sábado, noviembre 20, 2010

La caridad: Damned if you do, damned if you don't


No, no quería implicar en mi post anterior que los "jóvenes americanos" no habrían hecho algo parecido a lo que hicieron Nick y Carolina. Sí que insinué que si lo hacían no sería de una forma espontanea, y agradezco a Paul que explicara mejor lo de "la falta de espontaneidad". La generosidad de EE.UU. es evidente a nivel de país, de estado, de comunidad y de organizaciones personales y privadas. La ayuda al prójimo organizada es una industria. Esta industria no sólo da de comer al hambriento y guarida al peregrino sino que al hacerlo se enriquece ella misma.

Hace años, cuando era profesora de Enseñanza Media, tuve mi primera lección de cinismo cívico. En el colegio se les recomendaba a los estudiantes - no a todos, a los mas 'brillantes' - que para entrar en una buena universidad tenían que tener en su currículo prueba de haber hecho "servicio social". El haber ayudado al prójimo les ayudaría a ellos mismos a entrar en una universidad mejor y así obtener un empleo mejor y un sueldo mejor, una casa más grande, un coche... y así al infinito. Siguiendo este ejemplo de total cinismo, uno concluiría que no se puede ser presidente de este país a no ser que a los 18 años, mejor a los 16, te recuerden lo conveniente y prospero de ser caritativo y dedicar unas horas semanales a ayudar en tu comunidad (aunque tu comunidad no necesite ayuda, como en la que yo vivo ahora) o ir a las misiones en Centro América y de camino mejorar tu español. Estoy generalizando, pero para cada generalización siempre hay un hecho que la contradice. Y existen a montones porque gente buena y generosa abunda.

Con el uso de la Red la industria de la caridad se ha ido extendiendo de tal forma que sus tentáculos llegan a donde quiera que estés y a cualquier hora del día. Si uno tiene un mínimo de conciencia social, la dichosa industria puede añadir a tu vida más ansiedad de la que ya conlleva en sí. Se empieza el día "deleting" (es más preciso que "borrar") todos los correos que se cuelan en el buzón electrónico -- por más candados que le cuelgues -- porque vienen de grupos reconocidos y legítimos. Piden tu ayuda para una variedad de proyectos: culturales, sociales, recreativos, de seguridad para tu vecindad...caritativos, en los que son indispensables tus $15, o lo que quieras, incluso menos! Este "deleting", unido al café solo de las mañanas, hace que empieces el día con dolor de estómago.

Al medio día el cartero dejará caer por el buzón de tu puerta un peso muerto que suena en el segundo piso como si te hubiera traído las obras completas de J.Verne... pero ya sé que no. Todos los días llevo al bidón del reciclaje una brazada de catálogos comerciales, cupones de descuento, ofertas de intereses bajos... Y sí, docenas de cartas donde tú, cuando las tires, te sentirás responsable de que no avancen las investigaciones para la cura del cáncer. Nunca se te olvidarán esas criaturas que nacieron con terribles defectos faciales y que podrían sonreír al mundo si tú no las hubieras olvidado. La crueldad a los animales también será tu pecado. Y asegúrate de que los desamparados van a comer pavo el día de Acción de Gracias.

También sufrirás de paranoia por no haber dado dinero a la organización de Bomberos y a la de la Policía de tu comunidad. Así que cuando vayas por el barrio y veas un coche de policía tu corazón se acelerará y en dos segundos harás una lista de todo lo que anda mal con el cacharro; total, tienen tu matrícula bajo "los que no dan" y te caerá la multa inevitablemente. Lo peor es lo de los bomberos...mira que si hay un incendio en tu casa...No lo quiero ni pensar!














El nuevo "container" del ayuntamiento es tan grande que si yo quisiera reciclarme podría invitar a mi vecina "la asiática" para que lo hiciéramos juntas. Allí he ido y he recogido algunos ejemplos de lo que ha llegado esta semana (el camión de la basura pasa los lunes).
Pueden ver lo sofisticado del sistema. Algunos sobres incluyen pegatinas con tu dirección para que se usen en el remite, aunque ya no se escriban cartas!

Otros sobres vienen disfrazados con algo sugerente que te haga abrirlos (Unicef se aprovecha de la publicidad que se le da, en estos momentos, a "Ground Zero"). La organización Heifer envía un pequeño catalogo que simula a los catálogos para comprar regalos de navidad: en la cubierta, una ovejita que sugiere bufandas, guantes, gorros...lo típico para Santa Klaus!...interminable, y no seguiré.


Cada vez que tiro todo esto a la basura me siento mal: culpabilidad, rabia contra el sistema, superstición, cinismo y de vuelta, siempre, a la culpabilidad.
En estos días de bonanza se aprovechan los que quieren aumentar su caudal, a rio revuelto...
Merle Streep me invita a que sea "Charter Member" in the National Women's History Museum (!)
RCN, una compañía de cable, me recuerda "how it felt to be a kid". La presentación tiene un aire navideño y de obra de caridad. La que ellos harán si cambio de compañía.
¿Y cómo fiarse de quien tan bien te presenta el futuro si tú les ayudas.
Hay un dicho: tiempo de misiones, tiempo de ladrones















Ups! se me olvidaba:
no se le ocurra a ninguno de ustedes mandar esos diez dólares! Como gratitud le lloverán cartas, tarjetas y llamadas telefónicas infinitas cada dos por tres. Eso sí, dándole las gracias pero también recordándole que la organización no puede seguir adelante si usted no manda otros 10 dólares!

Como dicen en ingles: Damned if You Do, Dammed If You Don't

miércoles, noviembre 17, 2010

la union hace la fuerza


Sabía que Nick venía desde California a visitar a Carolina.
Este amor que no aguanta la distancia y los está volviendo locos. Por más que le diga a ella que vuelva a su tierra, siempre me hace recordar lo que hice yo a los 24...

Lo que NO sabía es que Nick había venido desde otro mundo para recoger los lechos de hojas marchitas que cubren las calles de Brookline, y de todos los estados donde pasan las estaciones y con ellas los cambios del alma.
Cuando vi las fotos en Facebook pensé: esta chica tiene futuro, es más lista que yo. Ahí estaba Nick limpiándole el sendero a la princesita mora.
Con razón que la chica anda de cabeza sin él.



Hoy nos hemos visto en una reunión y cuando le tomaba el pelo con aquello de 'explotar' al novio, muy seriamente - todo lo seriamente que lo pueda hacer una andaluza - me explicó:

"¡Qué va, niña, es que andábamos de paseo por el barrio y vimos a los viejitos intentando limpiar el 'yard' y dijimos: "pues anda, vamos a ayudarles". Hace un aparte para explicarme que ellos pensaban llenar un saco pero que al final acabaron haciéndolo todo.
Me dejó muda.
¿Me tendría que sorprender la historia? No.



Entonces, ¿por qué se la cuento?
Simplemente porque es inaudita en este país.
Lo que sí puedo explicar es por qué ocurrió: la unión de dos culturas diferentes hace la fuerza. Lo que no se le ocurre a ella se le ocurre a él. Claro que no pueden ser dos culturas cualquiera para que algo tan mágico y tierno ocurra... Una andaluza unida a cualquier otro espécimen siempre mejorará las condiciones de vida del planeta. Perdonen mi imparcialidad!
Carolina y Nick, que la vida os depare la misma generosidad y cariño que vosotros repartís a vuestro alrededor.

Les dejo esta serie de fotos que requieren atención. Miren a la pareja de ancianos con las manos entrelazadas...mientras que las manos de los jóvenes trabajan por ellos.

domingo, noviembre 14, 2010

In Treatment: Media hora con Paul.








Casi dos años después vuelve la serie In Treatment.
Ignorando el dicho de que "segundas partes nunca fueron buenas", los productores traen a nuestro sofá media hora de intensa atención. Cuatro pacientes, si incluimos a Paul, el sicoanalista, interpretado por Gabriel Byrne.

La muerte está presente desde la primera cita. Sunil, extraordinario actor, deja La India al quedarse viudo, para vivir con su hijo y 'extraña' nuera. Qué bien presentados el tema del enajenamiento personal, el dolor del desarraigo, lo sorprendente para Sunil de las costumbres...Los silencios dicen más que las palabras en las primeras citas semanales.

Debra Winger, irreconocible en un principio por lo poco que se le ha visto en estos años, hace el papel de una mediocre actriz que lucha con problemas de memoria, el distanciamiento de su hija y el rápido decaimiento de su hermana que sufre de cáncer y de la que siempre ha tenido celos. Esta cita resulta anodina, en un principio, si nos dejamos llevar por la aparente superficialidad del personaje.

Una dosis fuerte de realidad la presenta el irascible adolescente adoptado, homosexual, que se siente despreciado y busca en las relaciones sexuales la forma de castigar a los que él cree lo rechazan, incluido el mismo.

Y, cómo no, el personaje más atractivo, Paul. La compleja relación con su antigua colega/amiga/siquiatra...terminó mal en la serie anterior. La publicación del libro de ella lo ha empeorado todo ya que Paul se ve reflejado en las páginas de una forma humillante. Se siente traicionado. A esto se añade el miedo que siente cuando los primeros síntomas de Parkinson aparecen, y el conflicto de no haber podido retener a su familia.
Media hora con Paul y sus pacientes. Media hora de excelencia por parte de este nutrido grupo lleno de talento.

http://chiquitin52.blogspot.com/2008/03/in-treatment.html

martes, noviembre 09, 2010

VICENTE VERDÚ, FORMA Y COLOR



A mediados de los ochenta visitamos a Vicente y Sole en su piso de la Ciudad de los Periodistas en Madrid. Sus hijos eran niños y los nuestros más niños todavía. Pasamos una tarde en familia; así nos hicieron sentir. Exquisita comida, rodeados de objetos de impecable gusto y buena conversación. Mis chavales disfrutaron de la piscina de la castiza urbanización, a la que yo --en mis tiempos de estudiante de Ciencias de la Información--había vislumbrado como posible paradero permanente en un futuro no muy lejano. Al despedirnos me acerqué a un pequeño cuadro que me había llamado la atención. Vicente me dijo que era de él y, ante mi asombro, y probablemente el de Alejandra, lo descolgó y me lo regaló. Yo no me hice de rogar... quizás eso de "¿estás seguro?", mientras pensaba dónde lo colgaría una vez de vuelta a Boston.
Era esa una época donde el escritor ya jugaba con el color y la forma; conformándose con la expresión minimalista que ustedes pueden ver en este regalo. Me hipnotiza la raya vertical en un verde de "lima y limón" que interrumpe el pensamiento de un azul añil tirando a turquesa. ¿Quién necesitaría más?
Definitivamente, el artista. Nunca conforme, experimenta y se renueva-- o retrocede, sin darse cuenta-- en la búsqueda de lo que cree le completa. Así es cómo en los últimos años Vicente Verdú se ha dedicado a invadir espacios enormes con colores inusitados en formas que sólo el que los observa descubre qué son o lo que quiere que sean.
Mientras yo me pierdo en este pequeño cuadro hecho con óleo en barras sobre un fondo acrílico, ustedes lo pueden hacer en una jungla, si así lo desean, visitando la exposición
El cuerpo del color, donde nuestro querido y polifacético artista muestra 15 óleos, en el Taller Arambarri. Arrieta, 11. Bajo izquierda. Hasta el 14 de enero.


Tuve la suerte de tener un rápido "private viewing" la primavera pasada y lo que sí les puedo anticipar es que despojen esas paredes de colores mustios para darles nueva vida, si los precios del artista se lo permiten!
Les dejo con uno de mis textos favoritos del escritor.

EL DÍA ACIAGO
Vicente Verdú

Hay días en que, sin ninguna razón aparente, se vive con un rencor general. Las circunstancias no presentan grandes variaciones respecto a días anteriores e incluso en relación a unas horas antes y, sin embargo, el escenario despide un aire hostil, tan difícil de concretar como efectivo.
En esas tesituras, donde resultaría muy arduo encontrar al adecuado culpable, el mundo entero queda condenado por el desánimo que padecemos. Prácticamente no se logrará salvar a un sólo elemento o al suficiente número de factores que nos procuren, aún selectivamente, el pequeño consuelo que nos niega la totalidad y de cuyo acoso no hallamos la menor explicación. O, más todavía: la explicación consiste acaso en la falta de una mínima voz que nos nombre y nos ame. Porque el centro de la hostilidad procede de la cósmica ausencia de nominación personal o, exactamente, del insoportable anonimato. Este máximo padecimiento coincide con sentir, de golpe, la inanidad, constatar algo semejante a haber desaparecido para los demás y desembocar en el convencimiento, sin razón aparente, de que el mundo nos ignora.
En ese día, la aflicción coincide con una suerte de impalpable afrenta y la clase de afrenta no es otra que haber sido borrados, haber quedado sin rostro o poseer un rostro tan descaracterizado que no convoca ninguna atención, no suscita el interés de los demás que evolucionan impasibles y desasidos de nosotros. Liberados, por un lado de nuestro ser y despojándonos, a la vez, de toda materia, volumen o densidad real.
Es decir, los demás nos matan sin hacer nada. O, precisamente, nos matan porque no nos hacen nada. El rencor en que entonces nos vemos sumidos responde a la visión de no reconocernos amados en la acción de los demás que es donde se cuece nuestra consistencia. El pan y la sal de estar aquí.


Don Vicente, que el Azar le depare reconocimiento y amor hasta el último día... aunque no venda ni un cuadro... Pero ya sé que ha vendido varios.
Hasta siempre.


domingo, noviembre 07, 2010

EL RAPTO DE LAS HORTENSIAS

Y le mandé al poeta mis flores secas y se quedó con ellas. Qué no se puede fiar uno de nadie, y menos de los poetas.
Le pedí a nuestro vecino de "Han ganado los malos" que me escribiera un poema que acompañara a estas flores, porque sé que le gustan las hortensias, todas ellas, aun cuando están secas. Y en vista de que no me las devolvía me pasé por su cuaderno y el muy bribón allí las tenía colgadas; y colgada me dejó, sin tener nada que ponerles este fin de semana.

Estas flores vienen de varios de mis jardines: algunas sureñas, otras de Chicago y las más hermosas de mi cosecha de este año en Boston.

Nací entre geranios y jazmines y más tarde llegaron las adelfas. Le siguieron las anémonas del jardín de Antoñito y fueron mis preferidas hasta que descubrí a las hortensias. Aunque la amapola puede con todas. Pocos campos de Amapolas he visto pero, así como a los poetas les da por las estrellas, qué palabras me vendrían para expresar esa cosa que me pasa cuando veo una amapola. Es una mezcla de sorpresa infantil en un principio que se convierte en asombro y nostalgia. No me atrevo a tocarlas. Con mis cinco sentidos las miro y con sentimientos revueltos las dejo por los caminos. Y así hacía de chica y de grande hago lo mismo. Nunca le he contado esto a nadie, es la primera vez que lo digo y mientras que les escribo un desasosiego me ha venido al recordar que estas flores en España sólo he visto, para ser más precisa, en los campos andaluces donde tanto yo he perdido.

Y volviendo a las hortensias: son generosas, no piden mucho, un poco de agua en los días de calor y a cambio se abren como panales de miel. Primero te ofrecen el blanco y van cambiando a rosado, luego vienen los azules, los malvas, los rojos y los morados. Así, si las vas cortando en diferentes estados pueden ofrecerte los colores que arriba ven. Lo de cortar es triste, ya lo sé, y lo pienso cada vez que lo hago, pero ellas siguen abriéndose hasta la primera helada de otoño (porque aquí hiela en noviembre). En invierno, cuando la nieve cubre sus tallos secos, yo las miro en casa, creo que - en secreto - me agradecen y les gusta que las tenga en compañía.

Acabo de leer lo que he escrito y, definitivamente, tengo que dejar de visitar el blog de mi vecino, porque me pongo a escribir y la rima (en mi caso ripiosa) me sale por todos sitios! Perdónenme, que no ha sido intencionado, es que todo se pega...Como se ha visto.

jueves, noviembre 04, 2010

De nuevo, Gonzalo Sobejano.


La revista digital Frontera acaba de dedicar a Gonzalo Sobejano, maestro - y casi padre - de muchos de los que hemos pasado por su aula, una extraordinaria entrevista, parte de la cual pueden ver en este video. El video viene acompañado de unas páginas autobiográficas de las que se desprende el Sobejano que todos conocemos y el que intuimos. Páginas llenas de recuerdos, añoranzas y esperanza.

Me traigo esta cita porque no pude resistir que no estuviera en esta casa donde Gonzalo ocupa un lugar de honor:


"Comprendo y respeto todas las direcciones del sentimiento religioso, pero desearía creer en un Dios de piedad, parecido al hombre, y este deseo sería mi única forma de fe, de caridad y de esperanza.
Amando a nuestros semejantes, engendrando hijos de la carne o del espíritu, laborando en aquello para lo que cada uno sirve, todos actuamos impulsados por la misma voluntad: merecer más amor, sufrir menos olvido. Premie o no algún Dios este impulso, encaminándonos al logro de la finalidad, el móvil que alienta al hombre desde sus juegos infantiles hasta sus reflexiones últimas, no es otro: sufrir menos olvido, merecer más amor." G.S


Autorretrato de Gonzalo Sobejano from Revista FronteraD on Vimeo.




viernes, octubre 29, 2010

La española cuando besa...

Que a veces no nos podemos quitar de encima una tonadilla, es cierto; pero que esa tonadilla sea una canción que escuchaba tu abuela y que no has oído por décadas, es bastante sospechoso...Así que me he puesto a hacer examen de conciencia de los besos "pecaminosos" que he dado en mi vida. Y vaya, esta niña era tonta o santa, que por entonces estaba de moda...lo de santa.

- El primero está justificado porque me engañaron (nos engañaron) unas gamberras - la hermana y amigas de Manolito. Nos prometían un cartucho de pipas, si nos dábamos un beso. Ni por esas lo íbamos a hacer! Pero era tentador y ellas muy ingeniosas y nos convencieron: ella, la hermana, mantendría un cartón entre la cara de Manolito y la mía. Algo así como si las monjas de clausura miraran por el ojo de la cerradura, pensé yo. Cartón por medio, Manolito y yo lo besábamos cuando la bellaca quito el cartón y nos rozamos las caras. Los dos salimos pitando mientras las zancudas se reían de lo lindo. Así acabó lo que podría haber sido una gran amistad. Bueno, su familia se mudó a Madrid, lo cual ayudó mucho.

El siguiente mal rato que pasé fue años después (la experiencia del primero me dejó traumatizada). Tenía yo una foto en la pared de mi cuarto de Cuqui , uno de los protagonistas de "77 Sunset Strip" . Una de esas tardes en que no me salía la traducción de latín, lo miraba fijamente y se me ocurrió besarlo. Todo fue uno, poner el morro en la pared y mi tía abrir la puerta. Cómo se reía! Me quedé paralizada. Ante mi asombro, esperaba que me mandara a confesar, me dio un consejo sabio : " Niña, más vale un feo que lo puedas pellizcar que un guapo atrapado en una foto", más o menos...

Pasaron años de besos imaginarios e imaginados que no sabían a nada...
Y llegó Bécquer:

Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso... yo no sé
qué te diera por un beso.

Así que empecé a mirar y sonreír con efectos sorprendentes. Gracias a Bécquer mantenía a los chicos a raya, siempre esperando a aquel que 'mereciera' mis besos (guardados a toneladas). El Romanticismo prolongó mi adolescencia hasta...no se lo voy a decir.
Pero tenía que pasar, cada vez era más difícil evitar que un "cualquiera" robara la pureza de mis labios (wow!) A los veinte hice un viaje por los países comunistas del Este y Turquía, Grecia, Italia. El calor era infernal. Yo colgada a mi abanico noche y día.
Salí ilesa de Rumania, donde el guía hizo lo imposible por cogerme una mano, por un beso, qué habría dado por un beso. Cuando se despidió del grupo (jubilados todos menos un par de jovencillas) se le saltaron las lagrimas.

En Estambul había un mocoso que se empeñó, desde el primer día, en cambiarme sus tarjetas postales por el abanico. Hicimos un trato: tenía que esperar hasta el último día de mi visita. Quedó contento y a la puerta del hotel estaba el día de nuestra partida. Como le había prometido, le di el abanico. No acepté sus tarjetas. El chavalín - no tendría más de diez - me pidió un beso. Claro, ¡cómo no se lo iba a dar! Me agaché enternecida y el demonio de niño se colgó a mi cuello como un mono y me beso en los labios. Como pude me deshice de él. Sin salir de mi asombro entré en el autobús. Una buena lección: donde menos espera una salta la liebre (porque refranes tenía de sobra por entonces!)

La cosa se iba poniendo cada vez más difícil de torear: los compañeros de facultad que te cogían por los hombros de forma fraternal...aunque yo sólo tenía un hermano. Un par de ellos que ya tenían novia, por más que los desanimaba volvían a los intentos. Uno quiso cortar por lo sano y decidió no volver a hablarme (estábamos en la misma clase!) La "última" noche que me acompañó hasta Moncloa - llenos de buenas intenciones - me pidió un beso de despedida. Cómo no! le contesté: le acerqué la mejilla mientras él buscaba mis labios, con lo cual nos dimos de narices. Se metió en el metro desconcertado. Yo subí la cuesta a casa pensando en el porqué de la confusión. Pensaba que los besos en la boca no se pedían, se daban apasionadamente cuando menos lo esperabas...las películas, vaya. Pero, en serio, esa experiencia me hizo ver que era UNA imbécil y que jugaba con fuego. Les tenía gran cariño a estos chicos.

Lo remató el que vino en julio desde La Coruña a Sevilla para visitar a una tía, decía (en este caso dejé clarísimo que perdía el tiempo... y que hacía más fresquito en Galicia ) En el coche, cruzando el puente de Los Remedios - íbamos a un pub - me acarició el cuello; me deshice de él bruscamente. Enfurecido me preguntó que si era frígida. Frígida? Ni se me había ocurrido tal posibilidad, que muy bien podria haber sido cierta...Le contesté con desprecio " ¿y no serás tú que no me atraes?". Se disculpo, me dio la razón...
Los coches nos pitaban, iba conduciendo contra el trafico en una calle de sentido único. Esta es una historia triste que no busqué pero que podría haber evitado de no haber sido una ñoña!

Y el "Oh ven, ven tú" de Bécquer nunca llegó, como tampoco le llegó a él; simplemente porque no existe tal cosa. Pero sí conocí a alguien que se tomó su tiempo (casi dos años) un café un día, una llamada telefónica dos meses después, un encuentro no planeado...Y acabó llevándose mi primer beso. Me enteré, que si hay algo que no hay que aprender o practicar, es besar a alguien que te atrae, y ni siquiera tiene que existir ese amor puro que yo buscaba. El se sorprendió pero más sorprendida estaba yo.

Habría que llevar cuidado a partir de aquel momento! Un beso de amor, una española como yo, no se lo da a cualquiera...

Diviértanse con el video.



viernes, octubre 22, 2010

¿Tu número?


No sé cuántos de ustedes conocen la simbología de los números. Los números para mí siempre han sido antipáticos y motivo de ansiedad y disgusto: fechas, más balances negativos que positivos, tallas que suben más a prisa que bajan, los que nos identifican y los del teléfono, que nunca puedo recordar. Para cuando memorizo mi número de teléfono nos cambiamos de casa. Ya que me sé el truco, me niego a aprender el que tengo ahora.
Dolor de pies: durante un tiempo calcé el 39 porque en España no se encontraban zapatos de mujer de la talla 40. Mis primeros zapatos donde mi dedo gordo fue bienvenido los compré en EE. UU. En 1977. Para entonces los pobrecillos habían adoptado una actitud arrogante, siempre con la cabeza erguida, pero realmente lo que hacían era ocultar su humillación. Un 'medio novio' se perdió el gusto de serlo 'entero' por reírse de mi dedo gordo... Pero vuelvo al tema de la simbología.

He conocido en el blog de al lado, donde siempre ganan los buenos, sobre todo si escriben poesía, a un amigo a quien llamo "Don Libra". Me gusta hablar con Don Libra porque me tranquiliza ( soy un manojillo de nervios), me hace sonreír y me hace sentir importante. Qué tontería, ¿verdad? ¿importante? Pues sí, y no en el sentido común y corriente, que es una chabacanería, sino simplemente porque me recuerda que existo para alguien que ni me conoce. Ya me estoy enrollando otra vez!

Pues bien, felicité a Don Libra porque cumplió años el 20 de octubre. A cambio le di mi fecha de nacimiento y mi nombre. Me sorprendió con este bonito análisis:

¡Nombre bonito, Estrella!Pues claro que no se siente usted estrella, aunque podría hacerlo, ¿por qué no? -seguro que para su perro es una constelación entera- pero le pusieron el nombre de Estrella por la que lleva usted en su corazón, no por usted misma.Es la que tenemos ahí y de vez en cuando brilla, otras veces parpadea, a veces está más apagada (la mayoría de la gente la ignoramos y ocultamos con nuestro carácter)... pero está ahí y usted la lleva dentro en el corazón. Tiene que hacerle caso e intentar que ilumine siempre para usted misma.Yo tengo un Estela -que es lo mismo- de apellido de una abuela.Para el santo creo que tiene 11 de mayo, 11 de agosto... y habrá más pero como es el más cercano a su cumple, sería el 11 de mayo, digo yo. ¿Pero, qué se trae usted con el 11?Algo nos oculta.Es el número llamado de las revelaciones.Según el simbolismo Pitagórico, la serie de números del 1 al 10 expresa la suma de todas las cosas en el mundo material.El 11 al ser el inicio de una serie más alta de números, simboliza un plano de conocimientos y realizaciones en un plano superior.Interpretado como Dios (1) añadido al mundo (10), explica el sentido de número de las revelaciones, siendo el signo del conocimiento de Dios, de la entrada en la vida superior.Tendrá que estudiarlo porque, si fuera el caso, usted siempre estaría en un grado superior de conocimiento y entendimiento cósmico mucho más elevado que nosotros, los comunes.Habremos de pedirle consejo en nuestros momentos de inquietud y desorientación.
D.L

No sé lo que pensarán ustedes de todo esto yo me he quedado pasmá! Si lo hubiera sabido antes le habría sacado un poquito de jugo al 11. Fui a Google y me impresionó. Desde luego me identifico más con lo que se dice de este número que con los horóscopos, donde siempre los Capricornios somos presentados como trepas y ambiciosos...Les aconsejo que busquen su número y nos digan qué dice de ustedes. Nos podríamos conocer mejor.

Don Libra, no lo he querido asustar pero con frecuencia - y según el fabricante - en la talla americana de zapatos calzo un 11 en vez de un 10!
La verdad es que no me traigo nada con el 11 pero parece que él se divierte conmigo...
27 de octubre:Y sigue Don Libra.
Puede que lo que nos gobierne se encuentre, en realidad, ordenado y nos parezca capricho aquello cuyo significado no comprendemos.
Gracias por sus nuevos versos borrascosos.
Porque en este cuaderno se trata de números importantes para contar sílabas y cantar la matemática música de la poesía, de "pulir" versos de cifras exactas, del barroco con su simbolismo numérico y de poesía bella y actual que no hace más que contar y calcular para rimar,

de Amjad Nasser,
para Doña Chiqui-Estrella del Once,

Once astros
Por los arcos
Por los palanquines
Por la lengua muerta
De las tribus que se inclinan
Sobre el sauce llorón

Por todo aquello
Tú eres la cautivante
Que se inclina
Sobre la palmera de mi alma
Para que caigan
Emires
Elogios
Y aura rocallosa de la milésima noche
Todavía una noche ...

El 11 al ser el inicio de una sucesión más alta de números, simboliza un plano de conocimientos y realizaciones en un plano superior. Este número debería volcarse hacia los demás como mediador, político, maestro, transmitiendo conocimientos básicos o herméticos. De un numero maestro siempre se espera lo mejor.- ¡Gran tarea tiene, doña Chiqui!-.
Posee la habilidad para transformarse en el ejemplo a seguir, (en el caso de un maestro espiritual, sus enseñanzas). Trata de resolver problemas ajenos a su persona.Desean revelar las bellezas que han visto y conocido. Quieren predicar la necesidad de vivir fiel a los ideales. En el número once existe el idealismo. Generalmente es un soñador, a veces un místico.
Sus palabras claves son Intuición, revelación, invención, poesía, arte, espiritualidad, idealismo, filosofía...
Todo aquel que posee estos números en su nombre o en su fecha de nacimiento deben saber que están dotados con cualidades de líder, guía, asistencia humanitaria, inspiración y revelación que no son dados a la mayoría de las personas. La misión de estos tres números es el servicio caritativo por la humanidad; les son dados exclusivamente a las almas añejas cuyas experiencias las han preparado para ser líderes y maestros. Son números de alta tensión y gran poder, recuerden que mucho se espera de un numero Maestro ya que sin ellos estaríamos totalmente perdidos.
Existen tres clases de números o claves maestras. La misión de estos números esta asignada para que el hombre evolucione, crezca y desarrolle sus potenciales humanísticos. Esta clave nos advierte que quien la tenga debería realizar cosas por los demás, y debería de alguna manera sacrificarse por los más débiles y necesitados.
Es un reto que exige niveles de conducta y comprensión muy altos y severos que no permite desarrollar el egoísmo y la satisfacción personal.
Los números o claves de las que hablamos son el 11, 22, 33.
¡Sin usted, Doña Chiqui, este cuaderno andaría perdido!, ya ve.

... y para otros números,

Siete años, la condesa,
todos siete me esperade.
Si a los ocho no viniere,
a los nueve vos casade.(Romance del Conde Dirlos)

Aunque no se trata de más de siete moradas, en cada una de estas hay muchas, en lo bajo y alto y a los lados, con lindos jardines y fuentes y laberintos. (SANTA TERESA DE ÁVILA: Moradas)

Con siete ayes clavados,
¿dónde irán
los cien jinetes andaluces
del naranjal?
(Federico GARCÍA LORCA: «Camino»,
de Poema del cante jondo)

Con que, gran tarea tengo? Por si fuera poca la que ya me eché hace tiempo, que no me deja vivir en paz por hacerlo todo a medias. Qué es usted, demonio o ángel? Me voy a ver ese 20 suyo...

viernes, octubre 15, 2010

INSTINTO


Eran los años en que a los bebés los traía la cigüeña, los novios "pelaban la pava" y cuando te llegaba el primer periodo, sin decir palabra, te daban un montoncito de paños blancos y te explicaban cómo lavarlos y tenderlos en un sitio discreto donde nadie los viera. Al menos esta fue mi experiencia entre los ocho y los doce años. Las películas de Cantinflas, los cuentos de hadas y los chismorreos de las vecinas: esto último era lo que más me gustaba. Así supe que la vecina de enfrente era una pánfila porque sus tres hijas y los novios pelaban la pava todas las noches al calor del brasero (nunca vi una pluma!) Las vecinas insistían en que no se veía ni una mano encima de la mesa. Empecé a intuir que los novios se calentaban las manos de un modo bien diferente al resto del mundo (porque todo el mundo tenía brasero y mesa camilla) mi imaginación sólo alcanzaba a ver las manos entrelazadas.

Mi mejor amiga por entonces era Pili, hermana de las de la pava. Pili me sacaba un generoso palmo y dos años. La quería mucho, aunque en ocasiones me hacia sufrir con sus aires de superioridad. Lo sabía todo, se reía de mis simplezas, llevaba medias y sus hermanas le cardaban el pelo, lo que la hacía mucho más alta que yo. Los chicos del barrio la miraban; yo sufría por ellos, ella no se dignaba a devolverles la mirada. Nunca sentí envidia porque sabía que todo eso me tocaría a mí en dos años.

Vívidamente recuerdo dos ocasiones que merece la pena contar. La primera fue cuando observé que una pelusilla empezaba a cubrir mi pubis. No me alarmé, mi instinto me decía que era algo normal...pero ¿Cómo de normal? ¿No era demasiado pequeña para que estas cosas me pasaran? Pili, mayor que yo, me podría sacar de dudas.
Después de unos agonizantes meses, llena de temor y vergüenza le enseñé mi secreto. Sus ojos, ya de por si saltones y rojizos, se abrieron llenos de asombro- asombro que yo no sabía cómo interpretar. Me enteré cuando se llevó la mano a la boca para contener una carcajada. Reía y lloraba al mismo tiempo intentando no hacer ruido. Salí corriendo. Durante unos días no quería ni cruzármela en la calle. No me importaba haber hecho el ridículo; lo que sentía era que nunca más podría confiar en ella.

Por ese mismo tiempo, estabamos un atardecer en la feria. Linares, incluso entonces, más que un pueblo se consideraba una pequeña ciudad. Nos encontrabamos a una buena distancia de nuestra casa. Ya nos habíamos gastado el poco dinero que llevábamos pero ahí estábamos apoyadas en la barandilla del carrusel, disfrutando de las sonrisas de los que se montaban. Se nos acercó un hombre que parecía intuir nuestros deseos. Nos dijo que era amigo del dueño del carrusel y que cuando se quedaran bancos vacios le pediría que nos dejara montar gratis. Se nos abrió el cielo; sabíamos que se hacía tarde pero merecía la pena la regañina si podíamos darnos un par de paseos más. Empecé a ver que ya había espacios vacios y que nuestro amigo no había hablado con el dueño. Lo recuerdo apoyado en la barandilla, al lado de Pili, con una sonrisa feliz. En poco tiempo Pili me dijo al oído que cambiara de sitio con ella. Cambié de sitio. No tardé en saber la razón del cambio. Sentí sus largos dedos bajo mis vestido, sin perder un segundo tiré del brazo de Pili hasta que se agachó y le dije que a la de tres saliéramos corriendo a casa.
Así lo hicimos: corrimos por el paseo; flechadas calle abajo atravesamos la plaza y otras calles. Cuando subíamos la oscura y ancha cuesta que llevaba a la iglesia nos faltaba la respiración, a mi me entró un dolor en la parte izquierda del vientre que casi me dejó paralizada. Volvimos la cabeza por primera vez y ahí estaban, dos hombres corriendo en nuestra dirección. Llenas de pánico emprendimos la carrera hasta llegar a casa. Pili me dijo después que ella no había visto a los dos hombres. Quizás yo tampoco, o podría haber sido alguien que quería ayudarnos. Nunca contamos esto a nadie. Nos lo habíamos buscado.

Hasta hoy me pregunto por qué mi querida amiga me hizo cambiar de sitio; cómo no se le ocurrió que algo andaba mal? En mi caso, fue sentir su mano y saber que había que salir corriendo. No sabía nada sobre sexualidad, ni oído de ningún caso de abuso sexual.
El instinto sigue guiando, en gran medida, si no mis decisiones, mis impresiones. Casi nunca me ha traicionado.

lunes, octubre 11, 2010

Vargas Llosa, veinte años después

Por mucho que se haya dicho sobre el Premio Nobel y sobre Vargas Llosa, creo que tengo algo de mi propia cosecha que añadir. Los que leéis este blog seguro que recordaréis que el año pasado favorecía a Luis Goytisolo. Mi opinión no ha cambiado, pero lo importante es que el Nobel quede en casa!
Tengo una colega en la universidad a la que he bautizado como "mi Ángel custodio" ( en los ángeles sí que creo, eh?), ya que, después de mi ausencia de las aulas durante cinco años, la desorientación es mi compañera. No tanto en qué y cómo enseñar sino, más bien, en cómo complacer a la administración. Total, que ando despistada fuera del aula.
Rommy me ha echado un par de cables en ocasiones importantes, por pura casualidad en encuentros de pasillo (por eso lo de ángel). Rommy es peruana y ha sido bombardeada con felicitaciones por el galardón otorgado a su país. Divertida nos ha contestado:
"Gracias, pero no tengo ningún 'orgullo peruano' (no creo en nacionalismos, uno es de donde le tocó nacer y listo); en todo caso, creo que el premio es una buena noticia para las letras hispanas... y para las editoriales, claro, que se van a ir arriba con las ventas de
este señor".
Así me siento yo y su comentario me ha animado a dejarles las siguientes anécdotas.

Vargas Llosa fue el primer escritor latinoamericano que leí. En la Universidad de Sevilla - no recuerdo qué año, pero yo no tendría más de 18 - escuché una serie de conferencias fascinantes. Al final del ciclo me acerqué y me firmó un libro, que anda por ahí y no recuerdo cuál era, pero que en ese momento representó para mí la puerta abierta a un mundo por descubrir: "la literatura latinoamericana".
Años más tarde, cuando conocí a mi hoy marido, supe que había sido profesor suyo en Columbia University y que (Vargas Llosa) había reseñado - favorablemente - uno de sus primeros libros sin darse cuenta de que había sido alumno suyo.
Las ocasiones de contacto, ahora directo, con el escritor siguieron durante algunos años, a través de amigos comunes.
Cenamos con él en Cambridge (Massachusetts) en casa de Juan Marichal y Solita Salinas. Visitaba a su hijo Álvaro que estudiaba en Harvard y los Marichal lo acogieron en una intima cena donde lo sorprendimos diciéndole las veces que habíamos estado tan cerca de él sin que nos recordara ahora. Se apresuró a disculparse y, por supuesto, dejamos claro que bromeábamos sobre el asunto.
Vinieron otras oportunidades. Una conferencia en Boston University con una sala repleta de admiradores donde apenas pude saludar al escritor; su interés era saber de Solita y Juan que para entonces habían vuelto a España. Hablábamos pero el escritor estaba más preocupado de no perder a su mujer entre la multitud que otra cosa. Yo también habría salido pitando sin saludar a nadie!
Sería nuestro querido amigo Efraín Kristal quien renovaría estos encuentros cuando estaba en Vanderbilt Univesity de profesor visitante y tuvo la gran idea de invitar a Vargas Llosa a dar una conferencia. La universidad lo tuvo dos días ocupado con visitas a clases y otros asuntos diplomáticos y publicitarios. En la conferencia, la presencia del escritor peruano atrajo más público de lo esperado y lo que parecía un generoso espacio se llenó hasta el más mínimo rincón, con gente sentada en los pasillos. El cuerpo de bomberos prohibió la entrada a los que esperaban afuera porque ya sobrepasábamos los límites de sus ordenanzas.
Como despedida de estos dos días en Nashville decidimos darles un descanso al escritor y a su esposa. Los invitamos a cenar en casa con Efraín y después fuimos al "Blue Bird Cafe", punto de partida de todo protagonista de la música Country. Se dice que no serás nadie en el mundo del espectáculo si no has pasado por este íntimo escenario. Este café, en aquellos tiempos, tenía capacidad para unas veinte personas; las reformas que ha sufrido permiten el doble de espectadores . Allí acabamos la noche con John Bohlinger a la guitarra y alguien que cantaba sus canciones. En un intermedio el cantante anunció a los espectadores que "a very important Spanish writer (no se podía entender el nombre) was among the public" todos aplaudimos con entusiasmo y Vargas Llosa estaba más contento que un niño con zapatos nuevos el día de Pascua. Perdonen por un final tan pintoresco.

El año pasado coincidí con él en la Real Academia Española con motivo del homenaje a Miguel Delibes. Ni se me ocurrió saludarlo; sin mi marido no creo que me hubiera ubicado en el tiempo o el espacio; pero me gustó observarlo desde lejos.
Lo que vengo a decir es, cómo el azar interviene en nuestra vida. Les contaba el jueves a mis estudiantes que conocía personalmente a los dos posibles ganadores del premio Nobel en literatura del año pasado. Como vi que los impresioné, les aclaré que la persona importante en la familia era mi marido pero, añadí, que cuando lo conocí era un don nadie! Me alegré cuando los estudiantes se rieron. Hubo una vez en que decíamos que los americanos no tenían sentido del humor...Not any more! Not my students!

Ahora, si han llegado hasta aquí y quieren aprender algo interesante sobre Mario Vargas Llosa,tendrán que escuchar a, mi más que brillante amigo, Efrain Kristal.


miércoles, octubre 06, 2010

YERMA EN BOSTON: Whatever works!

Y eso digo yo, en cuanto al blog, Whatever Works. Si alguien tiene algo interesante que contar, aquí estamos. Hoy paso el espacio y la palabra a Christopher Maurer.



Paul Bowles, Tanger, 1956.



De vez en cuando los profesores de literatura nos despertamos—felices, fascinados— al teatro: el teatro-teatro: el que se desenvuelve en las tablas y no en el silencio de la página impresa. Esta noche el grupo del “Opera Institute” de Boston University ha tenido el primer ensayo de una ópera de Paul Bowles—Yerma—basada en el célebre drama de FGL. Me invitaron a hablar antes del ensayo a los actores, y al presenciar el ensayo y charlar con el director, he aprendido lo que nunca habría podido aprender en el aula.

Espero que ellos también aprendieran algo. Les hablé del estreno de la obra en Barcelona en 1935 y del debate, en los años 30 sobre su moralidad o inmoralidad. Les había traducido al inglés—para que se hicieran una idea del contexto histórico—algunas reseñas, entre ellas la de un crítico reaccionario catalán que tachó de inmorales los pasajes en que Yerma compara su propio deseo de ser madre con el instinto de procreación de las bestias del campo. Ve “que los trigos apuntan, que las fuentes no cesan de dar agua, y que paren las ovejas cientos de corderos, y las perras...” Parece que “todo el campo puesto de pie [le enseña sus crías tiernas, dormiladas, mientras [ella siente] dos golpes de martillo aquí, en lugar de la boca de un niño.”

Hoy en día esa comparación con la naturaleza no sorprende y ningún crítico se quejaría de la degradación de lo “sublime” de la maternidad. Es otra cosa la que inquieta a los norteamericanos, más subversiva que la crítica social. Lo que nos pone incómodos es el lirismo de la obra: la frecuencia de las metáforas y símiles, las imágenes basadas en un mundo natural que sólo vemos en el Discovery Channel. Los versos que indignaron al crítico catalán han desaparecido del guión, cortados por el director, no por inmorales sino porque en Yerma están mezclados lo lírico y lo prosaico en un “poema trágico” difícil de tragar para un público bostoniano o neoyorquino. Se supone que lo dramático es inconsistente con lo lírico y que la obra ya lleva una buena dosis de lirismo con la música de Paul Bowles. Ese elemento “lírico” inquietaba al mismo Bowles, que observa, en una carta de 1956, que para “a non-Spanish person”, “it all seems more poetic in Spanish than it can be made in English”.

¿Tenía razón? ¿Hay que diluir el lirismo de Yerma? Lo cierto es que la música de Bowles—aun cuando es tocada por una pianista y no por la pequeña orquesta de cámara que él requiere—tiene sus momentos bellos y originales, que nos hacen perdonar los cortes en el texto. Ha sido, pues, una experiencia interesante y, si me dejan, volveré a los ensayos, echando de menos esas metáforas —las que explico siempre en clase, las que provocaban a los críticos— pero armado de un criterio más frecuente en el escenario que en las aulas: Whatever works!

Christopher Maurer




martes, septiembre 28, 2010

Boston-Chicago-Nashville: Ida y vuelta


Efectivamente, queridos, me sorprendí volando sobre la plana e inalcanzable ciudad de Chicago de camino a Nashville. Lo decidí a última hora gracias a mis dos primas que pusieron mis prioridades en orden. Qué lujo tener a alguien que sea capaz de ver por ti cuando te empeñas en llevar gafas de sol en un día nublado. Pero era complicado este viaje.
Bien podría haber ido a Madrid en vez de a Nashville. Esto puede que sorprenda a aquellos que usan el lugar común de "los americanos...". Lo explicare: cuando voy a España compro el billete con meses de antelación, con lo cual me cuesta la mitad. El vuelo es directo desde Boston y dura 7 horas. Para ir a Nashville - como a cientos de sitios de este país - el vuelo me costó poco menos que mis vuelos económicos a Madrid y duró casi tanto como estos últimos. Cinco horas para ir y seis para volver. Imitando a Regan, después de su viaje a Sudamérica: no se pueden imaginar ustedes la cantidad de gente diferente que vivimos por aquí y las distancias enormes que nos separan!

Mereció la pena? Sabía que pasara lo que pasase la merecería. Llegué el sábado y fui directamente a la galería: de cuatro a seis y media "Reception with the artist". Ni el artista o la familia sabían que iba...La primera en verme fue una de sus hijas y observé que, sorprendida, buscaba en las alturas a alguien más. Cuando le aclaré que sus padres no sabían que venía - los quería sorprender - me siguió a donde Enrique ya estaba rodeado de otros amigos. Landi me dijo "quiero ver su cara cuando te vea". Pensé que Enrique se imaginaba que no faltaría a la cita: es muy expresivo y divertido y cuando habla en broma lo hace a la manera de los mimos. Me coloqué detrás del grupo, sonriente, como la niña que acaba de hacer algo bien y la van a premiar. Casi simultáneamente levantó la mirada, abrió los brazos y dio un paso hacia atrás como si hubiera perdido el equilibrio. Pensé en el Enrique actor; pero desistí cuando vi que había palidecido. Al día siguiente, de camino al aeropuerto, me dijo que cuando me vio pensó que era una aparición. Lo creí.


John era el único que sabía que iba. Es casi imposible que él y Megan tengan libre los fines de semana. Tenía que asegurarme que sabían que iba a estar en Nashville...hacia más de diez años que no veía a John. No conocía a Megan, se casaron hace poco.


Lo cierto es necesitaba ver a mis queridos Bettye y Enrique, ahora y ya! También a John; asegurarme que después de tantos años - y todo lo sufrido por él - seguía siendo el mismo en lo esencial. Así es. Megan, desconocida para mí hasta ahora, pasa a ser una entrañable persona que podría ser mi hija pero que a sus veintitrés añitos muestra señales de un ser sensible a las necesidades de otros...algo muy propio de las madres.


Tuve la suerte de sorprender a otros amigos que ya suponía que asistirían al acontecimiento y me quedé con la pena de no ver a los que estaban fuera o lejos de Nashville. La ciudad me brindó recuerdos llenos de nostalgia que me hicieron pensar que podría volver a vivir allí, si no fuera porque Madrid siempre se interpone y me recuerda 'que me espera' con más paciencia que yo a ella.


Eso sí, cargué todo el viaje de vuelta con el cuadro que encabeza esta entrada. Para mí uno de los mejores, aunque cuando llegué a la galería ya se habían vendido más de la mitad de los expuestos; pero me esperaba el que más me gustaba. Afortunada que soy...


A punto de cerrar la galería me di cuenta que quería sacar fotos. Lo hice atolondradamente e interrumpida una y otra vez por la conversación con los amigos. Estas fotos no son representativas de la exposición. Prometen mandarme otras que añadiré a esta selección mínima.



LINKS:

BENNETT GALLERIES

ENRIQUE PUPO-WALKER

JOHN BOHLINGER

domingo, septiembre 19, 2010

Gazpacho in a Rockaway Bungalow



Me llama mi hijo: "How are you doing, mom? ".
No me da tiempo a contestar.
"¿Me puedes decir los ingredientes del gazpacho? He perdido la receta y estos [su novia con los padres] llegan en veinte minutos!"
Noto la urgencia en la claridad con que me habla; quiere evitar el acostumbrado "what did you say?" de nuestras conversaciones telefónicas.

Empezamos con los tomates. El quiere usar tomates naturales; yo le digo que de lata. En este país no existen tomates frescos con sabor a tomate. Insiste en que sus tomates son buenos, rojos y pequeñitos. Desiste cuando le explico que los tiene que pelar... Tiene sólo 15 minutos. El pinche está preparado: ajos, cebolla, pepino, pimientos verdes. Contesta a mis preguntas apresurado y me pide que me quede al teléfono mientras lo hace. Cómo no, ¡tengo pocas ocasiones de dar órdenes!
Ahora el problema son los ajos. No nos entendemos: dice que los dientes son del tamaño de una nuez. ¿De una nuez? Quedamos que es la cabeza la que tiene el tamaño de una nuez y los dientes son como "the end of my thumb". Pues estamos arreglados, ¿cómo es posible? mi hijo tiene un respetable dedo gordo, casi como el mío, pero no hay tiempo que perder: cuatro o cinco dientes, calculo yo. A él le parecen muchos y esto me hace pensar que no es la cabeza sino el diente lo que tiene el tamaño de una nuez ... Venga, el chico se impacienta: hay que empezar con el triturado de los ajos, cebolla, pepino y pimiento. Por lo bajín oigo un shit. Me comunica que en la trituradora ya están los tomates, se le oye angustiado. ¡Los hombres se ahogan en una lata de tomates! "Hijo, ¡ponlos en un cazo!" Le parece una idea brillante y se tranquiliza. Encantada y divertida oigo el ruido de los cacharros, el ir y venir, el abrir y cerrar del frigo...vaya, el orgullo de madre, digo yo.

La cantidad de pepino presenta otros problemillas. "¿Cómo es de grande?" le pregunto. "¡Jo! ---responde--- En la vida he visto un pepino tan grande". Se me ocurren varios chistes pero no lo quiero escandalizar; ya saben, una madre no debe entender de esas cosas. El gazpacho; eso sí. En vez del chiste le recuerdo que le he dicho muchas veces que los pepinos si más pequeños mejor; los grandes sólo tienen pepitas. Me interrumpe y me dice que ya las ha quitado. ¿De dónde habrá sacado este chico tal destreza culinaria? No en casa. Ahora estamos en "cuánto pepino poner al gazpacho." Yo creo que tres cuartos, pero él decide que la mitad o menos, con lo cual me quedo pensando si en vez de un pepino habrá comprado un melón.

Murmura por lo bajo con un taco de por medio; yo lo intento calmar. Sigue mis instrucciones del aliño y antes que se lo diga el ruido de los cubitos de hielo me indica que el gazpacho está a punto. Ahora se apresura para limpiar la cocina (no le ha de llevar tiempo, es del tamaño de un armario), preocupado porque huele mucho a ajo y agradecido por la ayuda, cuelga.

¡Wow, qué par de cocineros! Hemos hecho un gazpacho a distancia en seis minutos! El teléfono interrumpe este momento de verdadera satisfacción ¿Qué pasa, Dan? Me contesta el trasiego de su andar, puertas, tráfico en la calle...Vaya, una de esas veces en que el fantasma del teléfono de mi hijo me llama y él ni se entera. Grito varias veces a todo pulmón ¡Daaanyyy! No aprendo, esto nunca funciona, pero otra vez !Dannn! Mis perrillos - hasta el sordito - se incorporan de su modorra y me miran con gran preocupación. Dejo de gritar, cuelgo, y ahora me toca tranquilizarlos a ellos.

El teléfono volvió a sonar dos veces más y dos veces volví a colgar.
¿ Quizás se me echaba de menos allí? Qué tierno, aunque fuera el I-Phone el que llamaba.


jueves, septiembre 16, 2010

ENRIQUE PUPO- WALKER EXHIBITS IN NASHVILLE


***
Enrique presents in this exhibit 40 pieces at the Bennett Galleries. Forty percent of all proceeds will be donated to the Children's Hospital of Vanderbilt University for art materials for the kids. I hope all of my friends in Nashville and in the South will take a look at his wonderful acrylics, oils and watercolors. I would love to be there, as before, but that doesn't seem possible right now.

For those of you who aren't familiar with the artist's work, here is some more of it.
Click here:
http://chiquitin52.blogspot.com/2009/01/con-enrique-pupo-walker.html
Suerte, Enrique!









domingo, septiembre 12, 2010

Mujer y Género en la Universidad de Puerto Rico

De una colega de la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, llega una noticia desconsoladora para muchos. Las autoridades universitarias han decidido que no pueden seguir costeando los dos cursos al semestre que ofrece el Programa de Estudios de la Mujer y el Género, fundado hace una década.

¿Será verdad que la Universidad de Puerto Rico no pueda costear cuatro cursos al año dedicados a explorar las cuestiones de género? Cuando se fundó el programa, se afirmó que esa secuencia integrada de 15 créditos constituía “un valor añadido al bachillerato.” ¡Un valor añadido! A los decanos les encanta el concepto de la interdisciplinaridad, la sinergia, y lo del valor añadido. Desde hace tiempo se ha insistido en la necesidad de colaborar con otros departamentos. Ahora parece que no. Esa colaboración, con su “valor añadido”, se ha convertido en déficit o en lujo, a ojos de la administración, que, por lo visto ni se molestó en discutir ese recorte del presupuesto con la directora del programa ni con los colegas que enseñan esos cursos. Claro, al fin y al cabo, ¿qué puede contribuir al bienestar social, o a la economía de Puerto Rico, la reflexión y la investigación sobre el papel cambiante de la mujer en la sociedad puertorriqueña y norteamericana? ¿La violencia doméstica? ¿La desigualdad económica? ¿El lenguaje y las literaturas de los grupos marginados? Son temas en que confluyen varias disciplinas, y es precisamente esa mezcla de perspectivas sobre cuestiones de gran interés para la sociedad lo que apasiona a los estudiantes.

En estos diez años, el Programa ha dado brillantes muestras de lo que puede lograr un modesto programa de Género que administre bien sus limitados recursos. En este caso, los colegas de Río Piedras han mostrado una frugalidad extrema. El presupuesto de $23,000 —escribe una de las profesoras del programa—“debe estar entre los fondos mejor administrados de la Universidad pues con ellos se cubren las compensaciones de las y los docentes que imparten los dos cursos por semestre que ofrece el Programa, los gastos operacionales, una estudiante a jornal, actividades con profesores del Recinto y el Sistema UPR, invitados extranjeros y colaboraciones con actividades afines a las áreas de especialización del Programa organizadas por otros departamentos”. Y tiene razón. $23,000 es lo que se gasta en otros departamentos en papel para las fotocopiadoras. ¿Y así se trata a los que administran con cuidado un presupuesto mínimo?
Como puede verificarse fácilmente en la Red algunos de los eventos organizados por el programa han tenido repercusiones en otras universidades de EE.UU. y en otras partes del mundo. Con un profesorado activísimo en la investigación y dedicado a la enseñanza, el programa ha crecido, atrayendo atención favorable sobre la UPR. Estaban a punto de iniciar un programa de estudios graduados cuando se anunciaron los recortes. No, no fue un “valor añadido”, sino un "valor." Hoy en día, es inconcebible una buena universidad sin un Programa de Género. Es una injusticia— y una necedad— dejar que muera y dejar que se pierda todo lo que se ha hecho hasta ahora.
C.Maurer

viernes, septiembre 10, 2010

RECIEN CASADOS

Deseamos a María José y Javier una larga vida juntos. Felicidades!

lunes, septiembre 06, 2010

Holly Maurer, "Common Grounds"

Queridos, en la familia Maurer hay buenos escritores, y escritoras! Aquí va una reflexión de mi hermana adoptiva (no me gusta lo de cuñada) sobre la tragedia del once de setiembre. Está en inglés. No aconsejo que usen el traductor de google porque no oirían su voz. Sé que muchos de los lectores de este blog son bilingües. Va para vosotros!



Where Flight 93 went down: There's not much to see, but it's a good place to mourn
HOLLY MAURER-KLEIN visits on a stark winter's day.
From THE PISTTBURGH POST GAZZETE
Sunday, September 05, 2010

Windber in February is as cold as it sounds, midway between Somerset and Johnstown in southwestern Pennsylvania. I traveled the two hours there from Pittsburgh on Valentine's Day to see a prospective client, a quiet, middle-aged man in a cardigan sweater who runs a biotech company. We talked about the work, then his son's high school rifle team and his hobbies of hunting and fishing. When I mentioned that I had noticed the signs for the United Flight 93 site on my way and thought of stopping, he nodded. "I live just about a mile and half from there. Not much to see."

He looked down at the papers on his desk and changed the subject. It felt as if a warning light had softly begun blinking, reminding me to tread carefully. When I was younger, I defiantly marched into such danger zones; I am more cautious now.

I was 11 when my mother died. My attempts to talk to my four brothers and father about her death drives them further away, not closer.
At 52, my grief still feels awkward, shameful, like I'm carrying around a big salty vat of water that spills over at inconvenient moments. But the tears are like warm water on ice, carving a shortcut to a place inside myself that is hard to reach by any other route. Sometimes I look for ways to get there.
That may be why, when I started for home on the empty "Flight 93 Memorial Highway" I decided to take the detour, despite some doubts: The sun was sinking in the late afternoon sky; the road was icy; I definitely was wearing the wrong shoes. And I felt a little uncertain about my wish to see the site. Was I intruding, once again, on a private grief?

Tiny blue signs pointed the way, encouraging me. Three more miles on Route 30. Two more on Lambertsville Road. I expected to see billboards, snack shops or some sort of tourist information, but there was only a quiet landscape -- not even a lively gas station, just closed up nurseries and farms, cattle and hemlocks, everything asleep.
A final sharp turn onto Skyline Drive, then the van wheels crunched on the gravel path, silence and snow on either side. An empty pick-up truck was parked at the top of the hill, next to surveyor's equipment. Over the crest, just below: a row of flags, a hut and a parking lot.
With a nod to the two visitors who left as I arrived, I trudged through the snow to the edge of the field, my heart pounding. Wooden benches faced the empty field, too, their seats covered with snow, a passenger's name engraved on each seat back.
Flags snapped over my head. A porta-potty lay on its side, tossed over by the wind. A section of chain link fence rose high above the rows of benches, covered with newspaper articles in plastic, hand-made plaques from local fire companies, veterans' groups and military units.
There were coins and talismans on the posts and on a few stone memorials that were now half-covered by the snow, to let the dead know someone had been here and to make the living feel less alone. There weren't as many pink ribbons and teddy bears as flags and caps. Men had mourned here.
Somehow, it worked. The little gestures were random and haphazard. There were no headphones, no signs, no pictures to tell the story. But I could feel compassion and love, sorrow and hope. It was moving, what people had done to make themselves quietly feel better.
A park ranger in uniform, wearing a puffy jacket and a warm hat with flaps, put down his snow shovel and stood at ease to welcome me to this house on a hill in the middle of this land owned by a coal company.
"Well, hello," I say awkwardly. "Pretty quiet here today?" I fumble for words. In my short coat and high heels, I feel out of place.
"Yes, it's a slow day. It gets this way this time of year. Not like summer." He waited.
"Such a strange place. So peaceful."
"Yes, it sure is."
I read the visitors book while he stands by. Just names of people and places, nothing more.
"It feels good to get warm in here."
"Yup, sure does. It gets pretty toasty."
Another pause.
"Is there any way to tell what happened when you look out there?"
"Well, everything was gone, you know, completely, when the plane landed," he explains. "The field burned. They finally removed all the debris, and the burned trees. The only thing you can see, really, any more, is that line of hemlocks with the bottoms burned off. Since they were exposed after they grew, the bottom of those trees will never grow back. Can you see them?"
I peer out toward the field. I can't see anything.
"And there's that fence. That went up first, to kind of define the area that was off limits. You can just see it if you look closely." He stands a little closer and points over my shoulder. We look together, although I can't see the fence, either, through the murky plastic window of the hut.
He shows me the official cockpit voice recorder transcript in a three-ring binder; the script is hard to understand with lots of "indistinguishable noise" and "unintelligible" notations; you can't really tell much. There's no record of the cell phone conversations that tell the rest of the story of what happened that day.
"Are you here all the time?" I wonder.
"No, just when they need me. Normally there are volunteers. They work two-hour shifts. Local people."
"Really? Volunteers still come?"
"You know how windy this place gets, and how cold -- we're on high ground, you know. For a few years before the Park Service took this over, they stood out there in the cold for two hours; even on Christmas and New Year's. I can't even imagine what that must have been like. Now at least they have a place to stay warm. I help when they can't be here, like now."
I thank him, take one of the brochures neatly stacked on the counter and say good-bye, awkwardly. It is time to re-enter my life, but I am not in a hurry. I want to stay in this place, where reminders of death and destruction are gently disappearing, where the simple ritual of keeping watch and remembering somehow make the horror of that day more bearable.
It seems like some wise part of our psyche is telling us to wait a while, to let the sun and the air in before we bind up the wounds. In the meantime, we do small things that help. Clear away the debris. Build a fence around a field. Let the grass grow. Plans are in the works to build a memorial. He showed me a picture of a walkway and a monument and a row of trees; nothing fancy. But I'm glad I came now.
He follows me out and starts to sweep the snow off the wooden path. Our feet crunch in the crisp, silent air. I give him a wave and climb back into my van, head home to my family, glad to be silent. I feel like I went to a funeral alone and ran into a friend. It feels like mourning. It feels like healing.

Holly Maurer-Klein owns a local employment consulting firm and lives in Squirrel Hill (hmk@hmkassociates.com). She is working on a memoir.

sábado, septiembre 04, 2010

La dama llegó a tierra firme.

El cartero - que "siempre vuelve" - trajo hoy, como si fuera seis de enero, un paquete singular. El papel que lo envolvía era de una textura y color diferente al del papel de aquí, incluso al de España, que ya estoy acostumbrada. Lo más llamativo eran las palabras manuscritas que rodeaban el envoltorio, con letra firme y equilibrada: Zebrechlich! y Fragile! La exclamación, un gracioso triangulo. De la pegatina de la dirección me llamó la atención la "I" de Iglesias. En un rincón de mí está el recuerdo de esa "I".... Amalia la ha reproducido sin saberlo y me llega hoy desde un presente perfecto. En el futuro estos paquetes viajarán por el éter y susurrarán a quién los acaricie "Zebrechlich" y cuando el destinatario lo reciba escuchará la voz de otra Amalia que repite: "zebrechlich, Fragile", o quizás se habrá llegado a tal punto de sofisticación tecnológica que se oirá: Che, tené cuidado que se rompe!!!
Debajo del papel, una cinta negra de precintar abrazaba a una caja blanca; la cinta predicaba en cinco idiomas: "Si la cinta es estropeada, comuníquelo al transportista al recibir la caja". Habrá que perdonar ese verbo "es" que debería ser "está" ya que la condición de 'ser' es permanente; la de estar nos permite comunicarle al transportista si la cinta está intacta o estropeada. La cinta llegó perfectamente ajustada, señal que los de aduanas no abrieron el paquete.
Yo sabía lo que había adentro. Con esmerado cuidado, fui quitando el papel, la cinta; luego abrí la caja y poco a poco fui sacando los plásticos de bolitas de aire de aquí y allá. Apareció la base: un metal rustico y de una elegante sencillez que contrastaría con la delicadeza de la dama y su fino esmalte evocador de piezas milenarias de cerámica china. Allí estaba ella, supe que la llamaría "Mar". Eran grandes las posibilidades de que se hubiera roto durante la travesía: hace unos días pregunté a Amalia que cuándo llegaría, me contestó que seguramente andaría por las Azores. No me tranquilizo nada. Respeto al mar, y mis razones tengo. La dama ha sobrevivido y damos gracias a la fortuna. Ella sabe que está en buenas manos.

Vi a Mar en el escaparate de la tienda de Amalia, No era la primera vez, ya la había admirado en otras ocasiones, pero siempre desde lejos. La boda de mi sobrina se acercaba y nada mejor que una pieza de Amalia para el regalo: 'esa pieza' pensé. Le entregaría la dama a la novia personalmente.
Habría sido más fácil mandarla directamente a Madrid, verdad Amalia? Pero era un gran riesgo el que yo corría. Cómo podía regalarla sin haberla tocado? Y si al tenerla entre mis manos se confirmaba lo que ya sospechaba?: que no podría regalar el objeto deseado, que lo tenía que tener cerca. Y así estoy en estos momentos. Estoy pero no soy así. Pudiera ser que, después de una larga visita - digamos, hasta la primavera? - me tenga que despedir de la dama y asegurarme que, pasada la luna de miel, los novios aprecien la singular belleza de este objeto salido de las manos, de la imaginación de Amalia. Pudiera ser, pero no estoy segura...


Ando con la dama por la casa a ver dónde le gustaría estar. La acabo de dejar al lado de Don Quijote y Sancho y creo que están felices. Amalia, ese Quijote es porteño. Un regalo de Leda. El artista se llama Tito Ingenieri .

WAITING FOR EARL...





Kids teasing the waves that Hurricane Earl was sending to Nauset Beach (East Orleans, Cape Cod) a few days before Earl's arrival. Fortunately, this was a gentle hurricane for the East Coast.

Photos by Luis F. Cifuentes