Me quedé dormida esperando ver si los demócratas se hacían con el Senado: 60 escaños necesita un partido para alcanzar una posición de dominio en el Congreso. A las tres y media de la madrugada, cuando me iba a la cama, habían conseguido 56. Cuando me despertó el teléfono a la mañana siguiente todavía estaban en 57. ¡El teléfono! El oftalmólogo… tenía cita a las ocho y media y eran las nueve menos cuarto.“Maria, where are you?!”. Amablemente, Sara, la recepcionista me dice que si puedo llegar a las nueve y media el Dr. Roseane me podrá ver, un paciente ha cancelado.
Normalmente voy andando, el consultorio está a quince minutos de casa. Ya en la ducha pienso que no me va a dar tiempo. Pido un taxi, suelen tardar diez minutos…Sin peinarme y buscando el bolso, las llaves…sin tomar café, el taxi - en menos de tres minutos - está en la puerta. Me asomo y le hago una señal mientras me pongo el abrigo. Salgo y me doy cuenta que el día está nublado y húmedo. El taxi: limpio, gris como el día y frío como una antigua nevera. Un enorme irlandés - seguro que es irlandés - con gabardina y gorra, como si fuera de caza, me saluda. Veo que toma la dirección opuesta a la que yo habría tomado. Mientras que tuerce, a la izquierda unas veces y a la derecha otras, me va hablando del triunfo de Obama. No es realmente una conversación, no me deja meter baza, es más bien una especie de razonamiento para convencerse que “ha hecho lo mejor que se podía hacer”. Repetía: “es más inteligente que Bush, eso sí”. Sin acabar sus reflexiones nos encontramos frente al edificio. Me había traído en tres minutos y por sólo $4.75. Este hombre ya ha empezado a practicar la doctrina de Obama ‘servicio público’ ‘ayudarnos los unos a los otros’. Lo que decía Cristo… ¿no es Obama nuestro Redentor? Le doy una esplendida propina. No faltaría más: me levanto tarde, casi pierdo la cita con el médico, pero ahora… todo sobre ruedas. Hasta la recepcionista rusa, que siempre está de mal humor, me dice que acaban de hacer café; una forma de ofrecerme una taza que acepto convencida de que sabrá a agua sucia…Well, not bad, me despertará...
La sala está hoy medio vacía. Quizás no hicieron citas para el día después de las elecciones porque sabían que amanecerían rendidos. Gente precavida, no como yo. Veo que el Doctor Roseane pasa por detrás de las recepcionistas para llevarse la carpeta de su próximo paciente. Como de costumbre, porque es un encanto, hace lo posible para saludarme. Tiene una sonrisa tan cariñosa.... Siempre me sorprende que me recuerde, no lo veo con tanta frecuencia. Bueno este año he acabado con tres gafas: unas para leer, otras para el ordenador y hoy me va a tener que recetar otras para trabajar con las tareas de detalle de la joyería (las de la farmacia ya no me sirven). Vuelve otra vez, me mira inclinando la cabeza en un gesto complaciente. Hay algo nuevo en este hombre: parece más joven, más alto…ah, se ha dejado el pelo un poco largo, se le riza en el cogote de una forma graciosa.
Me llega el turno; quiero disculparme pero no me lo permite…efectivamente ha habido varias cancelaciones. Entre cambios de lentes, aparatos y lecturas de abecedario, en un momento oportuno, me lo quedo mirando y - sin saber cómo - le digo:“Si tuviera veinte años menos no le diría nada, no fuera a creer que estaba intentando ligar con usted, pero… a mi edad, estas cosas se pueden decir sin peligro ¡qué bien le queda el pelo largo!” Le ha hecho mucha gracia, se ríe a carcajadas, según se sienta a mirar de nuevo mis ojos a través de otras lentes me dice: “no me importaría que ligara conmigo”.
Uf… Le doy las gracias. Me contesta…”ya sabe, yo también estoy en esa edad” y sigue riendo. Me pongo seriecita, no quiero pasarme.
El doctor Roseane no encuentra ningún motivo por el cual vea esos ‘mosquitos’ flotando enfrente de mi…quiere que vuelva en un mes. Cómo no, ya tengo la cita.
Cuando salgo a la calle me doy cuenta : ¡no llevaba sus acostumbradas gafas!. ¡Ouch! ¿Cómo no lo he notado? Le podría haber echado otro piropo; todo habría sido por ese ‘servicio público’ que Obama nos pide. Procuraré no olvidarme la próxima vez que lo vea.
Hasta en un día gris, todo se ve de un color esperanzador la mañana siguiente a las elecciones, si tu candidato ha ganado... ¡Si vives en Massachusset!





































