta y escribe a pluma en elegantísima caligrafía.
Gonzalo me ha enseñado a encontrar la poesía en la prosa, a valorar la lectura minuciosa de un texto y en especial a destilar la esencia de cada obra; no sólo qué pensar de la literatura, sino cómo pensar en ella. Lamento que Gonzalo no sepa cantar, pero la prosa de sus ensayos y la de sus versos nos invita a oír su voz interior, lo que él llama “la música del alma.”

Gonzalo, todos ustedes saben, no sólo vive de la literatura, sino que vive su vida a través de la literatura, porque es allí donde encuentra la síntesis de ambas. ¿Quieren saber cómo era Oviedo (es decir, La Vetusta) en el siglo XIX? Pues la mejor guía de esa ciudad se encuentra en un ensayo de Gonzalo sobre La Regenta cuando sigue las caminatas de Clarín por esa ciudad al escribir su novela. ¿Quieren cocinar el mejor gazpacho? Entonces sigan la receta de Max Aub en una de sus novelas sobre los Campos, para el gazpacho, y le añadirán almendras blancas para mejorar el gusto; aprenderán a hacer el arroz con menudillos que prepara la Fortunata de Galdós; y se beneficiarán de los consejos gastronómicos del novelista Manuel Vázquez Montalbán para una exquisita tortilla francesa que pone más preponderancia sobre las hierbas provenzales que la condimentan, que sobre los huevos o la cebolla. O si quieren saber más sobre los efectos de la aspirina, los encontrarán en tal o cual novela de Galdós, aunque entonces todavía se la llamaba antipirina (de piro, o fuego, para bajar la fiebre)… Y así, nos Gonzalo asombra con sus datos minuciosos sobre geografía, historia, arquitectura o arte, que deriva de las novelas.

A otras personas que se jubilan se les podría desear un merecido descanso luego de años de trabajo largo y duro; pero si a uno de ustedes se le ocurriera desearle tal descanso a Gonzalo, les doy un consejo: ¡Ni lo piensen!

Gonzalo, te deseamos muchos más años de vida creativa y productiva; nos queda tanto por aprender.

Nora Glickman
Queens College and the Graduate Center, CUNY


Jubilación de Gonzalo Sobejano


Querido Gonzalo: ¡Cuánto gusto me ha dado verte y de que hayas conocido a mi hija! Y de ver a tantos compañer@s de tantos años y de contemplar la admiración, el cariño y la memoria consistentemente reverencial de tantos discípul@s, colegas y amigos.

Sólo he echado de menos, un poco más de espontaneidad, tanto papel leído en un día en el que te merecías quizás más la palabra afectuosa y espontánea desde el instante del corazón, de los sentidos y de los recuerdos, desde el epicentro de la poesía de tu labor para con todos nosotros, ésa que siempre has escrito pero de la que nunca has alardeado, como de nada.

A mí me hubiera gustado compartir con todos este recuerdo en particular, de los muchos que se atesoran en en el fondo de mi aprecio. Seguro que te acordarás de aquel día en que al llegar a clase, -- que eran oficialmente de dos horas en Penn, no de tres como ha dicho Christopher, pero que tú convertías en tres y más sin que nadie reclamara el tiempo --. te condujimos al salón de conferencias del cuarto piso, creo recordar que había dos en aquel nivel de los despachos de los ayudantes donde los catedráticos y otra gente "importante" del quinto casi nunca pisaban. El motivo era que te habían concedido un premio a la excelencia lectiva, creo que propuesto por nosotros, y te dejaste conducir con cierta aire intrigado hacia lo que en verdad desconocías.

Yo creo que era la primera vez que habíamos osado sacar los pies del tiesto. Sobre ti circulaban todo tipo de rumores celestiales: desde que no dormías y por eso eras capaz de absorber todo aquel conocimiento, hasta de que tu cabeza contenía toda la literatura española y otras en riguroso orden cronológico, una enciclopedia de Babel viviente e itinerante y no sé cuantos bulos más que la admiración y tu distante aunque cordial actitud fomentaba entre nosotros. En fin que se nos había ocurrido homenajearte por aquella distincción y creo que Cristopher y yo decidimos ponernos manos a la obra, y subplantarte él y yo meterme

en la piel de un insensato discípulo que presentaría un desatinado y disparatado informe sobre el soneto de Quevedo "Yo te untaré las barbas con tocino gongorilla" (pieza la mía traspapelada, pero fundamental claro, para alguna próxima tesis). Christopher ya se había estudiado, glosado y clasificado admirablemente tus coletillas críticas, los tiempos de pausa, silencio y expectante admonición y hasta ya recogía un cierto aire sobejanil (hoy ha confirmado que es en lo físico y en lo gestual el más adaptado a subplantarte ahora que has decidido no pisar la Casa Hispánica sino esporádicamente para ver si algunas de las baratijas y de los volúmenes de relleno han sido retirados para dar pasos a los de tu preciosa biblioteca). Y yo me inventé entonces un alocado pastiche, -- a lo mejor no difería mucho de lo que en la seriedad escribía--, y entre las risas de los compañeros, los severos rictus de Maurer en carne de Sobejano y tu mirada ahora risueña que asistía como otro estudiante más a aquel sencillo homenaje, pasamos un rato poco académico pero agradable y distendido, que tú agradeciste con tu habitual pausa, mesura, cordialidad y maestría, dándonos de nuevo alguna clave sobre aquellas parodias de celebración anual en las universidades germanas, y sobre lo que debíamos hacer en un futuro profesional cercano en las aulas y fuera de ellas. Aquel día dejamos aparcado un poco al adusto y preciso Sobejano y empezamos a adentrarnos por la senda del afable y socarrón Gonzalo.

Cuál sería mi sorpresa cuando días después en un sobre perfectamente cerrado y con tu pulcra letra, misivas que uno abría con la emoción de lo distinto y con la palpitación del tesoro o la expectación de la glosa profesoral en su justa medida, me encontré con una separata sobre bernardinas (desconocía el género) y otros pastiches del siglo de oro, en la que me comunicabas también que aquella paródica prueba la había superado con cierta elegancia y sobre todo en la que confirmabas la certeza del rumor, fiat lux: no había tema ni divino ni humano sobre el que no hubieras hecho alguna pesquisa y publicación al uso. En fin que la ficción confirmaba la realidad y eso explicaba, en parte, tu admiración por la literatura de complejo armazón de espejos, de la que naturalmente nos habias dado una inolvidable muestra a través de un seminario sobre Cervantes.

Como sabes, la amistad con que honraste la de mis padres, me permitió a través de los años, continuar su recuerdo, en parte a través de ti en la lejanía pero siempre gracias a los afectos de la memoria. Habías sido un padre académico inigualable y habías dulcificado la severa pero dedicadísima labor de los míos, sobre todo la del exigente catedrático de economía, del que precisamente un gran amigo del padrino de Anaïs, el fino pintor y poeta sanroqueño, Juan Gómez Macías, se había distinguido en imitar dentro de aquella vetusta Facultad de Derecho de la Universidad Central, hasta que un día lo sorprendió sobre la tarima personificándolo, lo cual no le valió ninguna reprobación particular, excepto la de "cuando haya terminado, bájese de ahí y vuelva a su sitio". Aquel día tú tampoco nos descabalgaste, al contrario, aguantaste el chaparrón como lo has hecho hoy con encomiable entereza y generosidad.

Porque nos legaste dos lecciones, creo yo, entre tantas otras: la de que la vanidad es un nefando obstáculo para la independencia y que ésta sólo gobierna la república de algunos sabios, lejos de los dimes y diretes, que siempre han distinguido entre la paja y el grano, entre lo sencillo pero profundo y lo alambicado pero romo.Tú escalastes ambas cimas y desde ellas nos has guiado con tu encomiable vocación y entrega sin tener mala voluntad hacia nadie, como bien lo has señalado hoy, aspirando a personificar siempre la palabra buena de tu admirado Antonio Machado. En un par de semanas, recorreré a pie con particular emoción junto a un grupo de hijos y nietos de republicanos españoles de Francia, parte de la ruta entre Port Bou y Collioure que debió hacer don Antonio; así visitaremos, por primera vez yo, el cementerio de Collioure, y nos cruzaremos con el recuerdo y el camino de otro ilustre exiliado, Walter Benjamin, que llegó a Port Bou por la clandestinidad de la montaña para suicidarse en la sordidez de una pensión que olía a delación y miedo, entre la barbarie que siempre puede acechar tras cualquier acto de cultura, como trágicamente lo anticipó aquél.

Para mí esa ha sido tu mayor contribución a mi educación, más allá de toda tu inalcanzable y perenne sabiduría: el ejemplo de tu bondad donde nunca ha aparecido el resquemor y que yo mismo he intentado transmitir, no sin dificultades, a mi hija Anaïs en la tradición del abuelo que no conoció pero sí de la abuela de la que ha guardado tal memoria que se ha tatuado en el cuello en un lugar secreto su apodo: "yaya", y en un país que he terminado por reconocer sus bondades tan ciertas como las de origen. Por eso, el inmenso placer de haber podido compartir contigo estas horas, que la suerte de este viaje desde España me ha concedido. En una palabra, volver a la raíz de lo que somos porque lo fuimos a través de aquéllos que nos marcaron y que nos distinguieron con tanta sensata lección, ejemplo y obra. Y la emoción de que lo/te haya escuchado Anaïs, garantizando así su continuidad y vislumbrando al abuelo que no conoció. Todo ello, lejos de la mala voluntad por parte de esos universitarios que operan en nuestra tierra, la que Cernuda no reconocía, como si mandaran todavía sobre La Raya de Los Santos Inocentes de tu admirado Delibes, con el que también mi padre había compartido algunos ratos. Ésos que habrían intentado hacer de tu labor pasto de sus envidias e insatisfacciones y que gracias a la autonomía de estas magníficas instituciones de aquí has podido cultivar sin grandes sobresaltos. España y su universidad siguen todavía pagando en su endogamia la sangría de la Guerra Civil y su legado, y los que tocamos estas costas, hemos tenido la fortuna de beneficiarnos de todo lo que ellos perdieron.
Ya sabes que tengo además la suerte de compartir con Hernán (su abrazo y admiración) tantos conocimientos y recuerdos y que en tu ejemplo intentamos mirarnos a la par para poder guiarnos sin zozobra por el a veces proceloso mar del envoltorio académico y de todas estas tecnologías que pueden liberar pero como bien has dicho, también encadenan y distraen del camino espiritual.

En fin amigo y maestro Gonzalo y Sobejano: el cariño de éste que te quiere sinceramente y que te desea muchos años de felicidad en tu nueva vuelta del camino. Y basta según glosaste sobre "Nocturno yanqui" del admirado Cernuda: "Mata la luz y a la cama".
José María


Recuerdo de Helia Betancourt

Hoy, abro mi correo y sorpresivamente encuentro una breve nota de una antigua compañera de Penn: ¿Leíste el comentario de Estrella sobre Sobejano? Me sorprendió lo lacónico del mensaje; pero como en la constelación de recuerdos de aquella época, sólo había una “estrella”, inmediatamente busqué el “Blog de Chiqui” y allí, como esperaba, se develó el misterio.

Leí con especial atención tu detallada crónica del homenaje y las palabras de Christopher y de José María. Ellas me llevaron de nuevo a aquel momento en que todos los compañeros nos unimos para postular el nombre de nuestro querido maestro Gonzalo Sobejano, al premio que la Universidad de Pennsylvania otorgaba al profesor más distinguido del año. Más allá de la anécdota de aquella divertida representación que reseña con vívidos detalles Chema, (una compañera--no recuerdo ahora su nombre-- y yo, hicimos el papelón de sacarlo de su oficina, llevarlo al cuarto piso con cuantas disparatadas e incoherentes mentiras se nos ocurrían, mientras Sobejano escuchaba con cierta desconfianza y estupor aquellos extraños relatos; luego, ya en el salón, nos convertimos en “ángeles mensajeros” que le comunicamos la noticia del premio!”) , más allá, de que todos los compañeros rompimos el protocolo “académicamente correcto”, lo cierto es que, por primera vez, aquel heterogéneo grupo de estudiantes, con intereses y criterios diversos, al que nada ni nadie parecía poner enteramente de acuerdo, se unió en inusitada complicidad para agradecerle al maestro. En aquel momento, todos suscribimos la recomendación, todos nos unimos y todos fuimos en verdad compañeros. Fue un momento hermoso que, únicamente el ejemplo de un maestro como Gonzalo Sobejano, pudo propiciar.


Me regocija la noticia de que, además de ese espacio de agradecimiento que todos los que fuimos sus alumnos llevamos dentro, como reconocimiento a su destacada trayectoria, también exista un lugar en el que los futuros estudiantes, a través de de las diversas lecturas de su biblioteca, puedan compartir ese espíritu y esa inquietud que marcó el camino de los que tuvimos la suerte de compartir sus enseñanzas. Me regocija, que tanto tú, como Christopher y José María y todos los compañeros que asistieron al homenaje, hayan recogido el sentir de sus discípulos. Que también sea esta una manera de hacernos presentes en el homenaje a un maestro al que siempre tendremos presente. Helia

Nota: Helia es antigua colaboradora en nuestro blog.






“LaEdad de Oro” . Oreida Chú-Pund

Muy estimado profesor Sobejano:
Constantemente me preguntaba, ¿Cómo es posible que un Maestro como Gonzalo Sobejano con frecuencia diga: "No estoy seguro...", y, "Quizás esté equivocado..."? Estos y otros comentarios suyos, que me resultaban en un principio inexplicables, sobre todo de los labios de una persona que considerábamos una suerte de enciclopedia andante, para mí carecían de sentido.
Con el tiempo, conforme lo fui conociendo durante los años en que fue mi profesor, me di cuenta de que, además de ser un excelente crítico literario, poeta, y un hombre de gran sensibilidad artística y humana, su característica más notable era su sentido de humildad.

Su espíritu de justicia, su ética, su caballerosidad hasta en los más pequeños detalles, al igual que su natural talento para la enseñanza y su generosa actitud hacia los estudiantes, nos llevó a nominarlo al premio como profesor distinguido de la Universidad de Pennsylvania. Supongo que el comité que recibía las nominaciones, quedó asombrado al constatar que todos los estudiantes de la facultad, sin excepción, suscribieran una recomendación tan convincente y tan unánime.

Días después de ese homenaje, el maestro Sobejano con su característica humildad, se dio a la tarea de llamar a cada uno de los estudiantes del departamento para invitarnos a compartir con él una velada en su casa. Fue una tarde muy especial, nos abrió las puertas y para cada uno de sus alumnos tuvo una atención cálida que hizo que nos sintiéramos, en verdad, en casa. La ocasión también nos brindó la oportunidad de curiosear la “famosa biblioteca” del profesor y recrearnos con los magníficos cuadros que colgaban en las paredes, algunos, según recuerdo, obra de su abuelo paterno.

Esos momentos son parte de toda una época que todos considerábamos “La Edad de Oro” del Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Pennsylvania. Fuimos privilegiados de ser parte de ella y de tener maestros como Gonzalo Sobejano, Peter Earle, Paul Lloyd, Rusell P. Sebold y Samuel G. Armistead.

Las enseñanzas del maestro Sobejano siempre me han acompañado y siempre me acompañarán. No queriendo sobrepasarme, finalizo reflexionando que, apesar de que el famoso cenicero con la letra "S" - que le regalé - no lo estimuló para dejar de fumar, sí inició una relación amistosa entre el Maestro y su estudiante, relación incomparable que ha perdurado a través de los años y que tengo en gran estima.

¡Felicitaciones por este nuevo homenaje! ¡Enhorabuena! Y aunque no estuve físicamente en la actividad, también lo tengo presente de muchas maneras.

Oreida Chú-Pund




Gonzalo Sobejano, “La Real Cosa”




Tomar un curso con Gonzalo Sobejano me cambió la vida. Conocerlo a fondo y compartir unas que otras colaboraciones académicas, me la enriqueció en formas sutiles y sublimes.

En 1963, llegué a Nueva York de México fresco, ingenuo, y más o menos un vato loco Spanglish para chambear. Trabajaba fuerte yo comenzando a los once años y ya con mi flamante licencia de la Universidad de las Américas en mano, ahora sí, buena lana en el antro supremo del coloso del norte (gracias, José Martí). Caí, fresco e ingenuo en el departamento de parques de la ciudad de Nueva York de “recreation leader”, haciendo de árbitro de béis y de fut en un parque en Queens donde se había formado Henry Miller. El empleo no fue exactamente la culminación de mis anhelos.

Para mi el trabajo siempre era físico y trabajando duro y sudando, a la vez me lo pasaba muy bien en lecturas de toda suerte, muy desordenadas, y de ensueños e ilusiones a la par.

Me había especializado en filosofía en la Universidad de las Américas (en ese entonces en la D.F. sobre la carretera a Toluca), y además del empleo, se me ocurrió tomar un curso en Columbia. En el verano de 1963 asistí a un tal Philosophy of Evil. “Un mal supremo, la causa de todo el mal, es una imposibilidad absoluta, porque el mal no es nada sino una privación de ser; si, entonces, existiera cualquier mal absoluto, sería una privación de todos que son, y por lo tanto sería una nada absoluta.” ¡Ay bendito! Líbrame del aburrimiento y la abulia de la filosofía del mal. Qué cosa más enmarañada en el sofismo del tomismo.

Desengañado de los filósofos Columbianos, decidí tomar otro curso el otoño de 1963 pero en otro campo, con una dimensión nueva. No sabía yo nada de nadie y de pura chiripada me topé con Gonzalo Sobejano que justamente había llegado de Alemania para integrarse al departamento de Español y Portugués. En su curso sobre el teatro caí como un paracaidista o quizá como un sonetista de repente. Fue una de esas experiencias transmogrificadoras, despertar una mañana como una cucaracha pasándola de maravillas en el techo de una biblioteca. Pues, Gonzalo, con tu presencia como modelo por primera vez supe armar las consideraciones intelectuales o fantasmagóricas con una carrera profesional. And the rest was history.

¡Pero qué linda historia! Y ahí va de cuento.

Bueno, Nora Glickman, Karen Van Hooft, Gonzalo y yo cada vez que pasamos por la New York City, nos juntamos para rememorar y a la vez sorpresivamente descubrir lo que nunca sabíamos antes. Hace menos de un año supe de tu boca las experiencias becquerianas y sobejanas de tu juventud con la rubia musa que tan bien las ha expuesto Estrella, y sin duda porque eso se manifestó con tus interacciones con Estrella y Christopher.

Te confieso que en esos años de los 60 cuando ni la máquina de escribir electrónica (IBM) no se había impuesto mayormente menos la avanzada tecnología de la búsqueda de información, pasé la gota gorda buscando por todas partes tu Eco en lo vacío de lo cual nunca te referías pero por un azar académico me enteré de su existencia. Fue, creo, indicación de tu noble humildad e impecable profesionalismo que en ninguna ocasión mencionaste tu lado creativo. Pero ahora sí que sí, en algún restaurante cómodo o en tu apartamento los cuatro jinetes—Nora, Karen, Gonzalo, Gary—lo discutimos todo con la libertad y rica selección de toda una vida experimentada. Y ya sabes lo que me encanta tu poema sobre el caballo de Troya, departiendo del famoso y fastuoso Riverside Church, copia inerte y desierta de Chartres. ¿Y recuerdas los días cuando los cuates (bueno tú los llamas mellizos) los trajimos la Mary y yo al campus de Berkeley cuanda estabas estacionado allí por un semestre de visiting? Y lo pasamos retebien Helga y tú, Mary y yo y el Thomas y Shawn corriendo con sus patitas recién entrenadas, divagando, divagando por el camino. Ellos sí que eran caminantes que con sus arranques peripatéticos crearon su propio camino. ¡Que gusto nos va a dar todos publicar algunos de tus poemas en la Bilingual!

Ay, y publicaciones, ese proyecto tan entretenido de compilar y editar, Cuentos españoles concertados: De Clarín a Benet (Harcourt Brace, 1975) con la aportación de notas y glosas de Karen S. Van Hooft. 1975, wow. Pasan los años y todavía aparece algún fulano o zutano que me pregunta que quiere decir eso de “concertados.” Lo que antes me causaba molestia, ahora es una nostalgia dulce y consolador.

Y ahora, las nuevas aventuras. La primera salida de Gonzalo Sobejano a Tempe, Arizona para dictar un trabajo sobre aventureros, guerrilleros, y bandidos generosos, sobre todo en el Quixote. Para 2010 lo publicamos en un libro titulado, Good Bandits, Warrior Women, and Revolutionaries in Hispanic Culture.

Cuando se cultiva una colaboración extensa, una amistad prolongada, ocurren cosas. Sorpresivamente (para mi que desconozco Murcia), encontraste el terreno de nuestra parte de Arizona recordativo de tu patria chica. Y concertamos (sí que pude meter la palabrita) si fuera posible, me conducirías por la tierra natal de Murcia donde voy a poder apreciar con más intensidad tu formación y la presencia de tu padre, Andrés Sobejano Alcayna, por quien Dios sobrevuela este mundo, y tu abuelo, José María Sobejano, el ilustre y reconocido pintor de cuadros enfáticamente murcianos.

Christopher Maurer hizo unas reflexiones bellas y acertadas sobre la naturaleza de Gonzalo Sobejano, y entre lo que hizo hincapié fue la humildad pedagógica de Gonzalo en la aula de clase pero nunca al extremo de subvertir la lección de una crítica acertada. Para Gonzalo ha sido una forma de vida mirar, ordenar, y explicar el mundo y la cultura con esa humildad perfecta que sabe distinguir entre el sardonismo o sarcasmo, llamémosla quevedesca y la ironía bien intencionada, con gracia y matices de humor, y de intención instructiva, no demoledora.

En todos los cursos que tomé en los 60 con el ilustre profesor, jamás vi incidente alguno, y había algunos donde una sacudida fuerte hubiera sido justificada, en donde Don Gonzalo hizo que alguno de los estudiantes sintiera diminuido en su ánimo. Y yo asistí a muchos cursos, panorámicos como la novela del siglo XX o la poesía del Siglo de Oro, o monográficas como sobre Baltasar Gracián o El Libro de Buen Amor. Confieso que el curso que todavía conservo más viva en la memoria fue del Arcipreste de Hita. Una clase en la misma Casa Hispánica, íntima y apasionada, ambos, estudiantes y su profesor. ¡Todas esas formas de amor que pertenecen a la condición humana! El loco amor, el buen amor, el eros calentador con una serrana, el amor a Dios y el amor de Dios. Y la alentadora finalidad en cuanto a la jerarquía moral de estos tipos de amor. Roma locuta, causa finita.

Creo que en esa clase tan íntima y selecta donde tuvimos la oportunidad gloriosa de detenernos línea por línea en algunas partes tan reveladoras, que como se transustanció el amor al sujeto, al texto, al profesor por los estudiantes y del profesor a sus estudiantes. Allí mi modelo ejemplar para una carrera por toda la vida repasando humildemente y detenidamente, con completo dominio y autoridad, todas las formas de amor humana y divina y revelándolas en un texto medieval no fácilmente accesible.

Los griegos distinguen entre eros, el amor sexual, philia, el amor fraternal o generalmente no-sexual, y por último, ágape, la forma más pura, supremamente intenso y totalmente liberada de cualquier interés o agenda personal. Cuando en 1 San Juan 4:8 se dice que “Dios es el amor” el Evangelio en griego usa el termino ágape. C. S. Lewis, en su libro The Four Loves, describe ágape como la forma más alta del amor conocida por la humanidad, un amor desinteresada y apasionadamente comprometida al bienestar del ajeno. Gracias, Maestro Sobejano por la lección. Magíster dixit.





martes, mayo 05, 2009

For Sale: El Molí del Salt. Poblet -Tarragona



La visita a mis amigos Elvira y Luis merece un cierto ‘mimo’ que no siempre doy a las entradas de este blog.

En tierras desconocidas acabó este año mi viaje a España: raro, para alguien que nunca vivió en la península más de tres años en el mismo sitio antes de desterrarse a territorio Yankee.

El trayecto en coche, desde la estación a Vimbodi-Poblet (Tarragona) con un conductor a lo Steve McQueen y buena conversación, no me distrajeron un ápice del paisaje.

Después de los tristes Monegros, por los que corría el Ave más a prisa que nunca, me encuentro en una autopista cercada de verdes y escalonadas montañas, cambiantes nubes entre limpios azules, y colores juguetones que tiritan en la fresca mañana de abril. A la falda de estas montañas, miles de soldados enanos guardan esta belleza: inmóviles, graciosamente en líneas verticales...u horizontales--según la perspectiva del que los observa--extendidos sus brazos. Mi querido amigo, que seguro se está pasando el límite de velocidad, me aclara que son viñedos. Nunca había visto tantos juntos, ni desnudos; quizás por eso la novedad para mí: esa morena desnudez aquí y allá; erectos, en armoniosa disciplina… Me sugieren una escultura que sólo la naturaleza podría haber creado.
Los carteles de “Torres” y “Codorníu” empiezan a aparecer. Ya nunca veré una botella de vino, con el torito colgando, sin pensar en este paisaje. Es más, la compraré!

Tranquilizante ver que, entre todo este campo trabajado por el hombre de nuestro tiempo, aparezcan con frecuencia ruinas romanas: lo que fueron conventos, murallas, castillos, algunos de ellos restaurados. Antiguas masías o edificios, en un tiempo humildes molinos o albergues de producción manual (el Teular: donde se fabricaban tejas) se hallan convertidos ahora en hermosos paraderos, restaurantes y casas particulares de apacible retiro. Todos a una distancia arropada por la naturaleza pero lo suficientemente cercana para cualquier buen andador, como Elvira.

Y siempre, a la vista, el Monasterio de Poblet.

Llegamos al Teular donde Elvi nos recibe en la cocina experimentando con uno de sus improvisados guisos. No seguiré. Este mágico sitio tiene su rincón en mi memoria y por tanto lo tendrá en el blog algún día.

La tarde se nos avecinó con amenazantes nubarrones. No le di mucha importancia, ya bien absorta estaba con todo lo que me rodeaba. Llovió, tronó y centelleó toda la noche. Los dioses no estaban contentos con mi llegada.
Por la mañana, con una luz cegadora, nos dirigimos al Molino (Molí del Salt) para asegurarnos que la naturaleza no había traspasado sus límites. Los había respetado. Pero había dejado tras si una señal de su poder. Un espectáculo para que yo, y los inquilinos que ese fin de semana ocupaban el Molino, nos recreáramos en ella… un show, dicho en términos paganos. El Salto, que apaciblemente arrulla el entorno, se hacía notar hoy con el rugir de la abundancia de agua que llevaba…agua del color de la tierra que por allí se da. El color del Molino. La gente del pueblo, al otro lado, sabía que no se podía perder el momento. Los inquilinos de turno se sentían afortunados por haber disfrutado de algo singular; Elvira, y yo paseábamos por allí embelesadas no sólo por el torrente de agua sino por los cambios de colores, olores y el comportamiento de la gran familia de Koi que habita el estanque (El Poeta, El Emperador…y las nuevas generaciones que les siguen) Fue entonces cuando supe que el Molí del Salt
SE VENDE”. De hecho ya tiene un par de pretendientes, Sus dueños quieren asegurarse que el entorno sea respetado.

Mi imaginación empezó a galopar.

El edificio tiene cuatro apartamentos con entradas independientes. La construcción de primera calidad en sus materiales y la decoración de exquisito gusto y sencillez. Las vistas, desde cualquiera de los apartamentos, ofrecen la naturaleza en estado cambiante y los cuidados y hermosos jardines, estanque, piscina, pérgolas, fuentes…

Hoy despierto en un nublado Boston, mi escritorio lleno de sobres sin abrir… recibos por pagar, varios mensajes de telefono sobre piezas de joyeria que necesitan reajustes y cambios… Me acuerdo del Teular. Recuerdo el Molino.

¿No sería estupendo reunir un grupo de amigos donde poder retirarse parte del año…? El resto hasta lo podríamos alquilar, como hacen ahora. Alguien me daría una hipoteca? (under the counter…) Ya les propuse hace unas semanas que compráramos algo en Portugal… Para los que no les atraiga la playa y les fastidie la arena entre los dedos, we’ll always have… el Molino!


Páginas web del molino:

http://www.molidelsalt.com/

http://tinyurl.com/cojwpv

miércoles, abril 29, 2009

SHORT BUT SWEET


Mi paso por Madrid este año ha sido ‘short but sweet’. Llegué para celebrar el santo de mi querido tío y me voy después de asistir a la presentación de su libro; ocasión que merece una entrada en el blog. He pasado momentos preciosos con aquellos que durante años me esperan para reanudar la conversación que no acabamos el año anterior.
Las comidas con la familia. Las escapadas con mis primas: de compras, de copas…Las fotos de grupo que he censurado - era mi cámara - y que nunca asomarán a la pantalla de un ordenador… por yo no haber salido bien. El resultado de mi vanidad: me vuelvo sin una foto de las cuatro juntas! Tendré que esperar a que sean más viejas…Las jodidas no sólo son guapas sino fotogénicas.
Los taxistas: las conversaciones monótonas, deprimentes; les faltaban esa chispa de ingenio de otros años... la depresión económica. Después de cada intercambio de opiniones - y para unos días que pasaba por aquí - he acabado dando unas propinas que hasta yo, que soy generosa, me he sorprendido.
La luz de Madrid. Las mujeres arregladas, como si fueran de boda, para ir al mercado; las marcas a la vista. Los maridos que buscan, las esposas que esperan. Dos amantes de la mano, ya en sus setenta…se nota que no llevan cuarenta casados. Los que soñamos despiertos cuando no podemos dormir, como ocurre esta noche.
Las caras que nos recuerdan a otros que conocíamos hace años…pero que probablemente no reconoceríamos si nos cruzaramos con ellas. Precisamente esa cara que durante veinte años hemos buscado en otros, y que sabemos no volveremos a ver. Pero quizá el azar nos sorprenda a la vuelta de una esquina, al entrar en un restaurante….
Las miradas que se cruzan, las que se evitan cuando alguien te pide unas monedas. Las niñas sordomudas, las prostitutas que ya avanzan a lo largo de la Gran Vía…



Hoy, mi última escapada a La casa del Libro: “Lampedusa”, de Rafael Argullol. Un libro escurridizo que no ha querido hacer el viaje solo a EE.UU, por correo. Caprichoso que es él…el libro.

Después he descubierto un rincón de lo más atractivo de Madrid. Quién lo iba a decir? en el Corte Inglés de Callao. La cafetería, en el noveno piso. Me dirijo a su ‘Arrocería’. Son las tres y media y la sala está vacía; Bueno, no, un distinguido caballero sentado a la entrada del comedor. Pregunto si todavía sirven. El camarero me indica que me puedo sentar donde quiera. Voy al final de la sala, camino hacia una ventana desde donde diviso medio Madrid: El Palacio Real, La Catedral, lo que yo llamaría el tercer tramo de La Gran Vía. Al fondo otros edificios y parques que medio puedo identificar. Pensé en Antonio López. También en Gonzalo Goytisolo Gil.

Extasiada en el inesperado panorama, con mi arroz valenciano (en recuerdo a mi hermano, a quien no he visto en este viaje) me bebo una caña fría.
Cuando pido el cheque, el amable camarero me anuncia que la comida la paga la casa. Pensaba que era una broma pero, al insistir, otro camarero con aspecto de saber mas me sonríe y repite que la comida está pagada y que disfrute de mi estancia en Madrid.

Ya ven, la magia de la gitana de Sevilla empieza a hacer efecto.

lunes, abril 06, 2009

LA BUENA VENTURA

Saliendo de la Plaza de España, camino al parque de María Luisa, una gitana me había cogido la mano y plantado en ella una rama de romero fresco que olía a gloria. El olor me despertó a una serie de oraciones que la gitana recitaba al estilo de letanía. Fue cuando oí “tu eres una persona de una sola palabra” que me di cuenta que me estaba leyendo la buena ventura. Quise deshacerme de la gitana pero no había forma: la calidez y dulzura de esa otra firme mano casi la pedía la fresca mañana de abril sevillana. De todas formas insistí que no llevaba suelto…

“No quiero dinero, solo quiero que te acuerdes de esta gitana y me creas, eso es todo lo que quiero…” Siguió con su letanía. Yo cautivada por su generosidad y por los aciertos:
- eres una persona que ha tenido dificultades y las ha sabido enfrentar
- has derramado unas pocas lagrimas
- quieres con el corazón y no te importa a quien (?)
- alguien en el cielo te está mirando ….

Aquí me traicionó la emoción y retirándole la mano le dije: Está bien, volveré por aquí cuando tenga suelto y le daré algo. Ella me contestó, mientras se sacaba un fajo de billetes de varios colores del pecho: “Yo tengo cambio… el pago tiene que ser ahora porque después traería mala suerte” . Esto último empezaba a volverme a la realidad.

Para entonces la gitana iba a tal velocidad…! Sabia que no podía dejar a su presa pensar.
Oyó unas monedas y, como si de un sacrilegio se tratara, se alejó de mí diciendo que las monedas traían desgracias que no quería para mí. Saqué un billete de veinte euros que la gitana recogió con tal rapidez que ni sé dónde fue a parar; seguro que entre sus senos. En estos momentos me echaba la bendición (yo muy atenta a que me tenía que dar la vuelta de los veinte euros!) que consistía en poner dos aspirinas en un vaso de agua y después de dos días tirar el agua. La otra mano dictaba la necesidad de encender dos velas en aceite durante esos dos mismos días, después de los cuales todas mis penas desaparecerían.

Insistí en la vuelta y me dio cinco euros. La sangre gitana de alguno de mis antepasados salió a relucir ( por algo soy granaina) y la gitana me ofreció un billete de diez. Seguí protestando y diciéndole que cinco estaba muy bien; ella me señaló a la derecha mientras me decía “No, no, también se le ha leído la palma al niño”. El niño tiene barba y bigote y ojeras a lo Gustavo Adolfo Becquer.

Ay, Dios…ahí estaba mi hijo intentando deshacerse de una joven gitana y con mirada suplicante pidiendo que lo salvara.

Le dejé los diez euros y seguimos camino al parque de María Luisa.
Tres días después todavía pienso en que debería comprar unas aspirinas y un par de velas.

Dinero bien ganado y mejor perdido!

jueves, abril 02, 2009

SEVILLA TUVO QUE SER



Hoy en Sevilla, acompañada de un chaval que atrae las miradas, y a quien he aturdido por completo llevándolo por mi vicario de hace años: el Instituto Velázquez, de donde me gradué; la casa en que vivimos, el jardín donde enterramos a nuestro perro (Bingo)… La cafetería en la que hace más de 35 años di calabazas a un gallego que vino a pasar el verano, por aquello de conocerme mejor: ¡Y mira que le había advertido de ‘la caló de Sevilla’ y lo a gustico que estaría en Vigo… ! Al despedirse me dijo, textualmente: “No sé por qué estoy tan obsesionado contigo; he salido con chicas mucho más guapas que tú”. Creo que le contesté: ”Tú sabrás”. Me quedé con un gran remordimiento. Una de esas situaciones que planteaba Parreño en su historia.

Y, cómo no, los lugares que me recordaban a aquel ganadero de piel almíbar, ojos verdes y pelo castaño quemado por el sol… Joven, pero con entradas incipientes que lo hacían irresistible. El que se sentaba en la Maestranza justo detrás de nosotros. El que me instruía en las faenas de la fiesta – fiesta que hoy no podría soportar… El que esperaba que me comportara como una mujer y yo sólo quería estar pero no ser.

He sentido la esperanza de que el azar fuera hoy bueno conmigo, como tantas otras veces lo ha sido, pero no.
He pasado por la calle Eloy: no sabía que tuviera una calle…
Sevilla, una locura: los sevillanos, los extranjeros, los escaparates vestidos entre ‘Semana de Pasión y de Feria’. Las motos, las bicis, el tren de la zona peatonal… los kioscos, el polen, las casetas a medio construir y el olor a incienso en las tiendas.

Ya se están instalando las gradas y las sillas a lo largo de varias calles; engalanando los balcones. Un torbellino. Son las 9 de la noche y he dejado a mi acompañante comiendo chocolate con churros – vaya lata que me ha dado el niño todo el día con los ‘churros de porra’ – yo me he venido a este moderno hotel, con INTERNET , que una buena hada de dulce nombre me encontró anoche, a última hora, cuando decidimos pasar el día aquí.

Mañana, de vuelta a Manta Rota. Mi querido compañero: a Sintra, Lisboa, NY. Bronceado; con un corte de pelo - sugerido por mí- que le mortifica pero que ha decidido ignorar para no aguarme la visita.
Si todo tuviera la solución de un mal corte de pelo…!

martes, marzo 31, 2009

ISLA TAVIRA

Más besos y más pescado fresco…y rodeada de agua...
Chiqui

miércoles, marzo 18, 2009

UNA HISTORIA QUE NO COMENZÓ.



En la primera página de “Poemas de AMOR Y NO”, de José María Parreño, se encuentra lo que yo llamaría ‘un micro cuento sin título’. Imposible no leerlo; comienza: “Íbamos bajando por una calle de Lavapiés,”… y nos relata una situación bien común: romántica, frustrante…divertida.

Con una sonrisa, y moviendo la cabeza, acabé el paseo por Lavapiés con la pareja. En cierto periodo de mi vida solía preguntarme con frecuencia ¿Qué he hecho yo para que éste piense que tengo un interés romántico en él?
Yo no aprendía y ellos se confundían…Familiar, ¿verdad?
¡Disfrútenlo!




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Ibamos bajando por una calle de Lavapiés, tan vertida hacia el horizonte que parecía conducir hasta el mar. Ella dijo: “Me gustan las cosas mientras no las tengo. Una vez que son mías, ya no me importan. Las desprecio”. Se exprimía sobre nosotros uno de los últimos soles del verano. Había en todo una extraña energía melancólica. Sin mirarla, contesté: “No conozco a nadie que no lo haga”. Estábamos en esos preliminares del amor en que, con desgarrada franqueza, se exponen los peores rasgos del carácter. Acaso por la vanidad de pensar: “Le gusto tanto que, a pesar de todo, quiere estar a mi lado”, o buscando la tranquilidad cínica de saber que algún día podría recordarse este momento diciendo: “Ya lo sabías, yo te lo advertí”. Ella continuó: “Tú me das miedo, eres tan impulsivo, pero también eres capaz de actuar con total frialdad. Y además, eres escritor y en el fondo, lo único que de verdad te importa son tus libros”. Me maravilló esa facilidad para describir impávida la amenaza que llevaba de la mano.* Yo le dije: “Ya que sabes tanto, dime cómo acabará nuestra historia”. Y deteniéndose, casi irreal ante una iglesia en ruinas, bordada de esvásticas azules, contestó: “Esta historia no tiene final, porque no ha comenzado. Sólo existe en tu imaginación, que convierte mis comentarios en oráculos, y una caricia en un pasado en común”.
Lo tuve que admitir. Lo admito ahora. Sé que cuando levante la pluma del papel, ella y yo, tal y como los he nombrado, no habrá existido nunca. O si existieron, no éramos nosotros.

José María Parreño



*”Loco, malvado, peligroso de conocer. Pero en ese bello y pálido rostro se encuentra mi destino”. Del Diario de Lady Carolina Lamb, al concer a Lord Byron.


lunes, marzo 16, 2009

De una cordobesa a una granaina, ¡casi na!

Se me acercó al final de la lectura de poesías de “Tres poetas españoles”. Con ojos negros centelleantes y una milagrosa sonrisa me dijo: “Tú ereh Estrella, verdá?”. Nada más oírla supe que era Carolina…esa cordobesa que tropezó en la misma piedra que yo tropecé hace años. Le contesté:

“Ah, me reconociste por mi acento andaluz”.

-“Nooo, que vaaa!, te reconocí por tu comentario. Sólo una andaluza podría haber dicho lo que tú dijihte y cómo lo dijihte”.

Total, que ya no me queda ni rastro de acento andaluz. Ni mi pobre madre, si resucitara, me reconocería. Pero ahí está Carolina: me manda un curso acelerado de cómo hablar andalú. Y…, digo yo, !pueh claro que zí! Con el coñazo que dan loh catalaneh, loh gallegoh, loh valencianoh… ¿Por qué no EL ANDALÚ?

Aquí le dejamoh el video, de parte de doh andaluzah, en dehtierro voluntario, pero con unaaa ganaaa enormeee de que el español en EE. UU. tenga acento de Dehpeñaperroh pa bajo!!!


domingo, marzo 08, 2009

TRES POETAS ESPAÑOLES EN BOSTON



Foto de Mireia Sentis, Walden Pond, Concord. De izda. a dcha: José María Parreño, Alan Smith, Graciela Baquero y José Luis Gallero.


Patrocinado por Boston University y su Humanities Foundation y el Consulado de España en Boston, tuvo lugar la semana pasada una sesión especial del congreso de la NeMLA (Northeast Modern Language Association).

Tuve la fortuna de conocer a tres poetas españoles que no sólo nos dedicaron una velada de variada poesía sino que nos sorprendieron con su acogedora personalidad.

Graciela Baquero y su exuberante gracia ganaron al público: “¿de verdad que no estáis cansados?”… “bueno, uno más”… “ya os dejo en paz”. Acabó la sesión regalando una elegante cartulina con uno de sus poemas firmado por ella. A mí me tocó este.

Nos leyó de su libro Cronicas de Olvido, inspirado por aquella desarrapada alcohólica que una noche le increpó en la calle aquello de: “ya no me conoces…, ya no quieres conocerme. Pero yo soy tu hermana…, yo soy tu hermana Olvido”. No sabía Graciela que este sombrío incidente le inspiraría uno de sus mejores libros.

José Luís Gallero, que cerraba los ojos mientras escuchaba a sus compañeros, nos leyó unos aforismos, o sentencias, como estas: Ultimo: el último exceso será la contención. Inocencia: todo lo que no es inocencia es ignorancia. Ligero: ve ligero aunque te pese. Investigar: investigar los pasos de alguien es investigar sus tropiezos. Dedicó a Alan Smith, organizador de la velada, un poema de la serie Titulcia Suite. Desapareció su aparente timidez en la cervecería alemana donde nos reunimos después.

José Maria Parreño, hojeaba su libro regalándonos: amor, ausencia, desengaño, desesperación y esperanza, con un tono de descuido y cansancio… Fue después de la lectura - en persona - cuando uno se encuentra con un hombre de fina ironía; un seductor casi infantil que reparte cariño y sonrisas a los que le rodean.

Les dejo aquí unos poemas de mis favoritos, no necesariamente los que fueron leídos por los autores.

Graciela Baquero

De Crónicas de Olvido (selección)
1.
Olvido y yo entramos a la vida en un mismo golpe de labios convulsivos. La madre no percibió el doble nacimiento y lloró por el hecho de habernos perdido, y lloró por su cuerpo como casa de nadie, bramó como las bestias en noches imprevistas.

Sin embargo nacimos… La sangre cubrió nuestro único cuerpo y las laderas de una inmensa montaña.


7.
Ella me dice: “Has de estar a bien con tu tarea”. Y lo repite insistentemente por que no me malogre. Sé que nada le importa lo que escribo, pero no me deja desistir. A veces enloquezco.

Para aliviarme, me enseñó a enhebrar agujas, a reconocer el sabor en el olor de las comidas y a hacer la cama como quien ordena la guarida de un planeta.


19.
En invierno solemos pasar muchas horas en los bares. Nos gustan los bares. Nos gusta fumar en los bares. Tomar café, vino, ginebra a pierna suelta. Nos gusta confesarnos, dar la espalda, dar las gracias en los bares. Nos gusta ensombrecernos, besarnos, desaparecer, dormir niños, cantar, jugar a alguna cosa, hacer cuentas, reír, arrepentirnos de todos los excesos y sin embargo volver a intentarlo, una vez más, en las mismas circunstancias.

Olvido es quien se empeña y yo… me dejo hacer.


43.
“Que la suerte te acompañe”. Ese es el mensaje que ella tiene para mí durante el tiempo continuo de los viajes.

Ella va a desaparecer entre lo indecible. Va a evadirse hasta de su nombre, como en nuestro primer día cuando, naturalmente, su sangre se deshizo de mi cuerpo para ser su propio acontecer.
Olvido no hace concesiones, no me abraza sabiendo que lo imploro. Sujeta la gravedad de la noticia en mi cabeza y dice: “No tiembles. Todo saldrá bien”.




José Luis Gallero

PETRARCA EN TITULCIA

real demasiado real es el lugar
al que nos han conducido nuestros sueños

un valle devastado y un río en cuyas aguas
ensucia la luna su sonrisa

ya no duermen las garzas en el cañaveral
no anidan en el cantil las gaviotas

pero patrulla el grajo la línea de ribera
un ánade risueño chapotea entre escombros inauditos

ulula el chotacabras medra la retama
afila sus uñas el esparto

señal de alarma entre las siemprevivas
una amapola solitaria se ha encendido

bajo la alta estela de un avión juega el milano
contra el viento del norte una hilera de cigüeñas remonta la corriente

mudas un instante las graveras
dejan escuchar el traqueteo de un tren de cercanías

prende entonces el murciélago las luces de Titulcia
senda del buen amor frontera de la mala guerra

jamás el Jarama discurrirá tan veloz
como se aleja bajo sus puentes el tiempo de la vida


MEDITACIÓN DE MARCO AURELIO

nadie pierde otra vida que la que vive
ni vive otra vida que la que pierde

la tierra entera es un punto
y allí donde habitas qué diminuto recodo

cultiva la disposición de abrazar cuanto acontece
en la incesante mudanza mantente imperturbable

dificultades obstáculos escollos se tornan favorables
desfavorable a menudo el camino expedito

más que a una danza
el arte de vivir se asemeja a un combate

enseña a los hombres o aprende a soportarlos
sólo quien se aleja de la justicia fracasa


Señales de humo

al este
el sol
un pan
crujiente

el alto
norte
duerme
vela

lento
río
el tiempo
al sur

oeste
de luz
amiga
del alma

[Los Angeles, 1994]


José María Parreño
De Poemas de amor y no (1981-2005)


sin sueño ni apetito
solo dispuesto al dolor vivía
en todas partes veía tradición
y tejía mis pasos la locura

me olvidaron mis amigos
mis enemigos
me cubrían de calumnias
perdí mi dinero
perdí mi confianza
cada día era un sepulcro
un puñado de tierra caía en mi rostro
cada día que pasaba

hoy todo lo bendigo
porque fue mi dolor lo que te atrajo
como la fruta al pájaro goloso
aunque estabas lejos regresaste

como tormenta de almíbar regresaste
y con tus labios refrescaste mi frente
y con mi cabeza apoyada en tu pecho
vi a mis enemigos convertidos en niños

has trocado mi sollozo en aliento
dentro de mi boca
tu lengua borró mis maldiciones
y cantó
a tu lado la miel
no sabe dulce.


***

platón asegura que el tiempo es circular
que volverá a afirmarlo que esto mismo
ya lo ha repetido

san agustín refuta esta doctrina
en su civitas dei
mas yo la creo

yo quiero creerla
porque aunque sea precisa mi vejez
y otra vez
los océanos hirviendo bajo un sol inminente
la plegaria ante el fuego
platón y la escolástica la muerte de mi padre
con el asombro de la primera vez
te besaré en los labios

***

LLUVIA

De todo lo que vuela y nos hace sufrir,
nada más compasivo y simple que la lluvia,
nada tan frágil y a la vez tan invicto
y nada con su misma promesa de frutos y verdor.
Mírala,
como un mar derrumbado,
como ruinas de una atmósfera de agua que existió.
Muchas veces me empapa de nostalgia y me hace nudos
que escuecen al tragar.
Será porque la lluvia
cubre bosques que has amado conmigo,
nos ha mojado juntos, imparcial, minuciosa,
en lejanas provincias junto al mar.
Y para siempre tendrás lo que te he dado,
de mi regalo nunca podrás huir
ni devolvérmelo.
Y cuando llueva, cada gota en tu cuerpo será un beso,
un beso que no pude nada a cambio,
que atravesará los impermeables, los paraguas,
diciéndote con su idioma monótono y dormido
que te quiero.

lunes, marzo 02, 2009

EL DÍA MÁS FELIZ DE TU VIDA



Yo no recuerdo cuál fue… pero me lo acaban de decir. Ha sido esto lo que me ha envenenado el alma, y no ningún amor traicionero.

He decidido contarles la historia.

Les dije que la ceremonia de mi ciudadanía americana había pasado sin pena ni gloria. Así lo percibí en otros, mientras lentamente avanzaba una cola que rodeaba el edificio de Faneuil Hall. Un día sombrío, muy bostoniano. Se nos distinguía por el color de la piel: nos habían dicho que vistiéramos de acuerdo al festivo evento y todos parecíamos pertenecer a la clase media alta. Miraba a mi alrededor y reinaba el silencio; las miradas perdidas, ya en el suelo o en las nubes, como el que espera despedirse de un gran personaje muerto.

No soy patriota, ni aquí ni allí. Mi estado de ánimo era como cualquier otro día; vaya, acompañaba al tiempo. En un momento dado alguien se acercó interrumpiendo la apacible calma. Era un ‘ya ciudadano’, seguro que de nacimiento, con pinta de boxeador y un micrófono en la mano. Con un derroche de energía y entusiasmo, que me reventó, me preguntó:

“Nos podría decir que significa este día para usted”.

Le contesté indiferente: “Llevo en este país 30 años...” El chico pensó que no lo había entendido y me volvió a preguntar: “pero, qué significa para usted ser ciudadana americana”…Yo pensando: ¡de cientos de personas este gili….. se ha tenido que acercar a mí?! No pude disimular mi irritación y en tono cansino le contesté: “Fine! Great!” mientras lo miraba con exasperación. Entendió perfectamente la situación, se volvió a la cámara – que yo veía por primera vez- y en un tono exageradamente sarcástico repitió “Fine! Great!” El resto de los que iban en busca de la felicidad seguían adelante sin pestañear. Me llegué a preguntar cuántos entenderíamos el inglés; quizás la solemnidad y ensimismamiento sólo era parapeto de la ignorancia.

Fue entonces, dentro del histórico edificio, durante las dos horas que llevó la identificación de aspirantes y la entrega de certificados, que fueron pasando varios sobres con información pertinente a los intereses de un buen ciudadano: cómo registrarse para votar, cómo sacar el pasaporte…, un librito explicativo de la Declaración de Independencia y la Constitución de los EE.UU.

Entre todo este material me encuentro esta mañana una tarjetita - tipo carné - en azul celeste. Ahí me explican cual ha sido el día mas feliz de mi vida (¡Qué osadía!, ¡Qué sandez!) Al final hay un reglón para la firma, dejando así constancia de ello… y que no se me vaya a olvidar.

¿Podrían ustedes decirnos cuál ha sido el día más feliz de su vida? Si no se acuerdan, háganse ciudadanos americanos y se lo dirán.

Traducción de la tarjeta:

Hoy es el día más importante de mi vida al hacerme ciudadana de los gloriosos Estados Unidos. Prometo mi lealtad; y que cada uno de mis actos y palabras sea de elogio y agradecimiento por los privilegios que me corresponden como ciudadana.
Firmado ________________________
Patroncinado por la Massachussets American Legion Auxiliary

Nota: La banderita la debe llevar en el ojal de su chaqueta como recuerdo de este sublime díá.