
FOR JOE THE PLUMBER…!!


averiguar qué ocurre con los tendones de varios de sus dedos, que no le permiten tocar su guitarra, compañera en esta miseria. Descubren que no hay tendones, la bacteria los ha destruido hasta el punto de su desaparición. Gil está desanimado, casi al borde del llanto. Se permite la expresión ‘mierda’ en alguna ocasión. 
opiosas lecturas, desde los clásicos (Platon, Séneca) hasta los menos convencionales (Sade , Artaud) y cómo no, el Quevedo escatológico, obsesionado con el cuerpo, y Lorca... y su aficción al psicoanálisis. Un artista que quiere ‘escandalizar’ a su lector: cuando éste menos lo espere se abrirá la gabardina y nos mostrara el sexo de una forma bestial. Abrirá su boca y proferirá obscenidades y nos mostrara la violencia de tipo sexual.


NOTA: Las fotos de las imágenes fueron tomadas por Eve Livet.














Eduardo Lago ELPAÍS.com 15/9/2008
Obituario
David Foster Wallace, el mejor cronista del malestar de EE UU
David Foster Wallace, de 46 años de edad, el mejor cronista del malestar de la sociedad norteamericana en la época a caballo entre los siglos XX y XXI, apareció ahorcado en su domicilio de Claremont, California, el viernes, 12 de septiembre, por la noche. El cuerpo fue descubierto por la esposa del escritor, Karen Green, que inmediatamente se puso en contacto con la Policía Local. La noticia se hizo pública 24 horas después, y ha causado una fuerte conmoción en la comunidad literaria estadounidense, que se debate entre la consternación y la incredulidad.
Una de las notas más persistentes entre quienes escuchaban la noticia por primera vez fue el recuerdo de que hace unos años, el propio escritor pidió que lo internaran en una unidad de vigilancia hospitalaria pues no se sentía capaz de controlar su pulsión suicida. Foster Wallace era un personaje muy querido tanto por sus estudiantes y colegas de la Universidad de Pomona, donde impartía clases de escritura creativa, como por sus compañeros de oficio. Tal vez uno de los rasgos más llamativos de su personalidad fuera el contraste entre el afecto que inspiraba en cuantos trataban con él y su marcada propensión a sumergirse en estados de ánimo sumamente sombríos.
Nació en Ítaca, en el Estado de Nueva York, en 1962, hijo de profesores universitarios, su padre de filosofía y su madre de literatura. Sus primeros libros La escoba del sistema (1987) y La niña del pelo raro (1989), escritos cuando tenía veintitantos años, llamaron la atención por la fuerza incendiaria del lenguaje y la radicalidad de sus planteamientos literarios.
El interés se elevó a asombro con la aparición en 1996 de la monumental La broma infinita, edificio narrativo de más de mil páginas, que contaba con un complejo aparato de varios centenares de notas, muchas de considerable extensión. La novela adquirió el estatus contradictorio de ser considerada una obra de culto, pese a que gozó de una extraordinaria difusión. El consenso, sobre todo entre los escritores, es que se trataba de la novela más audaz e innovadora escrita en Estados Unidos en la década final del siglo XX.
A los críticos les resultaba difícil encasillar a un autor como David Foster Wallace, pues se salía de los límites de lo estrictamente literario. Su estética remitía a referentes tan dispares como la obra del cineasta David Lynch (Wallace escribió una crónica memorable sobre el rodaje de Lost Highway) o los comentarios de alguien tan improbable como el célebre icono de la televisión estadounidense David Letterman.
Punta de lanza de una generación literaria que incluye nombres como William T. Vollman, Richard Powers, A. M. Homes, Jonathan Franzen o Mark Layner, una generación convencida de que la circunstancia vital de nuestro tiempo no se puede explorar desde la estética periclitada del realismo, la obra de Foster Wallace supone una forma radicalmente nueva de entender la literatura.
Sus estructuras narrativas son consecuencia directa de la sensibilidad de nuestra era; reventando los códigos estéticos de las generaciones precedentes, su prosa tentacular mimetiza los sistemas del paradigma cultural en que vivimos: el vértigo de las comunicaciones, el exceso de información, la influencia de las grandes corporaciones financieras, los iconos de la cultura pop, la industria del entretenimiento, el cine, el deporte y la música, la amenaza omnipresente del terrorismo.
Publicada cuando el autor contaba 33 años de edad y ambientada en EE UU en torno al año 2025, La broma infinita propicia el entrecruzamiento de una portentosa diversidad de registros: de la trigonometría al tenis, pasando por las drogas, la estética grunge, la filosofía, y el cine. Por medio de un lenguaje en estado permanente de incandescencia, la novela lleva a cabo una sátira despiadada de nuestro tiempo, a la vez que un conmovedor escrutinio de la soledad del individuo.
Tuve ocasión de entrevistar a David Foster Wallace para EL PAÍS en dos ocasiones. Hablando de su magnum opus, el escritor se lamentó de que a casi todo el mundo se le hubieran escapado los aspectos más sombríos de la novela, que consideraba una obra cargada de matices trágicos: "Desde un punto de vista materialista", declaró entonces el autor, "los Estados Unidos son un buen lugar para vivir. La economía es muy potente, y el país nada en la abundancia. Y sin embargo, a pesar de todo eso, entre la gente de mi edad, incluso los que pertenecemos a una clase acomodada que no ha sido víctima de ningún tipo de discriminación, hay una sensación de malestar, una tristeza y una desconexión muy profundas. Sobre nosotros sigue pesando la sombra de episodios históricos recientes, como Vietnam o el Watergate y ahora, el desastre que se avecina con la matanza que está a punto de comenzar en Irak". Señalando otro de los aspectos fundamentales del libro, añadió: "Otro tema central de la novela es el fenómeno de la adicción como síntoma del malestar de la sociedad capitalista: desde las drogas hasta otras formas más genéricas de adicción".
Con posterioridad a La broma infinita, Wallace publicó colecciones de cuentos y ensayos, entre los que destacan Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer (1997), Breves entrevistas con hombres repulsivos (1999), Historia abreviada del infinito (2003), Olvido (2004) y Hablemos de langostas (2005). David Foster Wallace ejerció una influencia considerable entre los jóvenes novelistas de su país, así como entre los europeos. Su obra ha sido traducida ejemplarmente en nuestro país por el novelista Javier Calvo.
Una de las intuiciones más llamativas de Wallace es su lúcida valoración del papel que le corresponde a la televisión que, tras superar un estado infantil, consideraba que estaba llamado a ser uno de los repositorios de las formas narrativas del futuro. "Nuestra relación con la realidad está violentamente mediatizada por el impacto de los medios visuales y la tecnología, sobre todo la televisión. Creo que la literatura seria mantiene una relación sumamente compleja y ambivalente con la industria del entretenimiento en general".
En este sentido, el novelista estadounidense tenía ciertas reservas acerca de la omnipotencia de Internet: "No nos engañemos: la Red no es más que una avalancha de información, un laissez faire salvaje, sin estándares éticos. Se acosa al consumidor con un aluvión de ofertas seductoras, sin ayudarle a discernir a la hora de elegir. La explosión punto.com es la destilación de la ética capitalista en estado químicamente puro".
Campeón del experimentalismo, siempre tuvo claro que no podía quedarse en un mero juego de artificio realizado en el vacío: "Lo esencial es la emoción. La escritura tiene que estar viva, y aunque no sé cómo explicarlo, se trata de algo muy sencillo: desde los griegos, la buena literatura te hace sentir un nudo en la boca del estómago. Lo demás no sirve para nada".
La inesperada desaparición del escritor en plena posesión de su talento ha causado una profunda desazón entre sus seguidores: éramos muchos los que estábamos convencidos de que lo mejor de David Foster Wallace estaba aún por llegar.
Entrevista: "Una obra de ficción es una conversación que permite enfrentarse a la soledad esencial del mundo"
El autor más agudo de su generación

nte y reanudamos la conversación. Mucho después del postre me di cuenta que estábamos solas…el camarero, esperando pacientemente, en el quicio de la entrada al comedor.
chas - me imagino – es que la noche que hay invitados andemos (mi marido, yo y los animalitos) de carreras para aquí y para allá para que todo este dispuesto a la hora prevista. Con frecuencia bajo a abrir la puerta con el pelo mojado de una ducha relámpago y acto seguido tengo que calmar a los perritos, que lo único que quieren es llamar la atención y que les den unas palmaditas en la cabeza; cosa que mis amigos hacen divinamente pero que crea una confusión de vértigo cuando el invitado no sabe de lo que va, o es alérgico a los animales, o simplemente no entiende por qué los perros están invitados también.

Me desperté cerca de las dos de la mañana con un dolor extraño en la lengua. No podía moverla. En el espejo del baño vi que la tenía muy hinchada, roja y lisa, brillante, y en el medio un tajo, de la base a la punta, que parecía una cuchillada.
me obsequió con unos maullidos espeluznantes. Me hermano dijo que el gato estaba molesto por la interrupción, pero que no le hiciera caso, que últimamente andaba nervioso. Schubert es propenso a los problemas metafísicos, al parecer. Volví a preguntar qué hacer con la lengua.
otros para el domingo, una cena. Ni lo pensé.., después de colgar el teléfono me puse en contacto con ellos y cancelé los dos compromisos. Ambos habían sido programados el día anterior espontáneamente también, cosa rara en este país. Como buenos amigos, tenían que entender la situación. Los amigos con hijos de la edad de los míos, y en situación parecida a la nuestra, lo entendieron perfectamente…incluso se disculparon por no habernos llamado con más antelación. Los otros no lo aceptaron con la misma comprensión. Insistieron hasta hacernos sentir mal, pero no cedimos. Era uno de esos cócteles donde se matan tres pájaros de un tiro y dos se escapaban ilesos! La vida social de una pequeña ciudad puede ser frágil y complicada.


