jueves, marzo 24, 2011

LOS BULANICOS NO LLEGAN



Son las cinco de la tarde y el sol entra por el ventanal donde trabajo. Toby y Chiqui duermen, uno pegadito al otro; Desde que la madre murió, padre e hijo decidieron hacer las paces. Uno no baja la escalera a no ser que el otro lo siga, el hijo hace pipi y el padre va detrás olfateando - ya no ve muy bien - para dejar su marca junto a la del primogénito. Cambian de plato a la hora de cenar como si de un ballet se tratara; a veces uno espera gentilmente detrás del otro hasta que el otro decide averiguar si los dos comen de la misma olla. Si uno quiere salir y me hago la tonta porque estoy ocupada, irá al otro y le hará ladrar y juntos exigirán que deje lo que esté haciendo y los saque, o les cambie el agua o, incluso, que me siente con ellos en el sofá. Estos dos machos que tanto han peleado-- hasta que hijo (el Alfa) se impuso al padre-- se acurrucan en el sofá la mayor parte del día, apoyada la cabeza de uno en el lomo del otro. Ahora mismo duermen juntos bajo este, todavía, tenue sol...Como solía hacer el hijo con la madre, ahora lo hace con el padre.

Unas pelusillas blancas revolotean en frente de los cristales. Por fin los bulanicos anuncian la primavera. Me he acercado con verdadero entusiasmo, recordando como los soplaba cuando era niña, hasta que acababan metiéndoseme en la nariz. Una vez en la ventana me doy cuenta de que no son bulanos, son copitos casi sin cuajar de nieve.


Qué largo se hace este invierno.

jueves, marzo 17, 2011

SHIH TZUS

A M O R E S DE P E R R O S

La primera Tana de la familia y mi hijo Dan en su primer cumpleaños
Inventé miles de excusas para no tener ese perro que tanto deseaban mis hijos desde pequeñitos. A los catorce años uno de ellos pasó un semestre en España, por aquello de que no olvidara su español y refrescara las costumbres maternas. Parece que lo que mejor hizo durante el semestre fue cuidar a Cher, una perra Shih Tzu a la que mimaba y bañaba los fines de semana. Cuando el chaval volvió a casa, mi familia - desde España - insistió que un perro sería la solución para convertir a 'the wild Yankee' en un cariñoso y disciplinado niño español. Aunque yo sospechaba -- vaya, estaba segura-- que los cuidados y cariños a Cher no eran otra cosa que haber echado de menos a su "mamá", nos fuimos sin pérdida de tiempo en busca de nuestro primer Shih Tzu, Toby, ahora camino de sus 17 años.

Aquel verano Toby paso más tiempo en mis brazos y en los de mi hijo Pab que en el suelo. En septiembre todos teníamos que volver al colegio. ¿Qué haría este cachorrillo tantas horas solo en casa? Se me partía el corazón. Después de un par de días de rondarme esta pregunta, solucioné el problema: le encontré una hembrita blanca y color canela a la que llamamos Tana. Felices vivieron por un tiempo, esperando diariamente nuestra vuelta a casa, hasta que le llegó a Tana su primer celo. Era penoso ver lo desquiciados que andaban los dos, y el resto de la familia también, evitando lo que parecía inevitable. Tana era muy joven para quedarse preñada. Pero ella no se daba cuenta y perseguía -- con sus ojillos como lunas llenas y su lengüita fuera-- al extenuado de Toby que, por mucho que deseara la unión, a veces se escondía debajo del sofá cuando veía venir a la pelirroja. Era demasiada la lucha que mantenía, entre el reclamo y la prohibición que nosotros le imponíamos.
Decidimos que esta situación no se podía volver a repetir. Había que castrarlos. El veterinario lo recomendaba, aludiendo incluso a los beneficios médicos del procedimiento: evitar el cáncer de mama y el de próstata. Yo
estaba a favor de hacerlo lo antes posible, pero los hombres de la casa se ablandaron arguyendo aquello de "lo cruel para Tana de no pasar por la experiencia de ser madre". Me mantenía firme; después de haber tenido yo dos partos difíciles, no creía que la experiencia fuera nada especial. En fin, que como a los cachorros no se les debe separar de la madre durante los primeros dos meses, y sabía que me tocaría todo un verano de intenso trabajo y cuidado: son en esos primeros meses cuando se les entrena a salir fuera para hacer sus necesidades, a comer y respetar los espacios de la casa etc., me resistía. Pero vencieron ellos.

Así nos encontramos Tana y yo una larga noche, mientras los hombres dormían, pariendo. Me había instruido bien sobre el asunto. Tana fue una parturienta ejemplar. No supo qué hacer con el primer cachorro: se lo limpié y se lo puse delante; ella lo lamió y se lo acurrucó. Los siguientes fueron llegando espaciados casi una hora, a todos le rompió la membrana y los limpió diligentemente. Ni un gemido. Cada vez que se acercaba la llegada de uno me miraba entre suplicante y agradecida. Esa noche se produjo un vínculo especial entres las dos que ni con su muerte ha desaparecido.

Después de dos meses con este manojo de juguetes vivientes no pude darlos todos. Nos quedamos con Chiqui y una de las hembras--la más inquieta y saltarina--se la dimos a nuestra amorosa tía Florence. Florence tuvo en su juventud uno de los primeros Shih Tzus que llegaron a América desde Inglaterra. La historia de estos perros es interesante, siendo favoritos del emperador, estuvieron a punto de desaparecer con la revolución comunista.
A sus ochenta años le ofrecí a Florence la adorable perrita. Ya había jurado ella que nunca más tendría otro perro. Cuando la vio, emocionada y llena de dudas, insistía en "cómo, a mi edad, podría cuidarla" y otros lamentos parecidos. Quedamos en que probara un par de semanas y si no podía me la traería.

Hace años de esto.

Estas últimas semanas Florence las ha pasado en una clínica de rehabilitación física, sus piernas empiezan a fallar, nada serio para - por lo demás - una joven de 95 años. Más preocupante es la salud de su querida Tara. Su corazón se debilita y el veterinario piensa que no durara mucho más. Esta noticia nos llegó mientras Florence estaba hospitalizada y nos alarmamos. Existía la posibilidad de que la perrita muriera antes de que ella fuera dada de alta. Había que prepararla y temíamos lo peor.

Nos ha sorprendido. Asomándole unas lagrimas ha dicho: "hemos tenido 15 buenos años juntas". Este sereno comentario sobre la cercana muerte de su compañera me confirma lo que sospechaba, la aceptación de su propia muerte. También en el gran apego a este animal que tanta compañía y cariño le ha dado. Cientos de veces me ha hecho prometer que si le pasara algo a ella yo me encargaría de la perra. Ahora, la posibilidad de que Tara muera antes parece ser un alivio para Florence.

Morir sabiendo que no dejas nada tras ti que te retenga debe de ser un gran regalo

Gringo, un perro sevillano (ver comentarios)

viernes, marzo 11, 2011

Tsunami en Japon / Amenaza nuclear

Mientras la mitad del mundo duerme la otra mitad padece.



domingo, marzo 06, 2011

Animal Hoarding

En alguna que otra noche de insomnio, buscando dónde abandonar mi cansado pensamiento, suelo poner la tele y acabo viendo películas románticas o (mucho más eficaces) programas desastrosos: personas que comen, gastan, se mutilan, de una forma compulsiva. A otras les da por acumular todo lo que encuentran hasta convertir la casa en un basurero...

No falla: de la consternación al dolor por el sufrimiento ajeno, el asombro y la compasión... siempre llega el alivio de que "no he caído tan bajo", hay que dar gracias; de alguna manera todavía me mantengo cuerda. Ver que en el mundo hay gente que ha llegado a extremos - sean los que sean - es para mí tranquilizador. Después de uno de estos programas, y la seguridad de que todo podría ser peor, uno duerme ¡ocho, nueve o diez horas de un tirón! Recurrir a los fármacos, cuando la televisión te ofrece soluciones, es un atraso; como poco, te lo agradecerá el hígado!
Pero la cosa no es para tomársela a broma. Hay familias que viven atrapadas por la adicción de uno de ellos, uno de los padres con frecuencia. Descubrimos diariamente cosas que si existían antes se arropaban en el círculo familiar y se moría sin mencionarlas. Los programas de "reality TV" nos presentan escenarios difíciles de creer. Pero hay algunos que parece imposible haber sido manipulados, simplemente hay que aceptarlos. En esta categoría están los "hoarders", palabra - tengo que confesar - recientemente aprendida. No acabo de aceptar este fenómeno, a no ser como enfermedad: el caso de las personas que acumulan todo lo que encuentran a su paso con la idea de que algún día lo necesitarán. Mejor entiendo a los que recogen animales... Por supuesto, esta última adicción (?) es más peligrosa que la primera.

He llegado a ver escenarios donde la casa ha sido tomada por cientos de roedores, conejos, perros, gatos... Estos últimos suelen ser los más frecuentes en "animal hoarding". Con frecuencia pienso que estás personas han crecido sin la atención, las caricias, que la mayoría de nosotros hemos recibido desde nuestra infancia hasta la adolescencia, cuando ese amor se busca en "el otro" ajeno al entorno familiar.
El programa pretende que la persona que ha sustituido a su familia (cónyuge, hijos, hermanos, etc...) por la atención y cuidado de todo un zoológico casero-- porque en los animales encuentra aquello tan esencial que nadie consiguió darle-- vuelva a su cauce y se dé cuenta que está equivocada y que el resto de la familia sufre y desea que ese esfuerzo sea invertido en ellos, que le devolverán con creces lo que los animales le dan. Aquí está la gran falacia.
Anoche encontré un caso que es el reverso de lo que siempre se presenta. No es que la persona que se rodea de animales lo haga por el puro placer de sentirse seguida, querida, necesitada. Todo lo contrario. No es que esa persona no quiera abandonar sus casi cuarenta gatos porque la sigan (que la siguen), la quieran (que la quieren), la besen y abracen (que lo hacen). No los quiere abandonar porque ella fue abandonada, privada de caricias, de sonidos amorosos, de miradas, sonrisas y palabras de aprobación... No quiere hacer con sus gatos lo que ella sufrió siendo niña.


Me refiero aquí al caso "Flower Has 37 Cats".



jueves, febrero 24, 2011

Días mágicos con mi padre.


A mi padre lo conocí bien, bastante mejor de lo que lo entendí en algunos momentos de nuestra breve convivencia.
A la muerte de mi madre dejamos de ser una familia. Empezaría la vida errante: la lista de familiares y amigos con los que crecí era, y sigue siendo, larga. A mi padre lo vi poco. Circunstancias de la vida; por eso los recuerdos que tengo de él son vívidos, intensos... Me he quedado con los mejores.
Mi padre era generoso; daba hasta lo que no tenía. Con la misma facilidad que hablaba escuchaba, y de dar consejos pasaba a hacer favores. Así sobrevivió unos años, cayendo en la ruina bajo el peso de la enfermedad de mi madre y la muerte de mi abuelo - su suegro - que era quien lo sacaba de apuros.
En la planta baja de la casa teníamos una tienda de comestibles donde me veo abriendo y cerrando estuches con especias, hilos, botones... un poco de todo. El vestido más precioso que he tenido en mi vida me lo hizo mi madre con la tela de los sacos en que venía el azúcar. El cajoncillo del dinero, debajo del centro del mostrador, siempre abierto. En la época en que se bautizaba a los chinitos para ganarnos la gloria yo debí de ganarme una buena parcela con vistas al Mediterráneo. Bauticé a docenas de ellos: cada mañana, cuando salía para la escuela, abría el cajón de la tienda y sacaba para salvar a un par de infieles de las llamas del infierno. Es imposible que mi padre no lo notara. Se haría el loco... sospecho; igual que yo me hacía la tonta cuando los domingos--recién hecha la primera comunión--me iba a misa: mi padre me decía muy serio "no, hija, yo fui a la de las siete".

La tienda, al pie del Castillo de Jaén y de camino a las barriadas en la montaña donde éste se erige, tenía una clientela bastante variopinta. Había niños en la Magdalena que llevaban amuletos para evitar el mal de ojo de los gitanos que pasaban de camino a las cuevas. La tienda de Severiano era parada obligatoria para estos. Allí los vi lloriquearle, echarle bendiciones y quién sabe si alguna que otra maldición, pero lo dudo; mi padre cedía al "fiao". En su libretita apuntaba el nombre o los motes (la del cojo, el mariquita, las gemelas) y una cifra tras otra; ni fechas, ni direcciones, ni firmas de deudores.

El último día, cuando sólo quedaba el mostrador--porque era fijo--mi padre se metió la libretita en el bolsillo de la chaqueta, me abrochó la rebeca para tapar las manchas del vestido y con entusiasmo me dijo que íbamos a "recoger dinero". Fue este uno de los días más esperanzadores de mi vida.

Calle abajo íbamos en dirección a una nueva barriada para familias pobres. Sería mediodía, el sol pegaba fuerte pero cogimos un atajo por los olivares... Recuerdo observar con preocupación que no llevábamos bolsas para el dinero. El, hablaba y hablaba; me imagino que hacíamos planes.

Llegamos al "barrio de la guita" y entramos en varios pisos (eran edificios de tres plantas). La atención se centraba en mi: "cuanto ha crecido la niña", "pobrecita, sin madre" que si los ojos, los carrillos... Finalmente salíamos con patatillas fritas, galletas Cuétara y hasta un conejo!... pero ni una gorda.

Mi padre no se desanimaba. De vuelta a casa subimos la cuesta que llevaba a las cuevas... A ver si había más suerte con los gitanos!

Después de varios tramos de escaleras en dirección al castillo llegamos a una explanada donde había un portón enorme. Alguien importante tenía que vivir allí, pensé. Abrieron el portón y apareció un pueblecito en fiestas: niños por todas partes, gallinas, cerdos, burros, grupos alrededor del fuego...guitarras. Algo se celebraba. Recibieron a mi padre con algarabía y lo sentaron a la mesa. Todo un banquete al que mi padre aportó el conejo.

A las tantas de la noche nos despidieron con la misma alegría con que nos habían recibido. Partíamos de allí, yo soñolienta y los pies molidos; mi padre--más alegre que unas pascuas--les aseguraba volver a final de mes con su libreta.

Este es el último recuerdo que tengo de él en su intento de mantener a la familia unida:mi hermano él y yo. También sería por entonces cuando abandoné mi afán de demostrarle que no necesitábamos a otra mujer en casa.

Pasaron años en que apenas lo vi, pero en nuestros encuentros siempre hubo un elemento mágico; un puñado de días especiales que han durado hasta hoy.


Days of Magic with My Father

I knew my father well, better than I understood him at certain moments of our brief life together. When my mother died we were finished as a family. The errant life was about to begin, and the list of family and friends with whom I grew up was, and still is, a long one. I saw little of my father. That’s just the way things worked out, and because of that my memories of him are vivid and intense... I chose to keep the best of them.

My father was generous; he gave to others things he didn’t even have. He was a good listener and an even better talker, and he went very quickly from giving advice to doing favors. He lived that way for a few years, losing everything under the weight of my mother’s illness and the death of my grandfather—his father in law—who had been the one to always get him out of trouble. .

On the ground floor of the house we had a food store where I see myself opening and closing the little drawers with spices, thread, buttons... a bit of everything. The most precious dress I have ever had was made by my mother with the cloth from the sacks the sugar used to come in. The money drawer, under the center of the counter, was always open. At a time when you could go to heaven by paying for the baptism of little Chinese children, I must have earned a very nice patch of paradise with a view of the Mediterranean. I baptized dozens of them. Every morning, as I left for school, I would go to the cash drawer and take enough to save a couple of infidels from the flames of hell. My father must certainly have noticed. He probably pretended he didn’t... the same as me, when, for a while, after I made my First Communion, I used to go to Mass and my father would tell me, in a serious tone, “No, no, I went already. At seven in the morning.”

The store, at the foot of the hill where the ancient Castle was, and on the way to the neighborhoods on that hill, had a colorful clientele. There were children from the neighborhood who wore amulets to ward off the evil eye of the gypsies who passed by on their way to their caves. For them, Severiano’s store was a required stopping place. I saw them whimper to him, bless him, and probably cast a curse on him too, though I doubt it, for my father didn’t think twice about giving them things on credit. In his little book he would write the name, or the nickname—The Lame Guy, The Fairy, The Twins—and one number after another. No dates, no addresses, no signatures of the people who owed him money.

The last day, when only the counter was left—because it was fastened in place— my father put the notebook in the pocket of his jacket, buttoned my sweater over the spots on my dress, and told me enthusiastically that we were going to go and “collect money.” It was one of the most hopeful days of my life.

We went down the street in the direction of a new housing development for poor families. It was probably around noon and the sun was beating down on us, but we took a shortcut through the olive groves. I remember observing, with some worry, that we hadn’t brought bags for the money. My father talked and talked. I imagine we were making plans.

We got to the neighbrhood and went into different apartment buildings (they all had three floors). All eyes were suddenly on me: “The girl has really grown,” “Poor little thing, with no mother!” and my eyes, and pretty cheeks... We finally left with potato chips, cookies, even a rabbit... but not a penny.

My father wasn’t discouraged. Back at home we climbed the hill that led to the caves. Maybe we would have better luck with the gypsies!

Climbing the endless steps to the Castle, we reached an esplanade where there was a huge door. Someone important had to live there, I thought. It opened onto a little village and a party was going on: children everywhere, hens, pigs, burros, people around a fire... guitars. They were celebrating something. They received my father with much noise and bustle and sat him down at the table. A real banquet, to which my father contributed the rabbit.

In the late hours they sent us off with the same happiness they had shown when we arrived. We went away, me very sleepy, with aching feet, and my father—tipsier than a top—assuring them he would return at the end of the month with his notebook.

This is the last memory I have of him in his efforts to keep the family together—my brother, him, and me. It was probably then when I gave up trying to prove to him that we didn’t really need another woman in the house.

Years went by and I scarcely saw him, but there was always an element of magic in our encounters, a handful of special days that have lasted into the present.

lunes, febrero 21, 2011

YO-YO MA: Presidential Medal of Freedom.

Felicitemos a un amigo del blog, Yo-Yo Ma, por un honor que tiene más que merecido. Para sus seguidores una medalla no lo hace más grande de lo que ya es; pero nos damos cuenta de que el hecho en sí es ocasión para que otros lo descubran.



La Medalla Presidencial de la Libertad (en inglés: Presidential Medal of Freedom) es una condecoración otorgada por el Presidente de los Estados Unidos, equivalente a la Medalla de Oro otorgada por el Congreso, es la concesión civil más alta en los Estados Unidos. Está diseñada para reconocer a las personas que han hecho "una contribución especialmente meritoria a la seguridad o los intereses nacionales de los Estados Unidos, la paz mundial, cultural o otras importantes iniciativas públicas o privadas." (Wikipedia)

2010: George H. W. Bush - Angela Merkel - John Lewis - John H. Adams - Maya Angelou - Warren Buffett - Jasper Johns - Gerda Weissmann Klein - Tom Little (póstumo) - Yo-Yo Ma - Sylvia Mendez - Stan Musial - Bill Russell - Jean Kennedy Smith - John J. Sweeney

miércoles, febrero 16, 2011

Baltasar Gracián: Arte del Rock


And You Will Know Us by the Trail of Dead

1992, como cualquier año y por diferentes razones, dejó huella en muchos de nosotros. En nuestra familia fue el año en que se publicó la traducción al inglés de Oráculo manual y arte de prudencia de Baltasar Gracián: The Art of Worldly Wisdom. Fue el año en que mis dos hijos nos aporreaban desde el sótano con sonidos nunca antes oídos. Fue el año en que John Bohlinger generosamente decidió transformar estas estridencias en música.
Era año de elecciones. Bill Clinton a la cabeza. Recuerdo 1992 como un año lleno de optimismo y esperanza. Creo que por primera vez me hacía ilusión vivir en EE.UU.

The Art of Worldly Wisdom aparecía en la lista de bestsellers del Washington Post, el New York Times, Los Angeles Times... Llamadas a casa pidiendo entrevistas para la prensa, los montones de libros para ser firmados por el traductor se acumulaban en su oficina: había pasado de ser un libro que todo político debía leer a uno que todo graduado de la universidad tenía que tener. Gracián se sigue leyendo, con más de 220.000 ejemplares vendidos.

Para 1995 mis hijos tenían su propio grupo de rock y un CD que se vendió entre los amigos y familiares. Consiguieron crear música y merecía la pena ser escuchada. El grupo, Corey Bruce, se disolvió cuando sus componentes se graduaron de High School y acabaron en distantes y diferentes universidades del país.

Recuerdo de esta época la afición de mis hijos y estudiantes a un grupo, And You Will Know Us By The Trail of Dead. El titulo me resultaba espeluznante. Cuando los vi por primera vez en TV me aterrorizó el final de su actuación: acabaron destruyendo las guitarras eléctricas y produciendo un increíble caos en el escenario. Los espectadores saltaban extasiados...mis hijos se reían... Cuando reaccioné, lo único que pude decir, entre disgusto y tristeza, fue: "podrían haber donado esas guitarras a niños pobres". Mis hijos intentaban explicarme lo simbólico del, para mí, acto bárbaro... Todavía estábamos pagando a plazos los instrumentos con que tocaban ellos. Pero de la vida, aunque no larga, se aprende. Hace unos días recibí este e-mail de uno de mis hijos.

Fri, 4 Feb 2011 22:48
Hey guys, just heard one of my favorite band , And You Will Know Us By The Trail of Dead , say their new album was influenced in part by The Art of Worldly Wisdom! It was on NPR's Sound check just now.
They start talking about the books that influenced them around the 13:45
mark..





Efectivamente, el último álbum de este grupo (Alternative rock, art rock...) está inspirado, en parte, en Baltasar Gracián! Si me hubieran dicho esto la primera -- y última-- vez que los vi actuar me habría reído a carcajadas...y sigo sin creérmelo. Pero ahí está; los misterios de la vida: un círculo se cierra.


sábado, febrero 12, 2011

SAN VALENTIN


Quisiera vivir con tres bellas hijas y un futuro "in law". La cocina habitada por un compañero que te hace reír con su ingeniosas imitaciones. La casa llevada por las manos de espíritus femeninos libres-- y por eso interesantes y complicados-- donde las fechas cuentan: los cumpleaños, la Navidad, Hanukah, los aniversarios. Se cuida de los enfermos y se festeja su recuperación. Se acoge a los necesitados y se les enseña a vivir en una cultura ajena. No sólo se escucha al desdichado sin juzgarlo, se le entiende y se le habla...

La casa cambia con las estaciones: se engalana en invierno, es más liviana en primavera y los veranos espera que vuelvan sus habitantes con la arena del mar en la suela de los zapatos y la cálida luz del sol en su piel. En otoño el año escolar... el tercer piso se brinda al peregrino.
En esta casa se lee, se escribe, no falta la música, ni gatos ni perros, ni vecinos...La frecuentan adolecentes, jóvenes en camino de ser adultos y adultos que quisieran ser jóvenes.
La frecuentan ancianos que esperan su fin sin temor o remordimiento.

Esta casa es mía siempre que esté dispuesta a recorrer el trayecto desde Boston a Pittsburgh. Allí, durante un par de días, encuentro todo esto y más.

Holly y Paul, que mantienen este albergue, y a los que no llamo cuñados, sería injusto, han sido para mí un regalo inesperado en mi vida. A ellos les devuelvo esta elocuente foto que me han mandado, y con ella mis más sinceras felicitaciones en este día.

¡Que la casa siga creciendo!

martes, febrero 08, 2011

jueves, febrero 03, 2011

Graciela Reyes: LA MUJER LINDA


Es todo lo que puedo decir de ella: que era linda. Cuando la vi, estaba diez pisos más abajo, cruzando la avenida La Salle. Eran las cinco y pico de la tarde, y yo había interrumpido lo que estaba escribiendo y me había preparado un café fuerte, con un copete de crema, que tomaba de pie al lado de la ventana, mirando el parque nevado. Los autobuses volvían del centro repletos, y descargaban pasajeros que cruzaban el parque como hormigas negras en la nieve fresca. Suelo sentir una mezquina satisfacción cuando estoy seca y caliente en mi casa y veo a otros luchar contra la nieve y el viento. Nevaba tupido desde hacía horas. Mientras escribía, había oído a los camiones de la municipalidad, que pasaban a intervalos cortos, arrastrando nieve con su pala levantada. La nieve arrastrada forma murallas, cada vez más pétreas, contra los cordones de las veredas. Al cruzar la calle hay que calcular por dónde va a entrar uno en la acera de enfrente, y trepar por donde lo hayan hecho otros antes. Era el fin del invierno y había luz natural a las cinco y pico, pero todavía hacía mucho frío. Vi a la mujer salir del parque y seguir a otros que habían elegido el mejor lugar para cruzar la avenida. Creo que la distinguí porque era alta y pese a la nieve caminaba con elegancia. Tenía un abrigo muy largo de color marrón claro, con su capucha levantada. El tráfico era lento, como siempre en los días de tormenta. Debajo de la nieve, e incluso en el pavimento que parece limpio, hay hielo, y todos lo sabemos.

El coche que iba a matarla venía por la calle lateral y quiso doblar a la derecha, en La Salle. La mujer había cruzado parte de la avenida y estaba parada en un descanso, una breve plataforma cuya misión en realidad es impedir que crucen por ahí los autos, pero que a veces usan los peatones. Allí estaba, esperando, y yo mirándola. El viento feroz de mi esquina le arrancó la capucha, y se le soltó por el aire una melena oscura muy bonita. Ella giraba en el viento para ponerse la capucha otra vez. No le vi bien la cara, pero me pareció una mujer linda. También me pareció que se reía. Se movía con gracia. No llegó a ponerse la capucha. El coche que venía por la lateral quiso doblar y no pudo, resbaló en el hielo, siguió de frente, la arrolló.

Del coche bajó una mujer, y corrieron hacia allí unas cuantas personas. Yo seguía con la taza entre las manos, en la ventana. Hubo un silencio extraño, como si no hubiera pasado nada, y lo único disonante era el coche cruzado en la calle y la gente que lo rodeaba. Se habían quedado inmóviles. Enseguida oí las sirenas de la policía y de las ambulancias, y ya no miré más. La mujer linda daba vueltas en el viento con mucha gracia. No parecía tener frío. Se la veía contenta, quizá deseando llegar a su casa para contarle algo bueno a alguien.

Sentada en un sillón, escuchando las sirenas, sentí que me había hecho amiga de esa desconocida que ahora se estaba muriendo bajo mi ventana. Había compartido con ella, mirándola sin que me viera, los segundos últimos de su vida, la había observado con simpatía y hasta con un poco de envidia, la había adivinado y apreciado, había imaginado por qué estaba contenta, ahí en medio de la calle, bajo la nieve.

Desde aquel día, mi memoria guarda con cariño a la mujer linda. A veces, al cruzar la avenida en dirección a mi casa, me detengo en el mismo lugar en que estaba ella cuando la mataron y levanto los ojos hacia mi ventana, como si ella me estuviera mirando, con una taza de café en la mano.

OTROS DE SUS CUENTOS EN EL BLOG:

La cólera de Shubert
Noches con Schubert

La traición del electricista
Luna de Miel
El insomnio
Taquicardia
Las Grandes ciudades

Cuentos de la funeraria
Graciela y el amor
Las galletitas chinas

martes, febrero 01, 2011

HISTORIA EN BLANCO Y NEGRO

Como no hay cosa en la vida que más me fastidie que leer las instrucciones con que vienen acompañados los nuevos entes electrónicos, estas fotos me has salido en blanco y negro. Me encanta pensar que la máquina se rebeló y decidió que 'de colores' nada. También podríamos pensar que fue el azar...Ay! qué pillo el azar.
A mitad de nevada, y después de haber despejado escaleras y senderillos les ofrezco este panorama.
En blanco y negro

Lo que era mi calle

Mister Tasos: el Angel de las Nieves

La acera recien limpiada


Los abedules se quejan!


La puerta de servicio: Gracias sean dadas; el servicio esta de vacacines.




El Mercedes en la cochera: Gracias sean dadas, sólo existe en la imaginación


No, los perrillos no se van a escapar...


Mi sofá... y el de todo el que me quiera como estos dos!
























GLOBAL WARMING?

Republicans think that global warming is a Hoax
BOSTON: and more coming down!

sábado, enero 29, 2011

AFUERAS DEL AZAR: Jaime Salinas y Luis Goitisolo

Sabíamos que Jaime Salinas se nos iba desde hace tiempo. Sus amigos de siempre, los de la infancia -- en Cambridge, Teresa Guillén-- compartían su preocupación y tristeza. Cuando Teresa me llamó hace unos días me hacía ver cómo dos generaciones errantes han muerto - siguen muriendo- y enterrados cada uno por su lado. Este ha sido el destino de la familia Salinas: Pedro Salinas en Boston, Margarita Bonmatí, su mujer, en España. Los dos hijos del matrimonio: Solita en Cuernavaca, México y - ahora - su hermano Jaime en Grindavik, un pueblo de pescadores de Islandia.

La vida de Jaime Salinas, y no su muerte, se ha comentado en la prensa española. Es su tarea como editor, su amor al libro, por lo que Jaime Salinas es más recordado estos días.

"Se fue Jaime Salinas. Los que quieran saber de él, al menos del español cosmopolita que vivió por el mundo y que llegó un día a una editorial de Barcelona, que acudan a sus memorias, Travesías". (Javier Rioyo)

"La marcha de un editor clásico". Así titula Carlos Marichal Salinas la semblanza que hace de su tío Jaime. A él se unen otras voces conocidas que realzan sin excepción la labor del editor-amigo en el mundo del libro en la España de la segunda mitad de siglo XX.
Dice Guelbenzu: "Jaime era, en realidad, un editor bostoniano que contribuyó decisivamente a quitar el pelo de la dehesa a lectores y editores españoles. "
Javier Marías: "su principal objetivo era sacar a España de sus seculares provincianismo y atraso; elevar el nivel general, en la confianza de que la gente desea eso en el fondo..."

Como ejemplo de ese trabajo editorial, en sus días de Seix Barral, ofrecemos esta nota de Christopher Maurer.

AFUERAS DEL AZAR

Es a Pedro Salinas a quien debemos la idea del “seguro azar”: la sensación de que la vida es un rico entramado de lo casual y lo destinado; de que las coincidencias y contingencias nos llevan con seguridad a alguna parte.

Parece el azar. Flotante
en brisas, olas, caprichos,
¡qué disimulado va,
tan seguro, a la deriva ... !

Te había dicho, Estrella, que mis escritores predilectos – y los novelistas mucho más que los poetas --saben crear esa sensación del seguro azar, de coincidencia “necesaria”: saben decirnos “lo que tenía que pasar”, aunque fuera por casualidad, just at the right moment, en el momento justo.

Hace poco, en un momento en que intentabas conocer mejor la vida y obra de Luis Goytisolo, pediste tú a una librería que habías encontrado en la Red un ejemplar de su primera novela, Las afueras (Seix Barral, 1958.) El ejemplar llegó de New Jersey, de las afueras de Nueva York, y al abrir el paquete vimos que era una primera edición, con una firma a lápiz:

J. Laughlin
New Directions
333 Sixth Avenue
NYC

Se trataba de James Laughlin, figura legendaria que había fundado una de las mejores editoras de la literatura modernista: amigo de Ezra Pound, de William Carlos Williams, de Nabokov, de Thomas Merton, de los Beat Poets, y uno de los principales editores de la literatura “extranjera” en los Estados Unidos de los 60 y 70.

“I’m not really much of a linguist”, confesaba Laughlin en una carta. No creo que supiera leer el español. ¿Cómo había llegado a sus manos ese ejemplar y, de los cientos de libros que le llegarían todos los meses, por qué había firmado el ejemplar de Las afueras? Era como si tomara posesión de él.

Te dije, Estrella, que buscaría una explicación y que miraría los papeles de Laughlin y de New Directions, guardados en Houghton Library, de Harvard, que está a unos minutos de donde vivimos. Ahí estuve en octubre con Luis y con Elvira Huelbes; y les expliqué que en Houghton estaban los papeles de Pedro Salinas. La semana pasada encontré un rato para acercarme de nuevo. Dejé en consigna el abrigo y los papeles, pedí las carpetas apropiadas e intenté transportarme en la imaginación a la New Directions y Seix Barral, de1958. ¿Qué sabría James Laughlin en aquel entonces de Luis Goytisolo o de la novelística española?


Resulta que el que aconsejaba a Laughlin y a su “managing editor” Bob MacGregor, era el joven Jaime Salinas, que había ayudado a New Directions a publicar los Selected Poems de Lorca en 1955 y a quien Laughlin había conocido en Barcelona en 1958. Recién vuelto a España, estaba Salinas en los comienzos de una carrera editorial larga y brillante. Recordé las frases finales del primer tomo de sus memorias, Travesías. Había llegado a Provenza, 219... “...el taxi nos dejaba ante un sólido edificio de cemento gris con un gran rótulo que decía: INDUSTRIAS GRAFICAS SEIX BARRAL HNOS". Dentro, “el olor, casi familiar de la tinta”.

En diciembre de 1958 Jaime Salinas había enviado a New Directions dos ejemplares de Las afueras, con la idea de interesar a Laughlin en su publicación en inglés. Se habían perdido en el maremágnum de papeles de 333 Sixth Avenue, y ahora – en enero de 1959-- enviaba por correo áereo otros dos, con la noticia de que ya habían firmado contratos con Editions du Seuil (Paris) y con Jakob Hegner Verlag (Köln). Le parecía lógico que publicara Laughlin el libro, en vez de Knopf o Harcourt Brace: “Our collection – Biblioteca Breve—follows closely within the limits that censorship, etc. impose on it—the tone of your publications”. En cuanto a Luis Goytisolo Gay, y en cuanto a la novelística española...


Carta de Jaime Salinas a Robert MacGregor ( 2/19/1959).

It is difficult to talk about the merits of an unknown writer in this country (this is his first novel) in terms that will make any kind of sense to an outsider. What might be “new literature” here could easily be passé in America or terms such as “objective narrative” a la Robbe-Grillet meaningless to a reader there. [...] I shall simply tell you the impression the book has made on me, as a kind of expatriate both from America and Spain. First and foremost, what struck [me] was the fact that there was a Spanish novel free from the regionalism or localism which so often makes our literature unacceptable abroad. Secondly, and still more important, the book is well written. I do not know if you have had much experience with our novelists, but they have a marked tendency to let their ideas take off, like runaway horses, reducing in their way style, character and situation to paper backdrops or papier maché dolls. Although Luis Goytisolo-Gay confesses to be strongly influenced by Dos Passos (I don’t see it), I find him more in the line of Sherwood Anderson, Katherine Anne Porter, Carson McCuller, or Truman Capote. His style is poetic and sensitive. He has taken a series of characters, fitted them into equivalent sociological conditions and, in a sense, formed the sociological situation into the protagonist of the novel. I do not mean by this that he has created a “social novel” a la russe, but rather that, through the seemingly independent chapters of the book runs, spiral-like, cutting its pages at different points from its center, the core, the theme and intention of the narrative. Critics here, and the reviews, have all been excellent, have termed it a “spiral technique”. One of them with a sense of humor has called it “the corkscrew technique.” Maurice Coindreau at Princeton wrote us enthusiastically about the book and wanted it for Gallimard. Juan Marichal at Harvard can give you an objective appraisal. And of course John Rust of Sweetbriar College can give you his opinion. Please let me know what your Spanish reader thinks of it as soon as possible...

Pero ese informe no llegó nunca, o no se conserva. En otras cartas, anteriores y posteriores, se habla con entusiasmo de una colaboración más estrecha entre New Directions y Seix Barral, hubo fervoroso intercambio de catálogos y libros, pero, con la excepción de García Lorca, la editorial neoyorquina no publicó a ningún poeta español y publicó a poquísimos novelistas españoles. En los años 60 y 70, fueron rechazadas traducciones de la obra de Sender y Matute, Unamuno, Machado, Miguel Hernández... Lo que Laughlin decía de la poesía lo podría haber dicho también de la novela: era difícil “vender” a los poetas europeos si no eran “extremely well known and famous... This is regrettable, but it is a sad fact.”

En una nota en Cuarto Poder, alude Luis Goytisolo a la carta, inteligente y apasionada, de Jaime Salinas. Te la envío ahora, Estrella, como la envié a Luis y a Elvira, como recuerdo de un maestro de editores y como muestra del seguro azar.

ENLACES DE INTERES

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Bergsson/_Gudbergur/Barral/Ferrater/compania/eran/ninos/bien/franquismo/elpepicul/20040117elpepicul_3/Tes?print=1

http://chiquitin52.blogspot.com/2007/11/recordando-solita-el-sofa.html

viernes, enero 28, 2011

Marqués de Riscal, 2002

Echaremos la culpa a la encerrona de las nevadas, la afonía, el cansancio de una semana de antibióticos...No hay nada que contar. Ya está bien lo de recurrir al pasado mientras que el presente corre sin dejar huella. Podría decir muchas cosas, pero no contarlas:

- Podría decir que ayer cambié la pila al detector de humo del tercer piso. No aguantaba su insistente aviso.

- Que los perros duermen en el sofá todo el día y hay que hacer un esfuerzo para no unirse a su sueño.

- La gata me mira sin parpadear: Sé lo que quiere. Cuando la ignoro, se acerca y con sumo cuidado me acaricia el pelo, la mejilla, la mano en el teclado: hago un esfuerzo...

- Que el CD de Gould que me acaban de regalar me irrita. Descubro que no son sus "variaciones" las que me fascinan sino él. Hay que verlo al piano sintiendo, viviendo la música...y así absorberlo hasta confundirse y no saber qué o quién origina el principio y el fin de ese sentir.

- Que la voz de Leonard Cohen que quiero oír es la de hoy, y no la de hace 30 años que no me dice nada. Pero sólo tengo los Cds de los 70... me resbalan.

- Una amiga, 30 años mayor que yo, me intentaba consolar ayer diciendo que "no debemos mirarnos al espejo después de cierta edad"...El que se compare conmigo la hace más joven! Dónde quedo yo?
En fin, que no debería contestar el teléfono, ni escribir aquí. Tendría que esperar a que las nieves se derritieran, fuera y dentro.
Seguro que después de estas 'perlas' muchos de ustedes me diagnosticarán con "depresión". Yo más bien lo llamaría "aburrimiento". Antes de escribir esto me fui a la 'bodega' donde sólo quedaba --en reserva para una ocasión especial-- una botella de Marqués de Riscal del 2002. Como acabé ayer con mi tratamiento de antibióticos-- con buen resultado-- me animé a abrirla; por aquello de la inspiración y el gusto de un buen Rioja. Pues bien: el corcho se iba haciendo papillas según lo abría... Sería mi inexperiencia en este noble oficio? Finalmente no me quedó más remedio que empujar el culo dentro del sagrado líquido.

En una ocasión vi a un experto en semejante situación: procedí a vaciar la botella--con un colador de por medio-- en una jarra para eliminar las partículas de corcho. Una vez finalizada la proeza me serví en una de mis favoritas copas.
Lo escrito ya les habrá dado una idea: el Marqués de Riscal, en el 2002, estaba vilmente avinagrado; al menos el de mi bodega.

Así que habrá que añadir a este ilustre señor a todas las excusas que les di al principio: no sólo por mi falta de inspiración, también por el cabreo con que he escrito.

miércoles, enero 26, 2011

CUANDO EMPRENDAS TU VIAJE...

Espero no acabar como el ladrón de bicicletas, este es el segundo hurtillo que hago en una semana, y del mismo sitio. Mejor llamarlo "inspiración", al menos a éste último.


En mi recorrido diario por los pocos blogs que visito, he tenido la suerte de encontrarme esta mañana con la Itaca de Cavafis. Poema de paz y esperanza, aunque hoy me ha hecho sentir una pizca de tristeza...


Es inevitable que nuestra Itaca, "las Itacas", como dice el poeta, nos reclame. Hace tiempo que dejé la mía y va siendo hora de emprender el viaje de vuelta. Y Hacerlo a la manera que nos brinda el poeta.



Enrique Pupo-Walker


ITACA

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.


C. P. Cavafis. Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid 1999.
Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña


Comentado por: jm el 26/1/2011 a las 10:42
En el blog de Félix de Azua

lunes, enero 24, 2011

Otra vez, otro más

Otra vez salen a la luz dos novelas de Félix de Azua, Historia de un idiota contada por él mismo y Diario de un hombre humillado. Otro libro más del autor publicado por Anagrama con nuevo título: Idiotas y humillados
Como esta servidora sigue con atasco mental, producido por las sinusitis, les voy a dejar con una entrevista interesante y amena a Don Félix. Compren el libro: dos por el precio de uno; una ganga!

Página 2 - Entrevista a Félix de Azúa