miércoles, noviembre 12, 2014

CATECISMO LIBERAL

Elecciones, votos, fraude y guerras por todas partes. Aquí han ganado los Republicanos y conservadores. Menos mal, diría el catecismo: el liberalismo es pecado mortal.  O por lo menos, lo era en 1900:
 Les dejo esta “perla”...sin cobrarles nada.

Así explicaba el R.P. Angel María de Arcos el catecismo católico de comienzos de siglo:

Pregunta: ¿Contra qué Mandamiento es el liberalismo?
Respuesta: Directamente contra el primero y contra el cuarto, o mejor dicho, contra todos, porque autoriza o fomenta la infracción de todos.
[...]
P: ¿Puede la Iglesia admitir esa política?
R: Jamás, porque Jesu-Cristo dijo que nunca los poderes del infierno prevalecerían contra la Iglesia.
P: ¿Y por qué más?
R. Porque es irracional y diabólica...
P: ¿No hay un grado de liberalismo que sea católico?
FR. Así lo han llamado sus partidarios, pero la Iglesia enseña que, lo que llaman liberalismo católico, no es católico.
P. Con que no hay grado del liberalismo que sea bueno?
R. No lo hay; porque el liberalismo es pecado mortal y esencialmente anticristiano; sólo que algunos llaman liberalismo a lo que no lo es.
[...]
P: ¿Qué clase de pecado es el liberalismo?
R: Un pecado gravísimo contra la fe.
P: ¿Por qué?
R: Porque consiste en una colección de herejías condenadas por la Iglesia.
P¿Es pecado para un católico leer un periódico liberal?
R: Puede leer las cotizaciones de Bolsa.


Ver también Gerald Brenan, The Spanish Labyrinth, pp. 51-52.


domingo, noviembre 02, 2014

El Otoño otra vez.


Tan, tan.
 ¿Quién es?
 El Otoño otra vez.
 ¿Qué quiere el Otoño?
El frescor de tu sien.
 No te lo quiero dar.
Yo te lo quiero quitar.
Tan, tan.
 ¿Quién es?
El Otoño otra vez
(Lorca)

lunes, octubre 13, 2014

EBOLA : enfermeras y perros



Una sustancia que se diluye en agua puede quedar en  nada si se  tira  al mar. Algo así  ha pasado en EE.UU. con  el contagio de  Ébola de la primera enfermera que atendía a un enfermo con el virus. El caso, en Dallas, se ve desde lejos y con calma.
La reacción en España en apoyo a  Teresa Romero no ha sido entendida del todo aquí, pero sí respetada. No quisiera yo con este comentario  desdeñar las protestas de los españoles en contra de las las críticas —por parte de algunos oficiales— a Teresa Romero y por la decisión de sacrificar a su perro. Por otra parte me ha parecido un mal uso de energía y  tiempo para aquellos que necesitan, en situaciones de este tipo, el máximo apoyo y cooperación a nivel nacional e internacional. De pronto, la ministra de Sanidad  es una incompetente, cuando la responsabilidad tendría que caer en  los supervisores inmediatos del personal auxiliar, y así sucesivamente. Pero hablo  con un poco de miopía ya que, aunque sigo diariamente las noticias de España, llevo mucho tiempo fuera de mi país.
En  contraste,  en la USA,  la historia de Nina Pham, de 26 años—también con un perro--casi ha pasado desapercibida, con la excepción de aquellos que  que somos  adictos a  los medios de comunicación.
Al perro se le ha ingresado en un centro veterinario para observarlo. Quizás esto último gracias al ruido que se ha hecho en España con la “eutanización” de  Excalibur.  Pero hay que admitir que  EE.UU. le lleva a España  años de adelanto en el trato humanitario a los animales domésticos.
Triste ha sido para mi ver cómo algunos españoles se flagelaban y comentaban la penuria y barbarie en que España vive—esto visto en el canal internacional— cuando  estoy más que convencida que  el sistema de sanidad en España supera con creces al de EE.UU.  Los médicos españoles, en EE.UU., son venerados en las  universidades estadounidenses. 
En tiempos como estos, todo aquel que pueda, que done a Médicos sin Fronteras, verdaderos héroes  que llevan más de 40 años luchando con Ébola. Mucho tiempo en el que el resto del mundo no se ha preocupado de cuándo llegaría el momento en que todos quedaríamos expuestos  al monstruo que  ha decimado a estos países pobres  y desamparados.  Ahora,  las compañías farmacéuticas, se sentirán más motivadas a  encontrar  una solución. Espero que para beneficio de todos.

martes, septiembre 30, 2014

La Cesta Zulú




Una de las escenas de la película que veíamos trataba de la donación—por parte de la protagonista—de su colección de cestas artesanales al museo del pueblo.
—Hace mucho  —comentó mi marido— que no veo esa cesta tan bonita hecha de hilos de teléfono...  ¿Dónde está?
Recorrí mentalmente los lugares en que la había puesto. No la veía.
—Llevas razón, yo tampoco la he visto últimamente...Vaya, en un par de años por lo menos.
Perdimos interés por la película; el misterio de la cesta Zulú nos había atrapado... Durante un tiempo estuvo en la mesa del comedor, luego la pasé a la del salón; de vuelta al comedor, en la mesita redonda... Es todo lo que recordaba.
—¿No se la habrás regalado a alguien?
No había reproche en su pregunta. Con frecuencia regalo cosas cuando veo que a alguien le gusta y el objeto no es imprescindible para  mí. Pasaron por mi mente caras, nombres, parentescos... Nada, imposible que la hubiera dado; me encantaba y él me la había regalado.
—¿No se la habrá llevado uno de los niños?
¿Mis hijos? ¡Qué va! Ya quisiera yo que se interesaran en lo que me rodea...De todas formas, no tienen espacio ni para lo necesario. Uno en NY y el otro en Washington DC... Difícil lo tienen para acumular cosas “innecesarias”. Algún día llegaré a ese estado de simplicidad...pronto... lo tengo como meta. Claro que la mayor simplicidad la trae la muerte, las cenizas, la nada.
Mientras pensaba en todo esto ya había bajado al primer piso y mirado en cajones, armarios... pero la cesta tenía un tamaño que no podía caber en la mayoría de los sitios en que la había buscado. Aun así, volví a ellos una segunda vez.
Seguía repasando nombres, fechas, eventos especiales en los que podría haber regalado la cesta... Que no, imposible. Cuando volví al segundo piso y empecé a buscar, sitio al que me dirigía, mi marido repetía “ya he mirado yo”.
—¿No estará en el sótano?
—Pero ¡estás loco! ¿Cómo la pondría en el sótano, con la humedad que hay? Además... ¡me encanta!
Era cierto, me angustiaba pensar que en un momento de debilidad la hubiera dado. Se nos ocurrió que quizás alguien se la había llevado. Esos pensamientos son inevitables y uno se siente tan ruin cuando nos tientan... ¿Quién se la iba a llevar? Si hubiera sido un  cenicero coleccionable...y aun así. Imposible.
Cansados, tristes, irritados, lo dejamos. Eran las once y media y habíamos pasado más de una hora en una búsqueda inútil pero con su carga de misterio. Quizás mañana, con la cabeza mas despejada...
Me cepillé los dientes y, como de costumbre, sin mirarme en el espejo me quité los pendientes y los puse a la derecha de la cómoda encima de un fular doblado. Un sobresalto asaltó mi corazón: entre el pañuelo asomaban los filos de la cesta... Un momento de enajenamiento me embargó. ¿Cómo era posible? Llamé a mi marido como el que acaba de ver la cabeza del que está a punto de nacer. Cuando llegó, alarmado, levanté el pañuelo, la caja de aspirinas, las tijeras de las uñas... Ahí estaba la cesta, en su absoluto esplendor. Hace más de dos años que la puse ahí ¡para así verla todos los días!
—¡Estoy perdiendo la cabeza a trote de caballo! ¿Cómo te explicas esto? le pregunté con angustia.
Y él, en su incredulidad por lo que veía —hasta la tuvo que tocar—contestó:
—Lo familiar es lo que más se mira y menos se ve.