miércoles, octubre 28, 2015

El otoño otra vez



Tan, tan.
¿Quién es?
El otoño otra vez.

¿Qué quiere el otoño?
El frescor de tu sien.
No te lo quiero dar.
Yo te lo quiero quitar.

Tan, tan.
¿Quién es?
El Otoño otra vez. 

Federico Garcia Lorca




lunes, octubre 19, 2015

Botella a la mar...

Hay personas que vuelven periódicamente a lo que ellas vieron – y siguen viendo-- como tabla de salvación. Aunque esta tabla  se la llevara la marea la primera vez que la quisieron abrazar, siguen buscándola con una tozudez casi  enfermiza. Todos hemos pecado en algún momento de querer recuperar lo perdido... en particular si se lo llevó la muerte; pero los que estamos en este último caso no tenemos mas remedio que recurrir al recuerdo. Pues eso, hay cosas que están muertas---aunque no estén enterradas, y lo mejor es ni recordarlas.

Que nadie que yo conozca se de por aludido. Simplemente un mensaje  a la mar...



martes, agosto 25, 2015

Pablo Maurer at Absence/Presence (George Washington University Brady Art Gallery)


Noted with parental pride—the opening for press and patrons of “Absence/ Presence” at George Washington University’s art gallery. Very present there, our PABLO (yeah!), along with other photographers of the absent--among them, Nancy Breslin and William Christenberry. On a monitor, Pablo’s haunting images of rural and urban ruins, from streetcar graveyards to iron mines to presidential parks. The ache of abandoned spaces.  Open through November 20, if anyone is in DC!



Para más información y fotos, les dejo el  enlace al blog de Anisia Serendipia

domingo, agosto 16, 2015

El Agua y los Pájaros

...Y oí aleteos y un cantar de pájaros. Me asomé a la ventana de la cocina y la pileta del patio estaba concurrida por casi una docena de pájaros negruzcos, grandes. Increíble... serían cuervos? En unos minutos, de las copas de los pinos bajaban los más pequeños con un trinar fino y juguetón. Los grandes se retiraban a los árboles del patio, o merodeaban entre las plantas. En la pileta se quedaban dos --como si cuidaran de los jóvenes. Uno de los pequeños se tiró al agua y salió airoso quitándose el agua de encima y levantando la cabeza como si esperara que el público le aplaudiera por tal proeza. Como embobada pensé en la cámara, pero no me quería despegar del cristal; nunca había visto tan de cerca una bandada de esos pájaros, y menos en mi jardín. Finalmente subí las escaleras de dos en dos hasta el primer piso, cogí la cámara, el corazón me golpeaba... Cuando me volví a acercar a la ventana solo quedaban unos cuantos; seguían alternándose con los que disfrutaban de la sombra y el frescor de los pinos. Levanté la ventana con mucho cuidado, ni respiré mientras lo hacía...creo que sabían que los observaba a través del objetivo.
Estas son las fotos que en los últimos segundos saqué.
Es cierto que el recuerdo gana a cualquier imagen; os lo aseguro.




Arriba canta el pájaro
y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo,
se me abre el alma).

  ¡Entre dos melodías,
la columna de plata!
Hoja, pájaro, estrella;
baja flor, raíz, agua.
¡Entre dos conmociones
la columna de plata!
(¡Y tú, tronco ideal,
entre mi alma y mi alma!)

  Mece a la estrella el trino,
la onda a la flor baja.
(Abajo y arriba,
me tiembla el alma).

            --Juan Ramón Jiménez

(De la edición de A. Sánchez Romeralo de
La realidad invisible)

miércoles, julio 22, 2015

SOBREVUELOS...


Llevo más de dos meses sin escribir nada en el blog. He llegado a pensar por momentos que no volvería a él. Todo está dicho, si no por mí por otros que lo hacen mejor y lo necesitan más. He perdido el interés en contar cosas. Personalmente vivo más en el sueño que en el quehacer diario. La rutina se ha impuesto últimamente en mi vida, que ya de por si era bastante rutinaria. Los sueños son una  bendición la mayoría de las veces: aun cuando son pesadillas me permiten visitar lugares desconocidos y a usar poderes sobrehumanos. Con frecuencia vuelo y esquivo toda clase de peligros. El miedo y la angustia me acompañan: en esos casos me han despertado porque me oyen gemir. A veces se trata de rescatar a un ser querido que está en peligro; otras, huyo de algo que me amenaza. Ahí están los que me ayudan y los que me ignoran. Es doloroso al despertar pensar por qué alguien a quien quieres no te ayudó en la pesadilla. Mis perros, ahora muertos, siempre salen al auxilio.
El sueño que más me gusta es cuando levito, solo unos centímetros del suelo, y paseo por calles, puentes,  escalinatas interminables...los que me acompañan se apresuran a seguirme y sudan, se quedan atrás sin respiración. Este sueño quizás se repita por mis pies planos. Nunca, desde niña, pude encontrar calzado adecuado y cómodo. Prefiero ir descalza, en casa, en el jardín...Las plantas de mis pies son duras, como las de mis manos: han trabajado toda una larga vida. Una jardinera que no lleva guantes y se enfanga en la tierra, como de niña lo hacía para hacer con el barro muñecos o casitas... Como decía mi abuela materna, “pareces una gitana”.
Mi padre me contó, cuando era bien pequeña, que en un viaje que hizo a Valdepeñas para comprar vino para la tienda, paró el camión porque tenía que orinar. En la cuneta oyó a una criatura llorar; era yo, un bebé que habían  abandonado los gitanos. Me llevó a casa y mi madre me recibió con  alegría. Yo acepté esta teoría como si fuera la cosa mas normal del mundo. Más tarde empecé a entender el sentido de humor y juego de mi padre. A él le debo mi afición al uso de la ironía.
Lo mejor de estos sueños es que me encuentro con frecuencia con  seres queridos que nos dejaron. A veces no entiendo bien la situación en que se presentan—fuera de lo que uno esperaría de cada uno de ellos—pero me queda el consuelo de volverlos a ver . Con mi madre apenas sueño. Creo que es porque es a la que más y mejor recuerdo.
Este párrafo no me costó tanto como yo pensaba. Lo he hecho en honor a las 600.000 páginas visitadas. Cien mil de ellas en mi ausencia. Gracias, a quienquiera que seáis  los  que pasáis por aquí; por error, coincidencia, o intencionadamente.