Este es uno de mis poemas favoritos, pero pueden ir a su Página Web donde hay una buena selección de su trayectoria poética. Voy a tener la oportunida de conocerlo y espero ampliar esta entrada en los próximos días.
ULISES EN AGUAS DE ITACA
Esta bella foto de Roxana fue sacada con un teléfono móvil un mes antes de su muerte. La calidad de la foto es ínfima, pero la sonrisa la supera. Estábamos en la celebración del Bat Mitzvah de Rebeca, la hija de unos amigos. Por la mañana hubo una ceremonia religiosa que duró tres horas. Roxana ya me había dicho que saldría antes para estar con fuerzas para la fiesta de la noche: la parte de la celebración más divertida para los niños. Llegó a la sinagoga acompañada de Luis y sus dos hijos, Camila y Diego. Nadie habría sospechado que la joven madre, exquisitamente vestida, con un elegante sombrero que ocultaba los destrozos de los fuertes tratamientos que recibía, estaba luchando por su vida en esos mismos momentos…minuto a minuto.

"...la celebración de la vida de mi querida madre."
Diego Fernández Rangel

Nota: Las fotos de Diego y Camila fueron sacadas por su padre, Luis Fernández Cifuentes - maestro de la cámara. Son la tarjeta de Año Nuevo del 2008 .
She cares for me
like for a wounded bird.
EL PAÍS
ELVIRA LINDO 25/04/2010
"Esto no me lo merezco". Ay, cuántas veces he pensado esto. No cuando me invade una pena negra, no, sino cuando soy consciente de estar viviendo un momento de felicidad. La diferencia entre alegría y felicidad, según un personaje de Salinger, es que "la alegría es un líquido y la felicidad es un sólido". Así es exactamente cómo aprecio la felicidad, como algo que se puede tocar. Es entonces cuando me viene a la cabeza ese pensamiento, "esto no me lo merezco". No suelo expresarlo porque siempre hay alguien por ahí que te dice que eso es consecuencia de nuestra educación judeo-cristiana y blablabá. El célebre lugarcillo común. Yo me niego a que nadie me estropee con un lugarcillo común esa sensación tan grata de no merecimiento. Está en mi forma de ver las cosas desde que muy chica, y no creo que intervenga la culpa sino la celebración de un regalo que no esperabas. El otro día viví uno de esos momentos. Viajé a Boston a dar una charla y el profesor Cristopher Maurer, gran especialista en Lorca y aledaños, se ofreció a darme un paseo mañanero por los alrededores. El campo del Estado de Massachussets es de una belleza abrumadora y se encontraba en ese momento en que todos los capullos están como locos por abrirse y llenar el campo de hojas y de colores florales. Eso en sí ya emocionaría al corazón más opaco, pero es que además manteníamos una conversación animadísima en la que se mezclaban la erudición del profesor sobre el exilio español, mi incontenible curiosidad, su espíritu nada reservón con lo mucho que sabe y algo para mí más desconocido y apasionante: la historia de la comunidad intelectual que se asentó en el pueblo de Concord en el siglo XIX, Emerson, Thoreau, Alcott. Filósofos, defensores de una nueva pedagogía, abolicionistas, proclamadores de la desobediencia civil ante los abusos del Estado, grandes naturalistas. Era una conversación de ida y vuelta, que viajaba de un lado a otro del océano y de un siglo a otro. El profesor Maurer me quería enseñar algunas de las casas de esos escritores. Como siempre que ando yo por medio la cosa intelectual tuvo su componente absurdo. Era muy cómico ver al profesor algo perdido, luchando con el plano encima del volante a la manera en que las personas desgarbadas hacen que parezca que tienen extremidades de más. Por otra parte, la conversación era tan cautivadora que el profesor Maurer dejaba de mirar al frente para mirarme a mí, como si en vez de en un coche estuviéramos en una cafetería, y yo, tan divertida como inquieta, no apartaba mis ojos de la carretera, tratando de sustituir absurdamente con mi mirada la suya. Y en esto llegamos adonde teníamos que llegar, a una casita de madera pintada en gris, con aire de cuento, sencilla como si en ella hubieran habitado personas que practicaran la humildad como norma. Así era. Era la casa de Bronson Alcott, eminente pedagogo y algo más importante para mí, padre de Louisa May Alcott, la autora de la novela inspiradora de libertad y rebeldía de niñas de muchas generaciones, Mujercitas. A fuerza de traducciones deficientes e ilustraciones acarameladas esta historia de cuatro hermanas nos llegaba con una pátina de cursilería que la novela no tenía; aún así, no habrá habido otra lectura que haya empujado a tantas niñas fantasiosas a la escritura. El personaje de Jo March fue un modelo para las criaturas que no nos adecuábamos a la idea convencional de lo femenino. A nuestra Jo le gustaba usar una jerga no propia de chicas, subirse a los árboles, saltar vallas, correr, montar teatrillos y escribir cuentos. Jo, valiente e impetuosa, despreciadora de lo ñoño, se cortó la coleta para ayudar económicamente a la familia. Cómo no quererla a los nueve años. Cómo no querer tener un diario como ella para retratarte a ti misma como la más audaz de tu familia.
La pequeña casa de la escritora crujía bajo nuestros pasos, mi altura era la adecuada para techos tan bajos, pero era fácil imaginar a Louisa, casi tan alta como el profesor Maurer, agacharse al pasar por debajo del marco de las puertas. Con la voz de la infatigable guía de fondo, me acerqué al tablerillo semicircular de madera en el que nuestra novelista había inventado en 1868 el mundo de sus mujercitas inspirándose en sus propias hermanas. Dos meses le llevó el libro. La réplica de un manuscrito reposaba sobre la humilde mesa y yo me concentraba en imaginar a esa mujer, una primavera de hace ciento treinta y dos años, levantando la vista de la página para que la mirada le descansara en esa naturaleza a punto de estallar. Al mismo tiempo, siguiendo con ese viaje de ida y vuelta que provocan las emociones, me veía a mí misma refugiada en un cuarto de atrás del piso donde vivimos en Palma de Mallorca. Me veía con mi libro de Bruguera, uno de aquellos que se podían leer siguiendo las ilustraciones o el texto, tratando de convertirme a mí misma en materia literaria. De pronto fui consciente de todo el trasiego vital que siguió al descubrimiento de aquel libro, de todo lo bueno y lo malo de esos cuarenta años. Entonces pensé, "esto no me lo merezco". Y sentí la felicidad, tan sólida como la presencia de esa mujer del XIX, que estaba ahí, en su mesa, escribiendo ese libro para mí. Os juro que la vi.


PRESENTACION DE PABLO JAURALDE
Por Christopher Maurer.
Es un placer dar la bienvenida a Pablo Jauralde Pou, Catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid: filólogo, poeta, biógrafo y editor de Francisco de Quevedo. Pablo se encuentra en Boston trabajando en bibliotecas públicas y privadas, entre ellas la colección Ticknor de la Biblioteca Pública de Boston.
A Pablo Jauralde se le conoce ante todo por su monumental biografía Francisco de Quevedo (1580-1645), fruto de largos años de investigación en los archivos de España y el resto de Europa. Se trata de una de las biografías más ambiciosas y completas de cualquier figura del Siglo de Oro español. Antes de publicar ese tomo de más de mil páginas, ya había editado las Obras festivas (1981) y el El Buscón (1990). En 1999 publica en Espasa-Calpe una Antología de la poesía del Siglo de Oro y en 2002, una excelente Antología poética de Quevedo. Es autor, asimismo, de un temprano libro sobre Antonio Machado; coautor de un utilísimo Manual de versificación española; y editor de varios manuales sobre la investigación literaria. El más reciente, el único que conozco de este tipo, se dedica a la poesía e introduce al investigador a algunos de los campos filológicos que intervienen en el estudio de la poesía manuscrita antigua, desde la paleografía y la codicología hasta la historia de la métrica. Acaba de publicar en Castalia otro libro de gran envergadura, el Diccionario Filológico de Literatura Española, Siglo XVI, que recoge información biográfica y textual, sobre los principales autores del 16; libro en que colaboran más de un centenar de especialistas de España, Europa y América y en el que Jauralde ha coordinado y editado todos los textos sobre poesía, dándonos un verdadero estado de la cuestión.
Quisiera llamar la atención sobre un segundo aspecto de su vida y obra que he venido
admirando desde los años 80, cuando asistí por primera vez al congreso internacional Edad de Oro, uno de los más importantes, y simpáticos, de la literatura aurea, que organiza Pablo, con la ayuda de sus colegas, desde hace treinta años en la Autónoma. Me refiero a su trabajo ejemplar como director del grupo de investigación “Edad de Oro” (ahora EDOBNE), que divide su tiempo entre la Autónoma y la Biblioteca Nacional. Desde hace décadas dirige Pablo Jauralde un equipo activísimo de estudiantes que han llevado a cabo unos proyectos que, sin su saber pragmático y filológico, habrían sido impensables.
El magnum opus de ese equipo es, sin duda, el Catálogo de manuscritos de la Biblioteca Nacional con poesía en castellano de los siglos XVI y XVII, con siete tomos publicados desde 1993. Otra obra de gran interés es la Biblioteca de Autógrafos Españoles, que recoge una muestra de la letra y la firma de docenas de autores de la misma época. [...] En las humanidades, en España, esos equipos de investigación han sido raros; el más antiguo, y el que va dejando las obras más importantes es éste, de Pablo Jauralde, que ha dado nueva forma al estudio de la poesía española. En EE. UU. no tenemos nada parecido.
La conferencia de hoy surge de un tercer aspecto de su trabajo filológico: su labor como director de colecciones editoriales como la Nueva Biblioteca de Erudición y Crítica de Castalia, o la Biblioteca Litterae de la editorial Calambur, donde ha prologado y publicado un libro de la historiadora Mercedes Argulló sobre el Lazarillo, causando cierto revuelo en nuestra profesión. Los datos de Argulló y los que ha aportado Pablo mismo sobre la autoría del Lazarillo han sido comentados ampliamente en la prensa española, pero, si no me equivoco, hoy es la primera vez que los expone en la universidad norteamericana. [...]
He pasado unos días en España y, a diferencia de otros viajes, no he puesto nada en el blog. No que no tenga nada que contar: mis viajes son poco frecuentes y cortos, pero siempre interesantes e intensos. Cierta inquietud a mi alrededor me impide concentrarme y disfrutar de la anécdota como otras veces. Cuando los terremotos se hundan y los volcanes se consuman y la primavera se establezca, quizás. Pero, como un taxita me comentaba en Madrid, “ somos muy egoístas y hemos destruido el mundo, y no hay nadie que lo pueda arreglar…” Así me siento.





eum Fine Arts.
n moments in the play of the Boit girls and the courtly dynamics that swirled around the princess.
"Dos muy interesantes propuestas acaban de aparecer en el ambiente intelectual de Chicago en los últimos días. Se trata de los libros Naufragios y comentarios de la argentina Leda Schiavo y Seducir los sentidos, (mediaIsla, 2010) del dominicano Jochy Herrera. Ambas son recopilaciones de artículos de gran vuelo teórico y poético a pesar de ser concebidos originalmente por separado para publicaciones periódicas en Estados Unidos y otros países. Ambos libros fueron presentados en Chicago el pasado 3 marzo. 


La presentación del libro de Leda la hizo Graciela Reyes, más que conocida por los lectores de este blog. Había un intercambio muy simpático porque ante las frases inteligentes de alabanza y hasta irónicas de su buena amiga, Leda se impacientaba: se movía en la silla, miraba el techo, se quitaba las gafas y daba golpecitos con el pie. Graciela percibía esta ‘cómica’ e incomoda actitud y no podía evitar mirarla de reojo y hacerle sufrir un poquito más. Cito aquí un párrafo - bien expresivo - en que Graciela cuenta a los amigos que no estaban allí parte del evento:




