Traigo un chorro de luz y color al blog , regalo de mi
querido amigo Vicente Verdú. Sí, el
Verdú de tantos escritos cargados de sentimiento ha encontrado otra forma de expresión. No que la pintura sea
algo nuevo en su vida. En los ochenta, en otra visita a su casa, admiré un dibujo
a tinta que me fascinó por su sencillez y buen pulso. Lo descolgó y me lo regaló. Así de generoso ... Eran aquellos tiempos más amables para todos:
Alejandra estaba con nosotros y entraban y salían del apartamento niños de varias
edades...hoy todos hombres. Apenas habíamos empezado a vivir, creía yo.
En su casa, la de siempre, encontré a Vicente, que me recibió
con un “¡pero era ayer!” Quitándome el abrigo insistí “¡que no,
quedamos para hoy!”
El espacio me pareció
más grande de lo que recordaba: la blancura de las paredes, la elegante
sencillez de los muebles, la luz... los cuadros brindaban el color de
desconocidas afueras. Saqué estas fotos con una cámara de turista...frustrante
experiencia. Al atardecer, fuimos al estudio, a unos pasos de su casa. Entonces
es cuando uno se pregunta de dónde saca este hombre tiempo, energía y valor
para transformar el blanco absoluto en estas revueltas mareas, borrascas ,
materia orgánica de vivos colores... muchos de ellos marcando un estilo propio, aunque él no lo quiera admitir.
Como hace años volví a Boston con un recuerdo, de nuevo – generosamente- me dejó elegir de un cuaderno el dibujo que quisiera... éste.
Este
cuadro tiene historia: salía del estudio de V.V. un asesor de arte cuando se
paro frente a este cuadro,“esta línea es la que debe seguir usted” dijo
apuntando al dibujo que su nieto había pintado a los veinte meses...Vicente lo
cuenta con orgullo y riéndose como solo un abuelo puede hacer...
Como la conversación no se prestaba a la típica entrevista, pedí a Vicente que me respondiera a unas preguntas por correo. Muy buenas respuestas.
¿Cómo has llegado
de la simple línea de los ochenta a la pintura de ahora?
-Yo creo
que esto de las evoluciones no lo sabe con precisión nadie. Deben de intervenir
factores de conocimiento y de desconocimiento, de ideales y de
frustraciones, de afirmaciones y decepciones. Lo mejor de pintar es no ser un
profesional, como acaso en todos los demás oficios. El amateur es un tipo libre
pero el profesional artista recibe muy pronto una etiqueta tipológica que es su
identidad adquirida y no tanto por él a solas y en libertad sino por el juicio
de la crítica y el mercado. Y, con ello, la identidad repetida es la
cárcel de la creación. El alegre gozo de pintar se convierte en la severa
responsabilidad de hacerlo de una u otra manera. Exponer es exponerse y esto
condiciona mucho la asunción de riesgos. El profesional rehuye a menudo el
riesgo porque no sabe si el cambio lo descalificará y lo desmedrará. En cambio
el amateur que yo he sido hasta ahora , y deseo seguir siéndolo, juega con la
pintura sin dar cuentas a nadie, empezando por uno mismo y su libérrima
conciencia.
¿Te dejas guiar por el azar cuando
pintas?
-El azar
es una de las principales fuentes de la creación, tan poderosa como la mítica
inspiración de los dioses. Pero acaso se trate de lo mismo, el azar es el habla
del más allá. El punto de unión es la poesía. Yo trato de escribir con voluntad
de estilo y a través de palabras que crean sensaciones más que conceptos. En la
pintura esto se presenta por completo , las formas y el color no responden a
ningún diccionario que no sea el gusto.
¿Cómo es el Verdú que escribe y el Verdú
que pinta?
-Digamos que obviamente somos el mismo
pero en la escritura hay que servir a una reglas más duras. La pintura es el
recreo del colegio un recreo sin vigilantes.
Vicente, ¿puedes hacerte una
pregunta que nunca te hayan hecho pero que te gustaría contestar?
- Me gustaría saber qué pasa por
la cabeza de quienes miran mis cuadros pero ya he comprobado que ni el elogio o
la crítica son la respuesta. Necesitaría un Roland Barthes para sentirme bien
atendido.
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