
El Vicente de “No Ficción” me recuerda mucho al que conocí en Cambridge en 1985, año que el escritor pasó en Harvard con una ilustre beca que se concede a ilustres periodistas “the Nieman Fellowship”.
Verdú nos fue entregado por nuestros queridos amigos Solita Salinas y Juan Marichal. Solita ya le había dado el recorrido por los supermercados del barrio, instruyéndolo en lo que era comestible y los productos de limpieza. Me imagino que Juan lo introdujo al sistema de bibliotecas de la zona. Esto se sigue haciendo en Boston: la comunidad hispana siempre ha acogido a los visitantes, haciéndoles mas llevadera la corta estancia – normalmente un semestre - que pasan aquí sin familia.
A mí me tocaba familiarizar al invitado con los pocos objetos de lujo de su apartamento: microondas, televisión con mando a distancia, aspiradora, funcionamiento de la ducha y como limpiar, las criadas escaseaban – y escasean - en este país. Pasamos una tarde interesante. Compramos dos cenas que sólo requerían ponerlas en el micro durante cinco minutos; me pareció el mejor y más rápido método de enseñarle a alimentarse. Sabía que no cocinaría lentejas, cocido o paella. Menos mal, yo tampoco sabía como hacerlo. Nos comimos la bandejita del micro sentados en el sofá mientras descifrábamos el control de la tele. Intentábamos localizar canales en español; recuerdo su aturdimiento ante la cantidad de canales a elegir, su frustración cuando no podía
entender el inglés, que ya creía saber. Acabamos la velada con mi marido, viendo una película que ponían en Harvard y que nunca olvidaré, por lo duro del tema y la crudeza de las escenas, “Mater Amantísima” con Victoria Abril.Nunca hablamos de: ausencias, cosmética, salud, deportes, consumismo, la moda…por supuesto los objetos electrónicos no existían para Verdú en esa época. Aprendió aquí a usar el microondas y el control a distancia. La aspiradora también, ya que dudo que en casa tuviera ocasión de usarla. Era un periodo para el escritor de descubrimiento y conciencia de una cultura ajena a la suya, con sus ventajas y defectos, muchos defectos. De ese año nace “El Planeta Americano” donde observa situaciones y comportamientos humanos que años más tarde nosotros llegaríamos a criticar, pero con lo que no estábamos de acuerdo cuando lo publicó. Visión de futuro en ese libro, visión de futuro en otros posteriores. Una vuelta al pasado en “No Ficción”, una vuelta al Vicente despreocupado y juguetón… descontento, inquieto… que yo conocí hace casi un cuarto de siglo. Una narración donde el ‘Yo’ se expone semidesnudo.
























